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No preguntes lo que tu país te puede dar, sino lo que tú puedes darle a él.
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Año V Nro. 386 - Uruguay, 16 de abril del 2010 |
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Argentina es la prioridad de política exterior. Brasil es modelo político y motor para el desarrollo. Venezuela es necesario para los asuntos energéticos y para hacer equilibrio en Sudamérica, para que Brasil no sienta que domina todo con comodidad. Bolivia tiene gas y le falta salida al mar por lo que hay que ayudarlo en su problema y conseguir gas natural barato. América Latina es el barrio de vecinos con los que hay que tener relación intensa y permanente. China y la India deben generar inversiones productivas fuera de sus países y hay que ofrecerles puertas de entrada a Latinoamérica. Con todos los países que se pueda hay que tener relaciones comerciales: es mejor venderle poco a muchos, que mucho a pocos. Así, con esos criterios para cada país, el nuevo presidente del Uruguay, José Mujica, redefine la política exterior de este chico país, que ocupa sólo 176.215 kilómetros cuadrados y tiene una población de apenas 3,4 millones. En los últimos días, el veterano dirigente de la izquierda uruguaya hizo lo que más le gusta: conversar de política, negociar, ceder y conseguir beneficios para el país, y todo eso, en el mano a mano, frente a frente. De la Torre Ejecutiva, nueva sede de gobierno uruguayo, Mujica se fue al Palacio de Itamaraty para hablar con Lula Da Silva (28 al 30 de marzo), voló a la Residencia de Olivos en Buenos Aires para conversar con Cristina Fernández (5 de abril) y se fue al Palacio de Miraflores viajó a Caracas para conversar con Hugo Chávez (del 6 al 8 de abril).
En apariencia, hay un alineamiento político regional, pero la lectura apresurada puede dejar una imagen no ajustada a lo que se viene en este nuevo gobierno oriental. En diciembre de 2008, durante una extensa charla en su chacra de las afueras de Montevideo, le pregunté a Mujica como visualizaba la política exterior en un posible gobierno suyo. Faltaba un año para las elecciones, no estaba claro aún si lograría imponer su nombre como candidato de la coalición de izquierda Frente Amplio, pero él ya se sentía presidente. Se tenía mucha confianza. “Lo primero es Argentina; lo segundo, Brasil; y a Venezuela lo precisamos para que compense las asimetrías” que hay en el Mercosur, dijo seguro.No lo planteó como decisión fundamentada en afinidades ideológicas, sino por conveniencia de tipo comercial, como eje de una estrategia geopolítica. Pero se notaba también un peso de color político-partidario en la prioridad de relaciones exteriores. Ahora, a poco más de un mes de haber asumido la Presidencia, Mujica va y viene en esas conversaciones de mesa chica. Está convencido de que puede lograr mucho en el trato personal y que Uruguay se puede beneficiar de eso. “Hay un plano formal de diplomacia ente los estados, pero que existe otro plano que es el de cultivar las relaciones personales y yo me tengo fe para eso”, dijo en aquella tarde de diciembre de 2008. Pero sus interlocutores no son tan generosos como parece, tampoco tan lineales en su proceder. De Brasilia, “Pepe” Mujica volvió satisfecho porque consiguió destrabar exportaciones uruguayas a ese país. Para eso tuvo que ceder en algo que Uruguay mantenía a rajatabla pese a la presión de Brasilia. Aceptó otorgar certificado sanitario a los pollos brasileños aunque aclaró que las importaciones serán cuotificadas. Brasil ya no aguantaba más esa barrera no arancelaria, nadie creía que los pollos brasileños realmente tenían el problema de newcastlle, y demoraba los trámites de importaciones uruguayas de carne y lácteos. ¿Consiguió algo Mujica? En realidad el que tuvo un logro fue Brasil y ahora a Uruguay se le hará difícil explicar por qué pone cuota para el ingreso de los pollos de ese país. Pero en otros temas, Mujica sintió apoyo de Lula como para interconexión energética.
De Argentina también volvió satisfecho, por un principio de acuerdo sobre un tratamiento amortiguado del fallo de la Corte de La Haya sobre el conflicto por las plantas de celulosa y el puente bloqueado. Mujica dice que Cristina Fernández mostró voluntad política para el dragado de un canal en un río común y para un trato comercial favorable en importación de gas boliviano que pase por territorio argentino. Desde Caracas, visita en curso, Mujica ha expresado un inusual agradecimiento. “Yo no conocí ningún gobierno, en América Latina, que hubiera sido portador de la generosidad para con nosotros que tuvo esta sociedad y este gobierno (de Venezuela)”, dijo el presidente uruguayo. Mujica está agradecido porque Hugo Chávez puso plata para la reapertura de una fábrica de vidrio autogestionada por obreros y porque reabrió un banco cooperativo que se había fundido. El dinero para la fábrica fue una donación disfrazada de préstamo. El banco abrió hace varios años, pero todos los meses da pérdidas porque los venezolanos no saben administrarlo: eso genera preocupación en la plaza, pero Venezuela envía fondos y lo mantiene de esa forma. Y la generosidad se expresa en ventas de petróleo a crédito, lo que por otra parte acumula una deuda grande y creciente de Uruguay con Caracas. Cuando asumió Tabaré Vázquez, en el primer gobierno de la izquierda en Uruguay, también Chávez aparecía como el gobernante generoso que aseguraba petróleo y ayudaría en varios proyectos energéticos. Eso no rindió como se esperaba y Vázquez tomó distancia de Caracas. El petróleo se iba a canjear por exportaciones uruguayas pero eso casi no se ejecutó, entre otros factores por pujos corruptos del gobierno bolivariano, que asombraron a la administración uruguaya y puso paños fríos a esa práctica no convencional. Mujica va por una segunda chance para el relacionamiento con Venezuela. Chávez confía que con el nuevo presidente pueda conseguir de Uruguay un apoyo político que no tuvo con el socialista Vázquez. Mujica asume riesgos y probablemente aprenderá, como Vázquez, que hay “vecinos” demasiado complicados, en los que puede salir demasiado embarrado.El nuevo presidente uruguayo sobrestima su capacidad negociadora. Pero tampoco es tonto como para dejarse usar. La preocupación de Mujica por tener políticas de Estado, acordadas entre todos los partidos políticos, le puede servir de corsé para no incurrir en avances riesgosos de política exterior, que lo terminen dejando en off-side, para utilizar un término futbolístico.
Las movidas de Mujica hacia Buenos Aires y Caracas, lo pueden dejar en la mirada exterior como un nuevo miembro del club bolivariano. Pero no es así. Habrá que esperar un tiempo para ver que la política exterior no será tan lineal, ni tan recostada al eje bolivariano. Sí tendrá más acercamiento a los Kirchner, Evo Morales o Chávez. No para identificarse políticamente sino para moverse en ese estilo de negociaciones, de “te doy y me das”, en busca de acuerdos internacionales sobre obras de infraestructura (dragado de canales, interconexión energética), sobre productos a precios o condiciones favorables (para la compra de gas o de petróleo) y para facilidades de comercio (levantar trabas no arancelarias). Y las dificultades para concretar en hechos los logros obtenidos en el compromiso oral, podrán generar cierto viraje en este impulso latinoamericano. Mujica está más cerca de Lula, en cuanto a su política interna, no quedará inmerso en el club bolivariano con todos esos códigos del eje liderado por Chávez, pero no los despreciará como amigos políticos. Y el futuro de las relaciones políticas internacionales dependerá bastante del resultado que el presidente uruguayo obtenga de las conversaciones con cada presidente. Fuente: Infolatam Compartir este artículo en Facebook
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