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         Hoy no estoy hablando de política, ni de políticos, en lo que al gobierno del país significa. Tampoco estoy aludiendo a quienes reconocemos como “integrantes del sistema político”, léase por esto senadores, diputados, integrantes de gobierno, ediles, dirigentes.

         Hoy estoy hablando de todos quienes de una manera u otra hacen política en sus actos de vida, cuando esa política no se refiere únicamente a votar a un partido u otro.

         Así pensemos por ejemplo en un médico recibido en la Universidad de la República quien desea convencer a sus colegas sobre un mejor método para curar el cáncer, más allá de lo específicamente técnico, si lo que desea realizar se sale de lo común, de aquello que marcan los protocolos establecidos, deberá sin duda en alguna medida “hacer política” para convencer a sus colegas, además  de las demostraciones científicas a las que deberá, sin duda,  acudir. Pues cuando los temas son técnicos, para convencer a otros técnicos, son imprescindibles contar con estas.

         Pero no imaginamos a un médico, dando una charla a los efectos de cambiar un método de cura, diciendo, además en un acto donde no existe una mayoría de médicos: “Los médicos no saben curar el cáncer, ellos cuando atienden a un paciente lo dejan a medio curar, no practican los controles de rigor, etc.”.
Pido perdón y permiso a los médicos, por utilizar su profesión para intentar explicar el contenido de este artículo. Obviamente no estoy hablando de médicos, por ello los nombro.

         Anda por allí un profesional quien anda haciendo política, o lobby como dicen los gringos, a efectos de lograr la aprobación de un proyecto de ley, donde se presenta en sus charlas como el adalid de los conocimientos técnicos, desmereciendo la calidad técnica de sus colegas, en términos genéricos. Para colmo ese proyecto de ley, que podría ser muy bueno si se mejorase, cuenta entre sus artículos algunos con redacción nada clara, en ella parecería verse la “creación” de algunos favoritismos hacia determinados intereses vinculados en alguna medida al profesional que preside la comisión que redactó el proyecto.

         Por lo tanto, entiendo, como persona privada, que ese profesional, debiera ser un tanto más escrupuloso con sus declaraciones a la hora de desacreditar al barrer a otros, pues estas echan un manto de duda sobre el accionar de personas que dejan la vida trabajando, con responsabilidad, con rigurosidad, preparadas y que siguen preparándose para ello.  Con ello lo único que logra es desprestigiar una profesión que es también la suya, y preocupar inmoralmente  a quienes no entienden del tema, 
Si esta persona quiere mostrar las bondades de dicho proyecto que por otra parte, según él, no va a regular la forma de desarrollar las actividades propias de su profesión a los demás, debiera explicitar cuales son, en ninguna forma negarse a mejorar la redacción de las “zonas oscuras”, pues como dicen los abogados: “las leyes no tienen espíritu, dicen lo que dicen”, y no valerse de la ocupación circunstancial de un cargo promovido por un organismo internacional desmerecer la calidad técnica de personas tan o mejor preparadas que él, preocupando a quienes deben acudir a esos técnicos injustamente, en lugar de explicar profesionalmente por cual motivo su opinión es diferente e intentar convencer técnicamente a quienes disienten con su opinión. Esta persona no debe olvidar que la razón no la tiene siempre alguien, a veces lo mejor se logra integrando opiniones disidentes.

         Salute.         

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© Helena Arce para Informe Uruguay
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