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Año II - Nº 55 - Uruguay, 5 de diciembre del 2003

Referendum de ANCAP - Informe Especial
La Legión Española en el Siglo XXI
Un poco de la otra cara
Sucedió en España
PERIODISMO Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago
Ojos Uruguayos en el Brasil
Horacio Arredondo "Este libro es para tí"
Desde Conchillas
Las dudas del gaucho Eleuterio
Hurgando en la Web
Asociación de Inmigrantes Uruguayos
El Marinero
El Interior También Existe
Rincón de Sentimientos
Olvidémonos de las Pálidas
Correo de Lectores
El Marinero
 
 
 
 
 

 

UN POCO DE LA OTRA CARA

Por: Walter Amaro - Sydney/Australia

Uno de los lineamientos a los cuales nos aferramos con mayor tozudez, es el de no generalizar ni establecer comparaciones que puedan llegar a ser odiosas, o que despierten un malestar inesperado en el lector. Esa no es nuestra intención; aunque a veces no se puedan soslayar ciertos temas que puedan encender polémicas, o crear situaciones confusas. El generalizar, invariablemente, puede herir la sensibilidad de algunos que se puedan sentir erróneamente aludidos por el tema que se desarrolle. De todas formas, y en esta nota en particular, trataremos de hilar finito para que nadie se sienta molesto.

En nuestro correo de lectores de la pasada semana, una asidua lectora de Informe Uruguay se confesaba confusa acerca del relato de una amiga, radicada en el exterior, la cual le señalaba que su hija "no quiere saber nada con Sudamérica". Me lo imagino. Por un lado se encuentra con una persona que no conoce, destacando cómo aman al país, aún sin conocerlo, aquellos que llegaron niños, y sus hijos, nacidos en Australia, y por otro lado esta persona de confianza desliza en una conversación que su hija no quiere saber nada de nosotros...
Como me hubiese gustado decirle que se equivoca; pero lamentablemente está en lo cierto. Algunos jóvenes no quieren saber nada con Sudamérica, ni con Uruguay, ni con nada. El punto es el porqué. Y aquí vuelvo a abrir el paraguas.

Podemos, estimada señora, ennumerar una cantidad de motivos para ello. Algunos son entendibles; otros no tanto, y del resto sólo podemos sentirnos avergonzados. Todo sienta sus bases en la fortaleza del individuo.
Les dije en el pasado boletín, que nuestro pasado nos dio la fortaleza necesaria
para soportar y superar un montón de cosas, inclusive los horrores de la discriminación y lo humillante de numerosas situaciones. Fíjese usted que cuando llegamos no podíamos entender una palabra del idioma inglés. Supóngase entonces, tener que recurrir a un ginecólogo por problemas propios del sexo femenino y no saber explicarse ni entender lo que le dicen. Imagínese una
situación laboral donde le ordenan realizar una tarea y usted no entiende cuál. Hágase a la idea de mantener una discusión cuando pisotean sus derechos o rechazan su origen o se mofan de usted o le dicen simplemente que usted es un WOG (juego de palabras en siglas, con la que intentan decirle que se es un sucio inmigrante que está de más en este país, como claro signo de rechazo) y usted no maneja más que 20 0 30 palabras en esa lengua.
Créame estimada amiga que se lloró mucho al llegar a casa luego de jornadas de 14 a 16 horas de trabajo. Llanto de impotencia, de rabia contenida... de frustración... de amargura...

Hoy es diferente. Hoy día se han superado esas etapas, y la legislación contempla la igualdad de derechos en los más mínimos detalles para que nadie se sienta avasallado o marginado o tal vez discriminado. Pero han quedado huellas. Posiblemente, la hija de su amiga sea una de esas ojeras del pasado.
Como contrapartida, recuerdo por ejemplo la hija de mi amigo Pedro, le cuento como anécdota, que ella fue separada del grupo de sus compañeras de clase, en la escuela, puesto que en una pequeña fiesta de grado no llevó ningún confite para compartir como deberían hacer las niñas en ese día. Lo que se les olvidó es que la mocosa no entendía el idioma; sus papás no tenían ni un centavo para comprar tortas, y Lucía sólo tenía 8 añitos. ¿Cómo piensa que se criaron estos chicos? Duros por supuesto... pero con valentía, tratando de superar cada etapa con entereza mientras hacían respetar sus derechos... Todavía hoy, mientras caminan por pobladas avenidas o concurridos "shoppings", nuestros niños y jóvenes hablan español porque no se avergüenzan de su origen ni su pasado. Otros no pudieron resistirlo...

Varios de nuestros menores optaron por silenciar su origen, tratando de hacerse pasar por australianos para no sufrir discriminaciones. Fueron, en otras palabras, derrotados por una debilidad cuestionable. Cuestionable porque hasta sus padres comenzaron a querer hablar el idioma de Shakespeare con sus hijos, atacados por el mismo síndrome; cuestionable porque cuando otros vieron que sus hijos perdían apego por sus raíces, lengua y costumbres, se sometieron a la impasividad de tolerarlo, estableciendo diálogos en un tan cómico como ridículo "spanglish" que despertaba la hilaridad hasta de los propios. Cuestionable porque varios "papis" dedicaron más tiempo al trabajo que al cuidado y educación de sus hijos rayando en el abandono, permitiendo que se australianizarán en las partes más conflictiva. Sin embargo, y como es de imaginarse, en todos lados se cuecen habas, y varios hogares, a pesar del esfuerzo de los padres no pudieron superar el carácter de algunos chicos en particular. Debo puntualizar que algunos niños "mal aprendidos" optaron por integrarse a la "fácil", amenazando a sus padres con abandonar su hogar si no se atendían sus caprichos o se imponía su voluntad.
Finalmente podemos destacar otra categoría que, lamentablemente, es la de aquellos hijos de resentidos sociales que achacan al Uruguay las causas de sus males endémicos y posterior inmigración. Recibiendo clases de sociabilidad y cultura, en la que lamentablemente salíamos perdiendo. Despotricando contra el país, sin aclararle a los menores las diferencias entre éste y los individuos que lo administran.

