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Año V Nro. 335 - Uruguay, 24 de abril del 2009   
 
 
 
 
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Visión Marítima

 
Raúl Seoane

El Estado benefactor
por Raúl Seoane

 
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         La sociedad de la información nos ha traído muchos beneficios. Vivimos totalmente informados e inmersos en un maremágnum de noticias que, si no somos capaces de analizarlas y razonarlas, terminamos más desinformados que antes. A su vez, la sociedad de la información nos trae sus desventajas. Nuestro país tenía una “personalidad” bien definida, hoy gracias a los teletipos, internet, satélites, microondas y toda la parafernalia que recibimos, los uruguayos copiamos lo malo de otros países y cada vez más nos parecemos a nuestros vecinos del otro lado del charco.

         Es cierto que siempre fuimos parecidos. Siempre dependimos de lo que nuestros hermanos hacían, pero ahora nuestras sociedades se están mimetizando a tal punto que esa “personalidad” uruguaya va desapareciendo.

         En ambos países existe la teoría de que el Estado es el que debe velar por el bienestar de los ciudadanos. Esta es una grave equivocación y para entenderlo primero debemos razonar y comprender como se forma un país o una sociedad en un simple y burdo ejemplo.

         Todo parte de un individuo que se radica en un lugar elegido por él. Construye su vivienda y transcurre su vida hasta que otro individuo decide construir su casa cerca del primero. A medida que otros individuos van construyendo sus casas en los alrededores se forman los centros poblados, las villas, los pueblos, las ciudades, etc.

         Posteriormente los pobladores necesitan quién les suministre agua, limpieza en las calles o lugares comunes, electricidad, etc., por lo cual le compran el servicio al aguatero,  y contratan a otro para que les suministre energía. Así se comportan con todos los servicios que son comunes a todos los pobladores.

         A medida que la población se agranda necesitan que alguien limpie los lugares comunes, alguien que ejerza el poder de policía y alguien que se encargue de cobrar a todos y cada uno de los individuos que formaron el poblado su cuotaparte (impuestos) para mantener la organización y los gastos que esta representa, que organice los equipos necesarios y administre la villa. Por eso, entre todos los ciudadanos eligen a un individuo al que llamarán intendente o  alcalde.

         Un buen día se dan cuenta de que para tener fuerza, comerciar con mayores ventajas con otras poblaciones y tener más capacidad de defenderse en caso de una guerra, deben unirse, por lo que deciden hablar con una villa vecina y crean un condado o región. Más adelante se juntan con varios condados, regiones y forman un Departamento o Estado, y luego se juntan con otros varios Departamentos o Estados y forman una Nación o País.

         Para llegar a todo esto, el individuo debe trabajar y aportar el dinero necesario para mantener su municipio, luego el que necesita la región, luego mantener el Departamento o Estado y luego a la Nación. A su vez, el individuo tiene la responsabilidad de elegir a quien administre su ciudad, su Departamento o Estado y por último a la Nación, por eso debe elegir administradores a los que llamará Intendentes, Alcaldes o Presidentes.

         De este sencillo ejemplo debemos comprender que el  iniciador de toda esta pirámide de creación que termina en un País o Nación es el individuo que fue quien la ha creado, y que sin él no existiría todo el resto. Por eso el orden piramidal y de importancia es así:
1.- Individuo
2.- Región
3.- Departamento o Estado
4.- País o Nación
de lo que se desprende que el individuo es el responsable primigenio, y a su vez responsable de mantener la región que él ayudó a crear, el Departamento o Estado, al País o Nación.

         Por consiguiente, la errónea idea de que la Nación es la responsable del bienestar del individuo es simplemente eso, un error conceptual, porque es el individuo el supremo creador de todo y es él quien debe mantener a su creación.

         De la misma forma también existe el error de que el Presidente de la Nación es “el rey todopoderoso” por la cantidad de años por los que fue elegido. El presidente, el gobernador, el alcalde o el intendente son simples administradores contratados por el individuo para que administre el dinero que él aporta para mantenimiento de la Nación, el Departamento o el Estado, por consiguiente son sólo empleados a las órdenes de todos los individuos. Más allá de sus atribuciones como administradores estos individuos no tienen otras atribuciones.

         Es cierto que un país es mucho más complejo que este simple ejemplo, porque existen otros estamentos que deben y son función del Estado, como el bienestar social. Sin embargo este bienestar social no está relacionado con todos los individuos sino únicamente con aquellos que han caído en desgracia o tienen o tuvieron tropiezos determinados en un momento de su vida. Pero esto no indica que todos los individuos deben ser atendidos por el Estado brindándoles bienestar, sino simplemente aquellos casos especiales que no pueden salir por su propio esfuerzo.

         Es hora de que abandonemos estos absurdos y nos pongamos todos a trabajar, porque nosotros somos el Estado y éste depende de nosotros, de nuestro esfuerzo y no al revés. Si queremos un país grande, entre todos debemos hacerlo, con esfuerzo, con trabajo, con aportes, con ideas, porque nosotros somos el país. Nosotros debemos mantenernos, nosotros debemos darnos el estado de bienestar, lo que llamamos el Estado o país es la simple unión de todos nosotros, de nuestro trabajo y de nuestros esfuerzos.

         Cambiemos, todavía estamos a tiempo.

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