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Los alienígenas nos invaden
por Fernando Pintos
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Un sábado me había quedado en casa, afectado por una de esas gripes que meten miedo (pero también toses, ronquera, fiebre, moquillo y lagrimeo)… Ya fuera por la temperatura astronómica, alguna clase de delirio incipiente o tal vez un inesperado desperfecto en el control remoto, tuve el raro privilegio de ver por TNT una cinta titulada «Invasores invisibles» («Mole People»), historia de ciencia-ficción clase D que se rodó en 1956 y fue protagonizada por el estólido John Agar. La trama, en cierta medida delirante (unos seres invisibles que se apoderan de los muertos para invadir el planeta), el tratamiento (a saber si más acartonado que ridículo o viceversa), y los indeseables efectos de la enfermedad, hicieron que una vez concluido aquel vetusto filme, me planteara la siguiente pregunta: ¿y qué pasaría, en Uruguay, si se nos viniera encima una patota espacial como aquélla, o cualquier otra por el estilo? ¿Qué hubiera sucedido si, en vez de atacar directamente a Estados Unidos, los alienígenas de «Independence Day» hubieran tomado como blanco principal a la República Oriental del Uruguay? (¿Acaso alguien podrá creer, seriamente, que la idiotez y la locura son patrimonio exclusivo de la Tierra y de quienes en ella habitamos?)… Bueno, veamos en qué derivaron mis febricitantes elucubraciones.
¡Llegaron los extraterrestres! Pero nadie parece darse por enterado. Entre la segunda vuelta de las elecciones, para ver si se elige como presidente de la República a un alcoholizado alegre o a un criminal reciclado, y esos dos partidos del Repechaje que la Selección tendrá que disputar con su similar de Costa Rica, a los uruguayos no les queda mucho tiempo para comentar minucias… En consecuencia, los alienígenas sufren excesivas demoras en Migración. Cuando por fin logran salir del aeropuerto y pretenden dirigirse al Palacio Legislativo o la Casa de Gobierno, son desvalijados por taxistas inescrupulosos, que los llevan en un paseo cuasi interminable por los más apartados rincones del departamento de Canelones. Después, ¡y para colmo!, la Policía los pone presos por indocumentados. Los meten en una celda, con un montón de planchas que no sólo los desvalijan, sino que hasta los someten a toda clase de abusos contrarios a la moral y las buenas costumbres (¡Ejem!)… Tras emerger del encierro, en un estado muy similar al de unos pollos que hubieran sido empapados por una tormenta tropical (algún que otro transeúnte, apiadándose de ellos, ha pretendido darles limosna y uno, incluso, hasta los invitó a visitar «¡Pare de sufrir!»), se dirigen con andares trémulos y pulso tembleque a poner anuncios en el «Gallito Luis», exigiendo la rendición incondicional en 24 horas o un día, lo que el Gobierno elija primero. Pero nadie se entera, hasta que cambian al programa del Gordo Tinelli… Al otro día, la prensa comenta con desplegados de primera plana. Un diario habla de «pajarones con cabeza de mochuelo». Otro, los describe como «latas de corned beef con antenas». Un tercero se refiere a «mulitas electrónicas con una extraña sonrisa intermitente». En realidad, son como calculadoras de bolsillo, con unos ojos anormalmente saltones y un extraño sentido del humor. ¡Y es en aquel preciso momento, cuando los uruguayos caen en cuenta de que, para combatir esa amenaza del espacio exterior, se necesitan científicos! Pero es en vano. Porque los científicos que todavía no han emigrado, ya se murieron, sea por hambre o por aburrimiento. En vista de eso, los uruguayos se dan cuenta de que deberán hacer frente al peligro extraterrestre recurriendo a su cada día más preclara clase política…
(Ahora, el narrador circunstancial es un locutor con nariz de tomate y voz aguardentosa. El tipo escupe al pronunciar las erres y se viste con la peor ropa de liquidación de «Harrington»): «…¡Y esos alienígenas verán la clase de políticos que tenemos en Uruguay! (¡Hic!)»…
¡Confusión generalizada! La Asociación Uruguaya de Fútbol emite un comunicado, apoyando la gestión de Washington Tabárez… En el Legislativo no hay quórum para declarar la guerra, porque tanto diputados como senadores están ocupados en la segunda vuelta de las elecciones. El Presidente de la República tose, educadamente, y después se pierde en un discurso donde divaga sobre las «maravillosas» obras inauguradas durante su gobierno. El Vicepresidente hace bromas pesadas, a costa de los candidatos del Partido Nacional. El Pepe Mujica, tratando de llevar agua para su molino, declara que ya tiene un acuerdo para formar gobierno de coalición con los extraterrestres. Jorge Batlle, ¡redivivo!, irrumpe en un programa de radio, declarando que todos los alienígenas son una partida de ladrones y mafiosos. La consorte del Pepe les ofrece imprimir toda la publicidad gráfica de la invasión (cien carteles, mil quinientos panfletos y un ultimátum con copia al carbónico) por apenas cien millones de dólares… ¡Y les manda un telegrama colacionado con la oferta! Paco Casal les promete incluirlos en su próximo envío de «promesas del fútbol uruguayo» a Europa. Los locutores de Tenfield, por su parte, amenazan con una huelga de hambre (para desgracia de todos, el silencio no está incluido). El Cuqui Lacalle, a su vez, los invita a salir de copas (pretende que lo apoyen en la segunda vuelta). Entretanto, el frío amaina… Las lluvias se retiran… Los árboles comienzan a reverdecer… Los invasores, sumidos en una espantosa confusión, se retiran en desordenado tropel. Cada vez que alguien les mencione la República Oriental del Uruguay, se verán de inmediato afectados por unas espantosas cefaleas.
© Fernando Pintos para Informe Uruguay
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