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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 394 - Uruguay, 11 de junio del 2010 |
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Cualquier ciudadano del mundo democrático al que se le otorgue o encomiende una tarea de gobierno al frente de una estructura importante que tenga relación directa con la vida cotidiana de su pueblo, y cuyas decisiones incidan directamente en su calidad de vida, entre otras cosas, debería estar primero agradecido, ansioso por cumplir sus cometidos correctamente, y preocupado por analizar los errores de su antecesor que hubieren causado perjuicios, o incumplimientos, entre los ciudadanos que están bajo la incidencia de su gestión.
La electa intendenta de Montevideo, Ana Olivera, que obviamente aún no comenzó su mandato, parece estar entre la espada y la pared, sin perjuicio de que seguramente esté además agradecida. Fundamentalmente al MPP, que catapultó su candidatura, sacada “de la galera”, y también agradecida a sus compañeros comunistas, de apoyo constante. Quizá no a los socialistas, que de pronto ni siquiera la votaron… Entre la espada y la pared pues el asunto de la provisión de cargos, como claramente se vislumbraba, pasa por las consabidas pulseadas. En este caso, entre emepepistas y comunistas, por obtener puestos de importancia en la comuna. Los primeros por ser la fuerza mayoritaria –35% en Montevideo– y los segundos por razones obvias. Como la gente del interior, en los feudos de las ex intendencias frenteamplistas se mostró mucho más decidida, analítica y posteriormente operativa a la hora de ver el fracaso, y por ende volver a cambiar –cosa que muchos obsecuentes montevideanos no posibilitaron aquí– los nervios se han instalado en filas frenteamplistas, como todos pudimos observar, ante la posibilidad de un fracaso electoral nacional en la próxima instancia, propiciado por una mala gestión, de haberla, de la intendencia capitalina. Y es en ese punto, o en esa manifestación de temor, donde se desnuda la patética conducta y criterios de quienes estuvieron al frente de la comuna por veinte años. Porque el desencanto no les pasa por haber fallado en sus promesas, y por lo tanto en la concreción de metas y logros.
El desencanto no les pasa por haber fallado o incumplido en todos los aspectos que la transparencia y el “no meter la mano en la lata” –perdón Bengoa– suponen, lo que nos sometió a perder dinero por millones, y ver entre rejas a algunos –a otros todavía no– jerarcas de la administración. Tampoco, por supuesto, surge el desencanto porque seguimos esquivando basura, esquivando baches, o metiéndonos en ellos por la falta de luz. A pesar de pagar las contribuciones inmobiliarias y patentes más altas del El desencanto y la aparente autocrítica aparecen porque puede haber un fracaso electoral!!!!. Hace rato que el montevideano ha sido olvidado, y de eso nadie puede tener dudas. Pero sería sano, por respeto a nuestras inteligencias, que estas pujas “por carguitos” las tuvieran en su sede. Del MPP o del Partido Comunista, o del Partido Socialista, para quizá reconciliarse. Pero no, por favor, delante de nuestros asombrados ojos, enterradas esperanzas y esquilmados bolsillos… MPP, Partido Comunista, Partido Socialista, Asamblea Uruguay y Vertiente Artiguista se han propuesto ahora diseñar una nueva estructura, para la cual han hecho propuestas, con intrincados organigramas que las acompañan. Desaparecerá, parece, el Departamento de Descentralización y 18 juntas locales. Entonces, los Centros Comunales Zonales se transformarán en brazos ejecutores de los flamantes alcaldes. Y como el MPP dice que “vamos a tratar de impulsar, desarrollar y jugar un rol protagónico en esta gestión”, según palabras del diputado del MPP Gonzalo de Toro, seguramente podamos estar tranquilos, porque el hombre, que ya estuvo en la intendencia en la gestión anterior, ‘por algo lo dirá…Quizá resolvieron empezar a trabajar en serio…
Claro que el intendente anterior, de notaria mala gestión –reconocido este tópico por su propia fuerza política– fue el Lic. Ricardo Ehrlich, que por supuesto es del MPP. Difícil de entender. Como es difícil de entender que dirigentes del mayoritario sector opinen que su “pollo” no hizo una buena gestión por culpa de Arana, que por firmar cualquier cosa, lo metió –o mejor dicho NOS metió– en una deuda millonaria con los trabajadores, nucleados en ADEOM. Y es difícil de entender, pues es imposible olvidar las aseveraciones, irrespetuosas obviamente hacia todos nosotros, cuando en relación al pago de esa deuda demencial, manifestó Ehrlich en todos los medios, en su oportunidad, que no se generarían costos para los montevideanos, ni se verían alterados los planes de obras. Cosa que, evocando a nuestro presidente “ni Mandrake” podría hacer. Por todo esto, y por cientos de carillas que se podrían decir de los fracasos y ocultamientos en los últimos veinte años de gestión frenteamplista en Montevideo, es que – con pena, con descreimiento, y con bronca por el poco respeto que se siente como montevideano y como vecino– tenemos que intuir que lo del título, razonamiento del ya mencionado fundador del emepepismo, es, lamentablemente, inevitable. Compartir este artículo en Facebook © Consuelo Pérez para Informe Uruguay
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