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BARRIO
SUR: UN ESCENARIO DE LEYENDA
Pocos
barrios montevideanos atesoran una historia tan variada
y pintoresca. Hasta la entrada de los años 30, su crónica
diaria coleccionaba un álbum de estampas particulares,
sin posibilidad de repetición.
| "Viejo
barrio que te vas/ te doy "último adiós/ ya no te
veré más"…
Todos los años,
cuando en el alma de la ciudad se ensayan las
bengalas con que se recibe a Momo, una brisa sureña
trae a la memoria de los jóvenes viejos, los versos
de Soliño que Ramón Collazo engarzó en melodía.
El homenaje cantado
al Barrio Sur a punto de morir, vuelve al recuerdo
con todo el estremecimiento de un "réquiem" carnavalero.
| Buenos
Aires y Bartolomé Mitre. Mirando al Sur, el
tobogán por donde descendía noche a noche
la caravana que recorría el Bajo montevideano. |
"Con tu negro murallón/desaparecerá/
toda una tradición" .....
Frente a ese murallón, en la noche del 27 de febrero
de 1930, sobre tablones y tanques prestados por
la Compañía del Gas, la Oxford afinó como nunca
sus privilegiadas voces, para empezar a disputarle
a "Un real al 69" del fenómeno Salvador Granata,
el cetro de las carnestolendas del Centenario.
De nada valió la
intención malvada de una llovizna persistente,
de empujar al fracaso el deseo de los muchachos
de Collazo de brindar a todo el Barrio Sur la
primicia de su canto dolorido y viril a la vez.
El coro imponente sobrevolaba a los 5000 espectadores
que llegaron de todas las zonas capitalinas, convocados
por la promesa de algo excepcional y único.
| Yerbal
y Camacuá, en el mismo corazón del barrio
canalla. Al fondo el Templo Inglés en su primitiva
ubicación. A la derecha, el Café Southampton,
que "El Hachero" describe así: "Paredes mal
alumbradas por una lamparilla grasienta, y
piso de tablas anchas y flojas que crujen
al pisarlas". |
"Mi viejo Barrio
Sur/ triste y sentimental/ la civilización/ te/
clava su puñal.
"En tu costa de
ilusión/ fue donde se acunó/ el tango compadrón".
Las obras de la
Rambla Sur avanzaban amontonando escombros. El
enorme prostibulario conocido por "El Bajo" -que
mirábamos de reojo desde las ventanillas de los
tranvías de La Transatlántica en que nos llevaban
a ver al Atenas en su flamante rectángulo de la
calle Reconquista- sellaba su historial de vicio
y machismo y se integraba a la galería de imágenes
condenadas a la sepia evanescente de las épocas.
"Ya se fue tu famosa
muralla/ cuyas sombras sirvieron mil veces/ de
testigo " a los guapos de laya/ que morían por
un corazón".....
Caían, también,
en aquella escenografía de demolición, los tauras
de "pantalón rayado, pañuelo al cuello y gacho
requintado", protagonistas arrabaleros de reyertas
y duelos que, muchas veces, "roban a cuchillo
cuadros de guapeza vecinos de lo heroico.
"Y en las noches
de luna febriles/ al compás del rumor de las olas/
los "muchachos con los tamboriles/ ya no entonan
su alegre canción"...
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Desde el aljibe de los
tiempos subía el repiquetear fresco de "La Nación Lubola"
y "Los Antropófagos" -apagándose ya el Siglo XIX- y
de "Los Pobres Negros Cubanos" y "Los Guerreros del
Sur", entrada ya la actual centuria.
Sobre esos ecos surgió
después, desde la academia carnavalesca de la zona orillera,
el genio creador de Granata portando el estandarte de
la primera troupe: y detrás de la novedad, la Oxford
brotó en el 27 de la proa de Brecha y Camacuá donde
"papá Collazo" atendía el mostrador de "Los Dos Frentes"
con mano férrea, para poder pagar la educación de sus
hijos Juan Antonio y Ramón en el "Sadí Carnot", donde
la travesura barrial que compartían con el "galleguito"
de los Soliño iba a extenderse hasta los bancos del
colegio francés para transformarse en amistad sin límites.
Boliche más que Almacén,
"Los Dos Frentes" maquillaba con unas barricas de yerba
y azúcar en el sector de los comestibles, su verdadera
"vocación": despacho de bebidas, con la Caña de La Habana
como buque insignia de una flota de alcoholes de variada
graduación.
También a "Los Dos Frentes"
le llegaría su destino.
| Victor
Soliño y Ramón Collazo, sobre los escombros que
sepultaron una historia que ellos revivieron en
"Adiós a mi barrio". |
"El boliche ha cerrado
su puerta/ ya no hay risa, ni luz, ni alegría/ y en
la calle ruinosa y desierta/ sopla un viento de desolación.
La piqueta fatal del progreso/ arrancó mil recuerdos
queridos/ y parece que el mar en un rezo/ demostrara
también su emoción"...
Por las calles solitarias
y silentes empezaron a cruzar a comienzos de los '30,
las primeras sombras fantasmales del Barrio Sur, aquél
en que nació "La Cumparsita" en el piano desvencijado
de la Federación de Estudiantes y donde, un poco más
abajo, siempre por Ituzaingó hasta su encuentro con
Reconquista, la poesía de Julio Herrera y Reisig se
lanzó mil veces desde la Torre de los Panoramas hacia
el mar azul. El barrio que quiso pintarse de murguista
y vestirse de arpillera para subir al tablado, y asimismo
supo ponerse frac y charoles para lucir en los escenarios
con la muchachada del Atenas, que extendió al teatro
la coreografía que "las alas negras" desplegaron en
las canchas de básquetbol.
"Viejo barrio que te
vas/ te doy último adiós / ya no te veré más".
Es verdad que tras el
adiós definitivo se alejaron los personajes que tipificaron
al barrio, recordados por Soliño con pluma entintada
en el corazón. "Guido, el bizcochero italiano con una
gorra de vasco y bigotes de mosquetero, con la canasta
cargada de borrachos, napoleones y panes de leche: "Coji
Tranca", que se ganaba la vida como sacristán en la
Catedral y terminó como mozo del Pigall; Doña Florinda,
la curandera, con su famoso loro boca sucia y sus no
menos famosos yuyos, que con la misma facilidad enderezaban
una vértebra desviada como un marido también desviado;
y Monsieur Courau... y el enigmático Conde de Das...
y el célebre tenor Aramburo".
Sí, es cierto que hace
mucho que ya no están: pero ocurre que la historia,
en sublime terquedad, se ha quedado a vivir en el Barrio
Sur.
por REBAR
Sábado Show s/f
Suplemento de EL PAÍS
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