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Año V Nro. 314 - Uruguay, 28 de noviembre del 2008   
 

Visión Marítima

historia paralela

 
Raúl Seoane

TRIBUTO A MI ABUELA LA NONA
Sobre la Vida y lo que algunos llaman la muerte

por Eduardo Jesús West Morena
 
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         Esta vez no hay vuelta atrás. Ya no podré concurrir a su casa de visita.  Tampoco podré tomarla de sus arrugadas y temblorosas manos, que supieron cargar conmigo cuando yo era un bebe recién nacido. Esas manos que alguna vez impidieron que cayera al suelo cuando yo era un chiquilín inconciente de mis actos propios de mi edad. Ya no tendré esos abrazos y esas peticiones, algunas veces desperadas, para que me quede cinco minutos más y me diera cuenta de que no se puede vivir siendo víctima de la maquinaria rutinaria que nos ha alienado casi sin darnos cuenta. Ese modus vivendi que muchas veces nos pone un velo que no nos permite percibir con claridad qué es lo que realmente importa de esta vida, y al menos para mí, es el compartir nuestro ser con nuestras personas más queridas.

         Ya no comeré (aunque hace ya unos años que no lo hago) esos tallarines de los domingos. Tampoco escucharé esas frases tan crueles y oscuras pero tan realistas a la vez como las de mi abuela. Su famosa tríada maquiavélica que quién no la experimentó alguna vez: “dormir y no poder, querer y que no te quieran, esperar y que no lleguen, ¿cuál de las tres elegirías?” Ella me decía: “yo no elegiría ni loca ninguna”. Vos sabes bien Nona que yo tampoco, pero hay veces que tenemos que experimentarlas porque son parte de nuestro vivir.

         Como pueden ir leyendo mis queridos lectores, muchos de ustedes en algún otro lugar fuera del Uruguay, con quienes tenía pendientes brindarles mis textos que hacía unos meses que nos salían a la luz, producto de esta alienación que les comentaba líneas atrás, mi abuela ha partido de esta, hermosa por qué no, vida terrenal.

         Les comento que se llama Irma Vázquez y le decimos la Nona. Una persona muy particular a quien en esta edición de Informe Uruguay, quiero brindarle este tributo. Creo que ella en este momento me inspira para seguir escribiendo y siempre me apoyó en todos mis emprendimientos, demostrándome en varias ocasiones y de diferentes maneras estar orgullosa de mí. Cuando el año pasado, conseguí una de mis metas, graduarme como Licenciado en Ciencias de la Comunicación, ella se sintió muy gratificada y emocionada. Desde ese momento pasé de ser Eduardito a ser su nieto el Licenciado. Si bien creo que nunca comprendió muy bien a lo que refería mi carrera, ella sentía una felicidad muy importante por este logro. Ella fue una de las personas a quien se lo dediqué en uno de los artículos que publiqué el año anterior.

         Una señora que tenía una visión de los acaecimientos propia de principio del S XX y que le costaba adaptarse a los sucesos de nuestros tiempos y también comprender que no todo es blanco o negro. Con una visión por momento pesimista de la vida, sus oraciones a veces tétricas generaban una risa colectiva entre los que estábamos con ella en un momento dado.

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Está Pasando Noviembre
Eros Ramazzotti y Amaia Montero

Para ti este beso en el viento te lo mandaré allí te
dirá lo que siento yo por ti No he podido hacer nada en tu vida ahora se te sentiste ignorada es probable, tal vez si yo
hubiese sabido habría sido una ayuda pero que importa ya ahora que.
Tu puedes jugar siguiendo una cometa Mientras sales por el
espacio a pasear quizás puedas llegar ahora hasta tu meta
y un mundo distinto que no lograste hallar solo que no debió
de ser así solo que la soledad no es mas grande sin ti Para ti
una flor he traído te la dejaré allí bajo un cielo nublado mientras
miro la luz está pasando noviembre y tu tienes 20 años siempre ahora que.

         Pero esta señora, desde hace unos meses a esta fecha comenzó a cargar con la resaca de la vida, de los años e incluso de la soledad exacerbada. Fue así que desde hace un tiempo a esta parte ya se encontraba tendida en una cama, con escasa movilidad y su cabecita dictaminándole que se encontraba por momentos con sus padres, por otros con su esposo y por otros en el presente. “Síntomas propios de la edad”, decían los señores doctores. Pero claro para ellos es un trámite más, el paciente deja de ser una persona para ser el número de llamado de la planilla para llenar para una emergencia médica determinada. Mal o bien, es lo que sucede. Creo que estos doctores si se tomaran el esfuerzo de reflexionar acerca de que el paciente no es un número sino una persona, serían víctimas del dolor y como se dice vulgarmente “se volverían locos”. Más allá de todo, en líneas generales no tuvimos ninguna mala experiencia con ningún doctor, se comportaron de forma correcta.

