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Casamientos los de antes
"Hasta que la muerte los separe"
por Julio Dornel
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Algunos datos que circulan en la prensa nacional han sorprendido a quienes un día llegaron al juzgado o al altar con la seguridad de que estarían juntos “hasta que la muerte los separe”.
Es evidente que ni siquiera los casamientos han resistido la embestida de los nuevos tiempos donde las separaciones y los divorcios están a la orden del día, haciéndonos dudar si preguntamos por la esposa del amigo cuando se producen los encuentros casuales.

Los números indican que el matrimonio ya no es la institución estable del siglo pasado cuando las bodas de plata o de oro eran moneda corriente en todos los hogares.
Las informaciones señalan que esta frontera presenta un índice bastante alto de divorcios y separaciones generados en muchas oportunidades por lesiones corporales, amenazas y malos tratos en la convivencia diaria.
Sin estadísticas oficiales pero basándonos en informaciones confidenciales del registro civil podemos señalar que las separaciones y los divorcios han alcanzado cifras elevadas en los últimos años.
En décadas anteriores estas separaciones tenían repercusiones culturales entre la sociedad que rechazaba por algún tiempo “esta irregularidad” basada en valores morales que han desaparecido.
Se trata de un tema complejo con muchos factores que se deben considerar, entre los que podemos citar las repercusiones sociales y el aspecto económico que en muchas oportunidades se transforma en un compromiso familiar.
Entre las causas fundamentales en el momento de la separación se encuentra el adulterio, las agresiones, humillaciones y las riñas “normales” por incompatibilidad.
Quiérase o no es evidente que el matrimonio está en crisis por culpa de las mujeres que en los últimos años no han resistido las insinuaciones o los piropos que reciben diariamente con buenas intenciones, y los pobres hombres terminan en los juzgados no ya para casarse sino para responder ante el magistrado por acoso sexual.
De esta manera el acoso mal interpretado sobre todo en el ámbito laboral está contribuyendo a la extinción del matrimonio, que antiguamente comenzaba con ingenuos piropos, guiñadas y alguna insinuación que en la actualidad pueden ser mal interpretadas.
Hace algunos años el movimiento feminista determinó que una iniciativa de la diputada Carmen Beramendi fuera planteada en la Cámara señalando en uno de sus artículos que “se debía castigar (con una multa o hasta con prisión) a aquél que en un lugar público importunase a una mujer que no hubiese dado motivos para ello, con palabras o ademanes groseros o contrarios a la decencia, en el lugar de trabajo o fuera de él, la acosare con fines sexuales aprovechando su condición de jefe o patrono”.
No sabemos si finalmente el proyecto fue aprobado.
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