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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 386 - Uruguay, 16 de abril del 2010 |
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El periodista uruguayo Bernardo Pilatti, radicado en Miami desde 1999, acaba de publicar su primer libro, “escrito a pedazos, a empujones y con el alma en el amanecer de otro sueño” como lo señala en la contratapa de la publicación.
En la década anterior había desarrollado una intensa actividad periodística en esta ciudad, actuando en radio, televisión y periodismo escrito. En abril de aquel año llega a los Estados Unidos debutando en Diario de las Américas en una columna sobre fútbol, continuando en Zona Norte, SportsYa, GolTV y finalmente en ESPNDEPORTERS RADIO que cubre todos los Estados Unidos y cuya audiencia es fundamentalmente la comunidad hispana. Por haber estado en el momento de su partida “empujando las valijas” y apoyando su decisión personal, podemos atestiguar su permanente deseo de superación y las dificultades que debió enfrentar para ir pagando durante una década el derecho de piso, que tanto duele en el extranjero.
Hace algunos meses volvió al “paisito” para visitar amigos y familiares durante “un viaje que no existe” pero que sirve para da el puntapié inicial a una vocación literaria que en realidad está comenzando. Lo señala en su auto- presentación “como periodista ha logrado mucho sin estar preparado, como escritor se ha preparado pero aún no ha logrado nada. Antes, además del barrio donde transcurre esta historia, vivió en otros lugares. En Treinta y Tres, donde aprendió a escribir en una vieja Rémington. En Río Branco, donde gravaba noticieros en un baño y Chuy, donde vendía noticias policiales. Fundó dos veces un mismo diario. También trabajó en TV, en radio y en Internet. Fue dueño de un salón de baile, organizó carreras de caballos, rifas populares donde no había premios, subasto muebles usados, organizó giras de artistas infantiles, fundó una cooperativa de viviendas y diseñó el escudo oficial de un pequeño municipio. Fue futbolista fracasado, fiscal de tránsito, inspector de higiene, vocero comunal, docente, zapatero y obrero metalúrgico. Quiso plantar arroz, quiso ser granjero, quiso ser apicultor, pero solo quiso. Al final quiso ser un tipo feliz y lo ha logrado”. AL FINAL DEL LABERINTO está compuesto por una inteligente recopilación de textos representativos que resumen el fermento del submundo periodístico que asoma durante los relatos.
Es fácil adivinar que el autor comienza a incursionar en un camino nuevo que no sabe todavía a donde lo conduce. Entre él prologo y el epílogo 186 páginas cargadas de vivencias y nostalgias de quienes “van corriendo tras la quimera de un eterno viaje hacia el futuro incierto. Dejan atrás sus familias, sus terruños, su pasado y conviven con el destierro de su memoria. Huyen de todo. Del hambre, de la violencia, del desempleo, del frío, pero no consiguen huir de sus recuerdos. No logran cortar el hilo que los une a su infancia, a sus primeros pasos, a sus amigos. Las nuevas tierras los adoptan o los expulsan hacia otras tierras. En cada territorio tejen historias tristes, alegres o trágicas. Historias que nunca terminan, ni siquiera con la muerte, porque generación tras generación, van trasmitiendo su condición a la conciencia nómada que vaga sin despegarse de su primer pedazo de terruño. Ellos viajan con su mundo a cuesta. Pueden llevar sus hijos, sus amigos, sus padres, sus hermanos, pero nunca su pasado, jamás su memoria, que los despide y los espera en el mismo puerto que los vio partir”. 214 millones de emigrantes, 214 millones de recuerdos que permanecen huérfanos, generando historias y anécdotas que Pilatti ha volcado en forma ágil y amena en su LABERINTO. © Julio Dornel para Informe Uruguay Compartir este artículo en Facebook
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