22 de noviembre de 2008

         El día en que nuestra Nona partió de la Tierra fue el pasado 22 de noviembre. Para mí familia el 22 es un número que ha llevado a muchos familiares. Cuando amanecí ese día y me estaba por dirigir al trabajo, mi madre me comunicó el estado crítico, delicado, en el que mi abuela encontraba. A los minutos me preguntó, en qué fecha nos encontrábamos y le dije que era 22. Nuestros ojos se cruzaron sabiendo de qué se trataba. No somos supersticiosos, ni sabemos demasiado de numerología, pero qué casualidad: mi tía murió un 2 de julio de 2000, mi abuela un 22 de mayo de 2002, mi tío un 20 de mayo de 2007, mi abuela un 22 de noviembre de 2008. El número 2 presente en todos los casos. Enfatizándose más la coincidencia con mis dos abuelas, no en vano mis 2 abuelas partieron un 22. ¿Casualidad? No les podría decir ni que sí ni que no, solo me remito a comunicarles cómo sucedieron los sucesos.

         No sé por qué ese día me encontraba de buena forma, más allá de todo. Es como que uno se va preparando, por más doloroso que sea. Sentía una sensación agradable como que algo bueno iba a suceder. Ustedes se preguntarán cómo este tipo puede sentir eso si un ser querido como su abuela ese mismo día va a morir. Ese es el tema, como dijera mi amigo Andrés Bogorja, ¿realmente se iba a morir? No lo sé, desde mi creencia cristiana yo diría que no, pero no por simple creencia, sino porque así lo sentí desde un principio.

         Eran las 17hs, mis padres, mi prima Analía, la señora que estaba con mi abuela a quien le estoy muy agradecido por su labor profesional pero sobre todo humana, la SEÑORA Mabel González, Orlando, Mara; y este servidor, nos encontrábamos en la casa de mi abuela alrededor de su cama. Ella ya no tenía conciencia, respiraba de forma automática. Su cuello negro producto de la falta de oxigenación, su boca y su interior secos, productos de que ya no podía beber agua. Su respiración se tornaba cada vez más complicada. Todos ellos síntomas de que biológicamente su armadura no podía seguir luchando.

         Eran ya las 18.hs, desde el punto de vista orgánico la situación empeoraba, en un momento se ahogó, con su lengua que estaba salida hacia el exterior. Me asusté y huí hacia el balcón. Miré el cielo celeste; detrás de una nube se escondía el sol, brindándole a esta un brillo especial. Nuevamente esa sensación poderosa me visitó por un momento llenándome de paz. Aunque suene loco sentía que el encuentro con su esposo, tan ansiado por ella durante años, era inminente. Como dijera un amigo, Martín Bila, ¡qué loco!  Tal cual, muy loco diría yo, pero lindo a la vez si lo miramos desde un punto de vista espiritual. Una vez que pasaron unos minutos volví a su dormitorio le di un beso y respiró por última vez. La vimos ir todos juntos, en paz, gracias a Dios. Es indudable que uno se aferra a la vida y por más palabrería a todos nos es difícil aceptar la muerte. Lo es, ustedes lo leyeron, no pude soportar y en un momento tuve que irme al balcón, generándose un nudo en mi estómago.

         Pero lo más lindo fue esa sensación de sentir que ella estaba bien, que vivió y se fue dignamente y nos dejó a todos los suyos sus sentimientos, ideas y sabiduría.

         Una vez dado el acontecimiento, se procedió a llevar adelante todos los trámites fríos que el deber ser impone y dispone y que muchas veces tapan este tipo de experiencias sentimentales, ricas y honestas.

         Para culminar estas líneas quiero decirte abuela gracias por todo lo que me brindaste, vos sabes que te mereces los mejores textos de los mejores poetas de este mundo, pero aunque sea te escribo estas líneas que son de tu nieto el Licenciado, tal como vos me llamabas, pero te digo algo poco importa el Licenciado, el Doctor, o el carpintero, lo que importa es el corazón, el respeto y el afecto que te tuve y te tengo y lo que vos diste por todos nosotros. Te grito a viva voz al Uruguay, al Mundo y al Cielo: ¡TE QUIERO MUCHO!

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© Dr. Alberto Scavarelli para Informe Uruguay
 
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