Además, no debemos olvidar que en el exterior se vive en otro mundo. No intentamos pontificar ni mucho menos, pero aquí los hijos se pueden "divorciar", si entendió bien, divorciar de sus padres a cualquier edad, o emanciparse a la edad de 16 años o llevar a los padres ante un magistrado si osa aplicarle un correctivo. También recibe paga semanal por el seguro de paro al cumplir los 16 años por una cifra que muchos uruguayos no ven en todo el mes...y podría seguir escarbando hasta hacerme daño en cantidades de por qués. Pero no vale la pena.

Mejor me gustaría contarle de aquellos que viajan al país y luego no se quieren volver; o de los otros, la inmensa mayoría, aquellos de los que ya les conté que lloran cuando pierde Uruguay, o que poblaron por miles el "Aussie Stadium" mientras jugaron los Teros. De los que bailan folklore, los que zapatean malambo, los que juegan en equipos de fútbol uruguayos, los que van a la escuela de candombe, o los que se pintan para salir en la murga, o los que cada jueves se hacen presentes en la escuela Artigas para aprender español, a los que toman mate y comen asado, a los que juegan al truco y a los que bailan al ritmo de Los Fatales. A los que llevan en el coche los discos de Zitarrosa y Los Olimareños y pegan calcomanías con un corazón bien grande donde dice: "Yo amo al Uruguay", los que comen torta fritas cuando llueve o se sirven un cortado en vaso, a los que se juntan cada año un 25 de Agosto para festejar nuestra fecha patria e izar nuestra bandera y cantar el himno. A los que hacen campañas solidarias para ayudar hospitales, psiquiátricos, hogar de ancianos y asilos, a los que cada mes, puntualmente depositan parte de su sueldo para ayudar a comedores y merenderos infantiles...

Me gustaría amigos de Informe Uruguay, poder ser más explícito. Transmitirles mi estado de ánimo mientras escribo, comunicarme con claridad para contarles que orgullosos nos sentimos y que tan orgullosos se deberían sentir ustedes de saber qué y cuanto, nuestros purretes se interesan por nuestro país, por sus cosas, por la gente. Esos mismos chicos que llegaron un día con ciega confianza en el criterio de sus padres saben de inmigraciones. Saben de apretar los dientes y salir adelante. Y lo más positivo, saben transmitir a sus descendientes la calidez que recibieron, y describir con amor sus costumbres y tradiciones. Son en suma, los mejores maestros para estas nuevas generaciones de "canguros orientales".

Tal vez, como sucede a menudo, ese "no me interesa" pueda sufrir un drástico cambio cuando aterrice en nuestro suelo. Cuando deba sacudirse las bolsitas de plástico que se te agarran de la botamanga mientras caminás por 8 de Octubre mirando vidrieras, o cuando se aburra de esperar un "bondi" o se enchufe en un concierto en la rambla, o descubra la Sinfónica en pleno 18 de Julio ejecutando tangos, o se llegue a cualquier sala de teatro, o tenga que hacer olas con las manos para alejar un "maraño" empedernido en la playa Ramírez, o se harte de bizcochos, o se le chorrée la salsa de tomate de la pizza de La Pasiva, o sepa lo que es una húngara con panceta.

Tal vez descubra lo simple de nuestra gente. O se asome a un mundo donde la amistad sincera se codea groseramente con el hambre. Hasta quizás se anime a chupar de una bombilla esa agüita verde que ayuda a mitigar las injusticias, o sepa lo que es sentarse en el cordón de la vereda a reírse del mundo o en la rueda con otros pibes de su edad, hacer una colecta para comprar un paquete de "Nevada". O que se le pasen los tiempos...que se enteren de que la gente no sólo está en los shoppings o en las salas de cine, sino que les puede encontrar a cada paso o en cada esquina o en cada parada de ómnibus; y que se puede emborrachar de la simpleza de la gente, esa por la cual escribimos canciones y fuimos perseguidos, aquellos que con cacerolas como armas restituyeron nuestra democracia...y tal vez; sólo digo tal vez, le agarre el mismo síndrome que atacó a tantos y luego no quiera volver a chamuyar en gringo y prefiera quedarse, o en su defecto, tratar de volver una y otra vez para conjugar los mismos sentimientos que nuestros botijas australianos.

Espero de corazón, estimada amiga (permítame llamarla así), que sus dudas se disipen, y que cuando su amiga visite Uruguay, lo de su hija sólo haya sido un exabrupto propio de los jóvenes. De no ser así, y sabiendo que no es el mejor momento del país para que cambie su modo de pensar, está en usted, o personas con sus mismas inquietudes que se preocupan de nuestra imagen, la llave para cambiar estos conceptos. Hago votos para que esto ocurra.
Nos encontramos en siete días si así lo disponen los lectores de Informe Uruguay. Hasta entonces