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La Planchada
por Rodrigo Blás
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En Maldonado y supongo que en todo el Uruguay la casa propia fue siempre un sueño y una meta alcanzable. Nuca fue fácil acceder a la misma y en un concepto muy nuestro la misma para ser verdaderamente propia debía ser construida por uno mismo, no vale la compra de una usada, cada uno tiene necesidades propias, entonces la gente planea su casa y la construye, en etapas, de a poco, algunas veces quedando en la etapa de nunca terminada, pero hecha a nuestro antojo acomodado por la realidad económica (siempre más corta que nuestros sueños).La familia se fortalece en las discusiones y tomas de decisiones importantes (ya que son para toda la vida) sobre la elección del inodoro, la cerámica del piso, el reparto de metros entre la cocina o el dormitorio, etc.
Toda esa tarea tenía una etapa donde el sueño salía del círculo intimo familiar para alcanzar el momento de tarea de todos, de objetivo compartido por amigos, vecinos, el barrio entero, el momento supremo de la consagración de la obra no era su finalización, era la planchada.
A ella concurrían los vecinos ha hacer la fila para el balde, el otro más gordo y fuera de forma manejaba la manguera, aquel prestaba una hormigonera y acortaba la jornada, las maderas prestadas para el encofrado venían de distintos amigos ;el más viejo se encargaba del asado y la damajuana aparecía indefectiblemente, era el premio a la tarea común .
Con la anécdota tan uruguaya de tirar la planchada queremos llegar a un concepto que los sociólogos aprendieron allá por el 60 y que los uruguayos lo aplicamos plancha mediante desde que la ANCAP y el gobierno subvencionaron el cemento, transformándonos en un país sin tornados que construye casas para soportarlos; El Capital Social.
El Capital Social, es un valor que define la capacidad de hacer de los países, la cooperación, el colectivo superior, la intromisión sana en las cosas de otro que son comunes a todos, el empujar y ayudar a la superación del otro ya que hace a la superación y a la mejora general, la empatía con el desarrollo colectivo y la realización individual mediante el logro colectivo, transforma a las naciones elevándolas en su capacidad de acción y de solución a los problemas del momento. Sobre la construcción y fomento de ese Capital, Japón y Alemania salieron de las guerras perdidas transformadas en potencias.
El Uruguay fue rico en Capital Social durante toda su historia, eso lo transformó en un país sudamericano con índices sociales de primer mundo, así hicimos el Estadio Centenario y la primera copa del mundo, aparecieron hospitales, escuelas, liceos, zoológicos, etc. donados por ciudadanos, pagamos con orgullo el Impuesto a Primaria mientras volvía a las escuelas públicas en forma visible, fuimos al Obelisco, votamos No, votamos verde, cambio en paz en 1984, modernidad y acción en 1990, cambio en el 2005, todo eso en oleadas de pensamiento colectivo que buscaba poner objetivos superiores por encima de individuales. A veces acertamos, a veces erramos, pero la búsqueda es cada vez más desesperada para encontrar aquel país, aquel barrio, aquel vecino.
Debemos reconstruir desde abajo y hasta arriba aquel acervo perdido. Tirar una planchada al país entero, yo tomo un balde, aquel la manguera y el otro el asado, para construir un techo que nos cobije a todos en tiempos de desencuentros, individualidades, precariedad e incertidumbre. Son tiempos de Unidad Nacional para encontrar objetivos comunes, para volver a ser uruguayos orgullosos de los uruguayos y del Uruguay.
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