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Ecuador: La farsa ¿ya es de todos?
por Jaime Costales Penaherrera
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Compatriotas, desde el fondo del corazón y del cerebro, respondamos serenamente algunas preguntas cruciales respecto al actual Gobierno: ¿Ha mejorado la economía nacional? No, por el contrario está a la cola de Latinoamérica. ¿Ha cambiado la politiquería basada en el populismo, la oferta de campaña, la tarima, la compra de conciencias y de votos con regalos y promesas, y las peroratas interminables? No, todo eso está en su mayor frenesí. ¿Ha aumentado la tolerancia, el respeto a la libertad de opinión y de prensa, y de los criterios de quienes opinan diferente al Gobierno? No, más bien se trata de imponer la verdad oficial por sobre todo y se descalifica y agrede verbalmente a quien ose oponerse. ¿Hemos avanzado en dirección de una democracia madura en que los dirigentes motiven la autonomía y la libertad de los individuos? No, todo apunta al culto fanático a la personalidad del presidente, y a establecer una suerte de idolatría social por su figura, lo cual fomenta el servilismo, la sumisión y la falta de iniciativa de los ciudadanos. ¿Vivimos una circunstancia política más democrática y más libre? No, al contrario, cada paso del Gobierno, incluido el régimen de transición añadido abusivamente en el proyecto de Constitución, abre las puertas para una monarquía de largo aliento. ¿Son revolucionarios este Gobierno y su proyecto de cambio? No, puesto que en el tercer milenio lo revolucionario es construir democracia madura y estable, psicológicamente sana y económicamente exitosa, sobre la base de la sinergia de clases, ya no con base en la lucha de clases ni a la violencia. En este sentido, el Gobierno es ultraconservador, pues nos regresa al siglo XIX. ¿Es este Régimen transparente? Las gravísimas denuncias de Roldós sobre falsificación de textos del proyecto constitucional muestran que nos quieren meter rata por liebre (¡gato sería demasiado pedir!).
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¿Hay equidad en la campaña por el referendo? No, puesto que el Gobierno está aplicando un dopaje electoral: una campaña abrumadora, inequitativa e incontenible, por lo tanto ilegal. Su triunfo, si se produce, será una obra maestra y perversa de la manipulación de masas y de la hipnosis colectiva, y para el Gobierno será una afrenta, pues equivale a que un atleta gane una carrera por dopaje que aumente su musculatura y fuerza, y además ate los pies de sus competidores para que lo sigan a brincos. ¿Qué triunfo para justo, no? ¿Estamos ante un nuevo liderazgo, sabio, maduro, y psicológicamente sano como el que Ecuador merece? No: estamos ante un delirante culto a la personalidad que busca establecer una monarquía semi divina. ¡Sería el colmo que el Ecuador y especialmente Quito, celebren el bicentenario del grito de independencia bajo régimen monárquico! Por todo eso, para evitar que la farsa ya sea de todos, el voto nulo y contrario al proyecto de la monarquía es un deber de conciencia.
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