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Año V Nro. 311 - Uruguay, 07 de noviembre del 2008   
 

 
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Mujica, Perón y Mussolini
por Marcos Cantera Carlomagno

 
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         De tanto en tanto, alguien se pregunta cómo es posible que en Argentina aún se crea en el peronismo. El secreto radica en que el peronismo, más que un partido, es la forma argentina de hacer política. Primero se es peronista, luego se puede ser montonero armado o pacífico padre de familia; piquetero con el Che en la camiseta o católico conservador; amigo personal de Bush o compinche de Fidel, estatizador o privatizador, rey de bastos o polizón. Todo da igual, nada es mejor: el peronismo es el tango Cambalache elevado a doctrina de gobierno.

         Pero por debajo de ese supuesto pluralismo corre un caudaloso río de valores comunes: el nacionalismo bullanguero, el anticapitalismo, el antimodernismo, el populismo, el oportunismo, la demagogia y el discursito de circunstancia. (Aclaro que comprar tierras fiscales baratas y venderlas caras -como hacen los Kirchner- no es ser capitalista, así como mandar mensajitos por celular no es ser modernista.)

         Teniendo en cuenta estas cosas, no debería asombrarnos que José Mujica se haya convertido en un habitué de Buquebús. Sus visitas a la Capital Virreinal se multiplican y todas ellas tienen dos grandes objetivos: encontrarse con la militancia del MPP en Argentina (en donde hay una decisiva reserva de votos uruguayos) y cultivar las relaciones con la pareja gobernante: la misma que material y políticamente promociona el sabotaje a la economía uruguaya y que ha acusado a nuestro país frente al Tribunal de la Haya. (Vale la pena recordar que los problemas más graves que Uruguay ha tenido desde 1945 a la fecha han sido con la Argentina peronista.)

         Luego de ser recibido por la pareja gobernante en la residencia oficial, en el último encuentro público el uruguayo fue huésped de honor de los Kirchner en una conferencia internacional. En su discurso, Mujica terminó recitando a Perón. El aplauso fue apoteósico y al final todos cantaron el obligado “Perón Perón qué grande sos…”.

         Ya en épocas de El General, hubo intentos de latinoamericanizar el peronismo (como hoy hace Chávez con el bolivarianismo). Nunca dio frutos. Últimamente, la idea ha sido reflotada, más que nada como antídoto al estrepitoso avance de Brasil y su creciente hegemonía continental. Para la ex Argentina Potencia, ese es el peor de los horizontes.
Acorralado por el empuje brasileño y la billetera chavista, el peronismo ha encontrado un aliado en Mujica. Y viceversa. Matrimonio de conveniencia, que le dicen. Esta es la clave para comprender las recientes declaraciones de uno de los principales funcionarios de la cancillería argentina, quien metió la cuchara en la sopa de letras uruguaya a favor del MPP y contra AU en la interna del EP-FA-NM. Como corolario, se supo que Mujica le había propuesto a Lavagna, ex ministro de Duhalde y Kirchner, ser su asesor económico en caso de ganar las elecciones.

         El peronismo nunca pudo desembarcar en Uruguay, pues el uruguayo medio políticamente era mucho más maduro que el argentino medio. Sin embargo, el apoyo electoral que hoy tiene Mujica indica que las cosas ya no son así. Por eso, esta conversión de Mujica en punta de lanza del peronismo merece toda nuestra atención.

         La táctica de Perón para controlar la capital, que es donde se cuece el estofado nacional, fue la de traer cantidades enormes de pobres del norte: los famosos “cabecitas negras”. Ahora, Mujica pretende copiar la idea. Por eso propuso en TV importar bolivianos, peruanos, ecuatorianos y paraguayos para poblar el campo uruguayo.

         Como los uruguayos pobres no quieren trabajar (“no me agarran un pico y una pala ni en pedo”) y los que sí quieren trabajar emigran, Mujica pretende solucionar el problema con “la inserción masiva de sangre primitiva, joven, recia, dura, que solamente un campesinado puede generar”, gente que ya no está en “las viejas Italia y España”.

         Dejemos para otra columna conceptos tales como “sangre primitiva” y “las viejas Italia y España”, de neto corte fascista (Mussolini repetía con amor lo de la sangre nueva italiana en contraposición a las viejas Francia e Inglaterra). Lo primordial, ahora, es subrayar que un candidato a presidente nacional pretende desarrollar el Uruguay con campesinos extranjeros “de sangre primitiva”, no con jóvenes uruguayos capacitados para insertar al país en el mundo del tercer milenio.

         El sueño de la izquierda se hace realidad: en lugar del Uruguay europeizado, vergonzosa Suiza de América, tendremos, finalmente, un país latinoamericano de verdad, colmado de “sangre primitiva” y atraso secular.

         Pero volvamos al tema de fondo. El peronismo fue y sigue siendo en Argentina el principal escollo para el desarrollo pacífico nacional. Una peronización de la sociedad uruguaya, con el consecuente aumento del patoterismo sindical, del piqueterismo y del bajón generalizado de las expectativas ciudadanas, sería una lápida inlevantable. La realidad al otro lado del charco no puede ser más pedagógica.

         Quienes aseguran que Mujica sólo es “una fábrica de pavadas” se equivocan de punta a punta: detrás de él marchan el MPP, el PC, el PS y varias siglas más.

         Dentro de esta perspectiva, ¿qué papel jugarán Astori y Vázquez? Recordemos el sabio adagio, ese que dice que la culpa no es sólo del chancho…

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© Marcos Cantera Carlomagno para Informe Uruguay
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