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Las dos caras de la moneda = Lula // Chávez
por Aquiles Diggo
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América toda se estremece. Los tiempos se van acortando en la medida en que crece la crisis económica mundial.
América no puede escapar a ella.
Flotamos a la deriva en un rojo mar con distintas correntadas.
Uruguay, por su pequeñez no tanto geográfica, sino política, ha opacado una imagen señera, del pasado, con su actual pobre imagen gris, de segundo plano.
Ha pasado a ser una sombra de lo que fue, interna e internacionalmente.
En el océano rojo de un “Progresismo” con corrientes diversas, que anega América del Sur y Central, todos los gobiernos mantienen diferentes y particulares formas de manifestarse.
Así tenemos a la pretendida “democracia” Cubana, en un extremo, con su dilapidadora y obsecuente Venezuela y a la económicamente firme de Brasil, en el otro.
Era de esperar, que en alguno, de los países de una América, que no acaba nunca de superar su propia incapacidad para usar la libertad y la democracia en su provecho, por dejarse de influenciar por políticas que no son afines a su idiosincrasia, que no atina a desterrar de la mente de sus pueblos fantasmas de opresión que solo fueron realidad en sus despertares independentistas, era de esperar, repito, que en alguno de ellos saltara la creciente conflictividad, y la violencia se vistiera con el uniforme aciago de la revuelta civil.
Uruguay en ese entorno no ha podido levantar su cabeza y abrir los ojos a su futuro… lo único que hace es mirarse como en el espejo del Río de la Plata y ver en Argentina su imagen. Así se ha vuelto una sombra gris de ese país.
Pero el problema es de toda América, pues los lineamientos de la izquierda internacional, están orientados e implementados desde pueblos eternamente esclavos, que aunque siguen siendo esclavos, pretenden convencernos de su filosofía.
Las soluciones que no sirvieron para ellos, no han necesariamente de servir para nuestros pueblos.
Somos países todavía pobres y por lo tanto, dependientes. No sabemos encarar por ello, la búsqueda de una independencia económica que nunca podrá ser total, mientras en nuestros pueblos predomine la pobreza. Y la pobreza por sí sola, aunque auspicie el poder, no genera riqueza.
Estamos actuando, entonces, como el niño de primer año que pretende pasar directamente a sexto.
Queremos tener las prerrogativas de un país de primer mundo, sin haber recorrido las etapas necesarias, y sin pagar por ello.
Uruguay se caracterizó entonces, por tener una posición política propia.
Así, desde los comienzos de su surgimiento como nación, se debieron encauzar nuestros pasos entre tumbos en una constante evolución, inteligentemente guiada por nuestros naturales líderes, desde Artigas hasta fines de la segunda guerra mundial, que fueron tomando de las distintas corrientes políticas del mundo las mejores ideas, para aplicarlas sin embanderarnos con la de sus creadores.
Eso estaba supeditado a la necesidad de los partidos políticos de ascender al gobierno. Por eso, por ejemplo, José Batlle y Ordóñez, tomó del socialismo francés de la época, las normas sociales que vio trascendentes y las aplicó en su mandato.
Lo mismo hubiera hecho Aparicio Saravia, que no era ningún orate, de haber sido quien gobernara.
El devenir del tiempo, fue dándonos, con la pléyade de personalidades que gestó en nuestra patria, una trascendencia política internacional, con una personalidad de país avanzado en progreso y bienestar social.
Fuimos la tan mentada “Suiza de América”
Nuestra voz, era señera y vanguardista, nuestra democracia, refulgía en todo su esplendor.
A nadie se le hubiera ocurrido embanderar al país en una aventura revolucionaria tipo Fidel Castro & Che Guevara.
¡Ni siquiera al socialismo de Emilio Frugoni! Este, luego de haber estado como diplomático uruguayo en la URSS, escribió:
La suerte del ciudadano soviético, sobre todo en el área de su destino individual, sufre el agobio del criterio con que se dirige y gobierna la nación, en los cánones de un estrecho fanatismo pseudo colectivista, que pone los ojos solamente en la masa y desdeña fijarlos un instante en el individuo, cuyos padecimientos pasan a muy retirado término ante los fines generales de la colectividad o el Estado, que se persiguen por encima de todo, inflexible e inexorablemente”
Los gobiernos de turno fueron durmiéndose en los laureles.
Luego de la segunda guerra mundial, al dividirse la política del mundo en Este y Oeste, fueron diseminándose, las tendencias evangelizadoras del Kremlin en nuestras vírgenes y adolescentes naciones.
