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El Obispo no usa condón
por Helena Arce
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Justamente una de los temas que siempre me costó más entender de la religión católica es esa asepsia sexual, con la cual se pretende impregnar al mundo. Partiendo de la base que sus dirigentes, los curas y las monjas deben practicar el celibato irrestricto, imponen a sus fieles la abstinencia sexual hasta haberse realizado el sacramento del matrimonio y existen por allí aun los represores del divorcio y la propuesta que si el matrimonio fracasa, nunca más ha de estarse en pareja.
Nos presentan a un Jesús soltero y a María Magdalena como una prostituta. No puedo obvio saber cual fue la verdad respecto a ambos, cuando yo nací no había ya nadie vivo que hubiese presenciado los hechos, pero confieso me hubiese conmovido aun más su figura, el saber que fueron una pareja consolidada, unida en amor e ideales. Tampoco nunca logré entender el tema de la virginidad de María, para mí siempre igual fue santa y buena, por madre no más. Lo mismo que José padre biológico o adoptivo de Jesús.
Ahora bien, siempre se chismorreó sobre la “abstinencia a la práctica del celibato”, que era llevada a cabo por los miembros oficiales de la Iglesia, incluso hubo casos conocidos en la historia como el del papa Borgia (Rodrigo = Alejandro VI), padre de tres hijos entre ellos la famosa “Lucrecia”. Posiblemente no todos hayan sido así, pero incluso aquellos Papas sobre quienes no ha caído nunca un manto de bochorno, posiblemente hubiesen podido ejercer su “papado” y al mismo tiempo disfrutar de la vida sanamente, con todo lo que ello implica. Por ejemplo leyendo un libro sobre la vida de Pablo VI, en varios capítulos se comenta su tristeza al fin de su vida por no haber formado una familia.
El año pasado el hermano pueblo paraguayo eligió para presidir los destinos de su país, a Fernando Lugo, quien cumplirá 58 años el próximo 30 de mayo. Según leemos en la página http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Lugo:
El 1 de marzo de 1970 ingresó en el Noviciado de los Misioneros del Verbo Divino. Paralelamente, realizó sus estudios superiores en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción de la capital del país, donde obtuvo el título de licenciado en Ciencias Religiosas.
Fue ordenado presbítero católico el 15 de agosto de 1977 y posteriormente se trasladó al Ecuador para trabajar como misionero en la diócesis de la provincia de Bolívar. Fue profesor y párroco en las localidades de Guaranda y Echeandía. En 1983 viajó a Roma para realizar estudios de espiritualidad y sociología en la Pontificia Universidad Gregoriana. El 17 de abril de 1994, después de haber regresado a Paraguay, fue ordenado obispo de la diócesis de San Pedro, la región más pobre del país. En 2004, el papa Juan Pablo II dispuso su retiro como obispo, continuando Lugo ejerciendo el sacerdocio como párroco.[1] El 28 de diciembre de 2006, Lugo renunció a su ministerio sacerdotal con el fin de presentar su candidatura a presidente del Paraguay y solicitó al Vaticano mantener su pertenencia a la Iglesia Católica como laico.[2] [3] El 20 de enero de 2007, luego de presentada su candidatura a presidente, la Congregación para los Obispos, con la firma del cardenal Giovanni Battista Ré, rechazó la solicitud de Lugo de ser considerado laico y dispuso también su suspensión "a divinis", es decir para ejercer normalmente el sacerdocio,[1] [3] un tipo de decisión eclesiática que cesa al cesar también la causa de la incompatibilidad con el ejercicio del sacerdocio.[3] Según esa sanción, el obispo presidente mantenía el estado clerical, aunque no podía ejercer el ministerio. Los medios de comunicación señalaron que, aunque poco habitual, el caso de Lugo tiene como antecedente inmediato en América Latina el del sacerdote haitiano Jean-Bertrand Aristide, también suspendido "a divinis" en 1991 por su actividad política y quien fuera ese mismo año elegido como primer presidente democrático de la historia de su país.[1] [4]
Lugo pidió al día siguiente de su elección, 20 de abril de 2008, perdón a la Iglesia católica, y en particular a Benedicto XVI, por el "dolor" que causó su desobediencia a las leyes canónicas, al haberse lanzado a la carrera presidencial.
El 30 de julio de 2008, el Papa Benedicto XVI, por medio del Nuncio Apostólico en Paraguay le concedió la pérdida del estado clerical con todas las obligaciones, sea como sacerdote, sea como obispo o sea como religioso del Verbo Divino, porque —según aclaró el nuncio en Paraguay— "no es compatible su estado clerical con la presidencia de la República".
Se puede ver en la página http://www.radioevangelizacion.org/spip.php?article18007 un video ensalzándolo, allí todos dan testimonio de su honestidad y sinceridad, incluso habla de él, quien fue su mecenas religioso, http://www.youtube.com/watch?v=dER5DcX0nZc&
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El mundo ha tomado conocimiento, que los hijos del Obispo de San Pedro, Monseñor Fernando Lugo, van apareciendo uno tras otro, ya han tomado estado público 3, pero se comenta que aparecerían más. Aunque esto último no se de, tres hijos con tres madres distintas, los tres sin padre, ya es bastante, no?
No le voy a cargar las tintas al Presidente del Paraguay, por aquello de que del árbol caído, todos hacen leña, y no opino si es o no una buena elección la hecha por el hermano país, eso únicamente lo sabrán sus habitantes.
Es por lo menos preocupante, que con total desparpajo, como si del Arcángel Gabriel se tratara, el Obispo fuese sembrando hijos en las jóvenes que se le cruzaban. Pues una cosa es no poder ceñirse al celibato, algo que entiendo tan lógico que no me asombra, pero muy diferente por cierto parece, el haberse vinculado con jóvenes a quienes evidentemente enamoraba, con las cuales tenía hijos, con una promiscuidad que no se le perdonaría a un no religioso.
Por otra parte, no se si en su rol de gobernante de su país sea bueno, eso lo sabrán como decía unas líneas arriba, sus gobernados, pero no hay dudas que en su rol de Obispo fue un rotundo fracaso. Todo la letanía con la que desde el Vaticano, desde Karol Józef Wojtyla, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, se nos abruma, sobre abstinencia sexual, la pureza y toda esa moralina con la que se nos quiere ensuciar a quienes no profesamos su doctrina, ha sido roto en un instante. Claro no creo que se lo excomulgue parece cristalino que Monseñor no usaba condón, ni instó a sus parejas a abortar.
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