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Año V Nro. 304 - Uruguay,  19 de setiembre del 2008   
 

 
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Visión Marítima

 
José Brechner

Esto es déjà vu de nuevo
por José Brechner

 
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         No es la primera vez que lo dice, pero está cercano a hacerlo. Hugo Chávez amenazó nuevamente con enviar tropas venezolanas a Bolivia, si su peón es derrocado. El gorila rojo se considera dueño de ese país y con derecho absoluto a intervenir en sus asuntos. Cree que la plata que le dio a Evo Morales, durante su elogiosa carrera como sindicalista y productor de coca, le da potestad sobre nueve millones de bolivianos.

         Después de que se refugió bajo su cama hasta que el mundo se cansó de reírse en su cara por el certero mensaje que le soltó el Rey de España, volvió a las andadas hasta que se descubrió su vínculo con las FARC. Metió nuevamente el rabo entre las piernas por unos meses, y ahora vuelve al micrófono amenazante, de la mano de Putin, quien está aprovechando del insólito poderío económico ruso para mostrar sus músculos. Chávez le brindó sus puertos y aeropuertos para realizar cualquier maniobra militar, y previno al “imperio” de que una nueva era comienza.

         Ordenó el inmediato regreso a Caracas del embajador de Venezuela en Estados Unidos. "Ya basta de tanta mierda de ustedes, yanquis de mierda", repitió el acomplejado psicópata en un acto político en Carabobo. Agregó: América Latina será respetada "el día que cantemos como un solo gallo", porque "ahí está el secreto".

         El enajenado quiere llevar a Latinoamérica a una gran guerra, y todo indica que puede lograrlo  con el soporte de Vladimir Putin y Majmud Ajmadineyad.

         La convergencia es extraordinariamente delicada. Hasta ahora Chávez era una pulga insignificante para los Estados Unidos, pero del brazo de Rusia las cosas son totalmente diferentes. Hugo, Vladimir y Majmud están de íntimos, y esas son relaciones que matan.

         Para los bolivianos Chávez es grande. Tiene armas modernas que arrasarían con cualquier adversario del autócrata Morales, y hasta el momento no hay perspectiva de que alguien más que los civiles se atreva a hacerle frente.

         Sólo el próximo gobierno norteamericano podría salvar a Bolivia, y no sería bajo el mando de Barack Obama, cuyo discurso, con reservas, es similar al de Chávez, Morales y los demás socialistas.

         El subcontinente que sólo servía para darle oxígeno al planeta, y que Lula quiere convertir en una playa de estacionamiento, comienza a cobrar interés mundial. Los comunistas y musulmanes están decididos a destruir el globo desde todos los ángulos, y Sudamérica es lo más cercano al Gran Satán, a quien tendrían a tiro de misil.

         Parece inimaginable pero Armagedón podría empezar donde menos se espera. Confluyen en Venezuela: un ex jefe de la KGB que no claudicó de su visión hegemónica del mundo; el anticristiano presidente iraní que está llenando Latinoamérica con terroristas de Jizbalá, y un coronel megalómano, al que ilusoriamente los democráticos venezolanos piensan derrotar en elecciones libres.

         ¿Es que no ven que Chávez nunca dejará el poder democráticamente, igual que Morales y los demás dictadores bolivarianos? La democracia para los comunistas es nada más que un instrumento para encaramarse, una vez arriba, esta deja de existir.

         ¿Es tan difícil percibir que después de casi 30 años de libertad, paz y progreso, los problemas volvieron a surgir apenas tomaron el poder las izquierdas marxistas?

         Cualquier arreglo que se logre entre las partes discordantes bolivianas será nada más que una tregua hasta el próximo round. Morales no es un tipo bueno ni racional. Partiendo de esa premisa, el conflicto no ha concluido, sólo se ha dilatado.

         Los civiles están solos, a menos que las Fuerzas Armadas Bolivianas ayuden a ordenar la estantería, asumiendo su rol de defensores de la institucionalidad y la unidad de la nación, exigiendo la salida del asesino Morales y el retorno a sus países de los miles de agentes de Cuba y Venezuela que invadieron Bolivia. En el último medio siglo no hubo un gobierno tan abusivo ni criminal como el de Evo Morales.

         O los militares bolivianos se ponen la camiseta de su país y dejan de arrodillarse ante Chávez, o la Media Luna tendrá que independizarse del resto de la república. Misión difícil, porque para lograrlo requiere de un ejército propio y de reconocimiento internacional. Los presidentes izquierdistas sudamericanos y consecuentemente la OEA están en los bolsillos del venezolano.

         En Bolivia recién se encendió la mecha contra el totalitarismo comunista, y como han demostrado inequívocamente 200 años de historia, lo que primero pasa en Bolivia después sucede en el resto de Sudamérica.

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