Y empezamos a querer más, mucho más. Nos metieron en la cabeza que éramos dignos de todo, por nuestra sola existencia.
¡A ganar más, a trabajar menos!
A nosotros, nos alcanzaba para vivir, con trabajar, ahorrar y progresar, pero nos enseñaron a reclamar más, a odiar al poderoso país del norte, a odiarnos entre nosotros mismos, a ver en el que puede ser patrón, a un explotador. A tener como meta, ser engranaje firmemente atornillado de un estado ineficiente.
A creernos individualmente que somos el ombligo del mundo.
A no mirar cómo vivían los pueblos en los países que nos estaban adoctrinando, donde podías entrar, si, pero en visitas guiadas y preestablecidas, donde solo podías acceder a lo que ellos te mostraban. ¡Y todo eso pagando en dólares!
Les dio resultado, e inexplicablemente, como corderos, los pueblos de América, fueron entrando en el corral.
Y a pesar de que ninguno de ellos quería los logros de la vanguardista Cuba, todos endiosaron por encima de sus héroes, a los héroes de aquella, y todos siguieron a los demagogos que se embanderaran con ellos.
¡Todos entramos por el aro!
Pero toda esa perorata progresista, se fue desinflando poco a poco por su falta de sustento real. Fueron nuevamente, saqueadas todas las economías, fueron sacrificadas todas las libertades, y en aras de la “independencia del imperialismo”, perdimos la democracia.
Por unos pocos que se creyeron dueños de la verdad, pagamos todos. Nos enseñaron a no pensar, a repetir como oración de fe, slogans que nos prometían el cielo.
¡Y así estamos! ¡Los ricos fueron cada vez más ricos, y los pobres se multiplicaron!
Pero como todo se resuelve en el interés, al no correr parejo el flujo del bienestar, se iban tarde o temprano a crear oposiciones. Por lo mucho o por lo poco…
Y se dieron los encontronazos, por dentro de cada país, y por fuera.
Y así llegamos a esta primera coyuntura seria, con los problemas internos de un país, Bolivia, que hoy trascienden al interés internacional.
Por suerte, todavía, y a pesar de las divergencias políticas de los distintos gobiernos, se pretende mantener un sesgo regularmente respetuoso de la autonomía de las decisiones de cada pueblo.
Pero nunca falta, y no faltó, el extremismo de alguno, como en este caso el de Venezuela, con su presidente, Hugo Chávez el musolinesco clon de un obsoleto, ineficiente y desgastado Fidel Castro,
Uruguay, quizá obligado por una historia que no puede superar, se plegó como debía ser, a la recomendación del emergente líder de nuestros insípidos gobiernos: Ignacio Lula Da Silva, el inteligente y carismático presidente del Brasil.
Es que Brasil, no solo es grande territorialmente, sino que para su propio bien fue favorecido por el Destino con un personaje como pocos se han visto en los últimos años en América latina.
Mejor dicho: ¡como ningún otro!
Su gobierno soportó, las más abundantes y comprometedoras denuncias de corrupción que se hayan visto.
¡Y las sobrellevo, con holgura!
¡Claro! ¿Qué partido político de cualquier país del mundo puede garantizar que en sus filas no haya corruptos?
¡Ni siquiera la más austera y mística religión, o iglesia, lo puede!
Lula tomó la batuta, y llevó magistralmente la opinión de todos los países americanos a buen puerto, ¡menos mal, que a pesar de inocuos y faltos de ideas propias, los demás países nos alineamos al curso torrentoso de su orientación!
¡De no ser por su inspirada y todavía no muy adoctrinada “progresista” conciencia, estaríamos quizá, enviando tropas a intervenir en un conflicto interno de la República de Bolivia!
¡Ojalá, los afiebrados cerebros de nuestro atribulado ultimo “gobierno progresista” en lugar de mirar y copiar lo que se hace al oeste del rio Uruguay, miraran y copiaran lo que se hace al norte!
¡Ojala, las próximas situaciones álgidas que irremediablemente deberán surgir en América, nos encuentren a los que navegamos en estos inciertos e inseguros mares, con nuevo timonel y nueva tripulación!
¡Es esa mi más firme esperanza!
¡Porque con las banderas y el rumbo que lleva esta tripulación actual, de hacer otra travesía de cinco años, seguramente y para nuestro mal, arribaremos, mal que nos pese, a playas caribeñas!
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| Gentileza de: Uruguay Perdido |
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