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La inseguridad que nos aqueja
por Helena Arce
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Y no le voy a dar palos a la Ministra, creo que la situación la ha desbordado, y en los únicos que podría apoyarse para salir adelante, no lo hará pues son dirigentes de la oposición. En el Frente Amplio hay toda una especie de idea romántica de lo que ocurre, muy lejos por cierto de la realidad, quiero creer en ello, y no acusar a sus dirigentes de adrede, haber menoscabado la ética de los pobladores de este país a sabiendas. Pero resulta obvio que si hace casi 30 años que estamos con la letanía sobre la maldad de quienes salen adelante, y que ello es posible únicamente pisando a los demás, quito a quienes nacen en condiciones económicas menos favorables la ilusión de poder salir a flote, por su propios méritos.
Hoy recibí un correo de un amigo, que decía algo así:
“En nuestra sociedad (Uruguaya) años atrás, cuando la clase media era imperante, cuando la enseñanza era lo que realmente debe ser, cuando la pobreza estaba limitada y era además una pobreza digamos digna, si alguna vez fue digna la pobreza, la violencia en nuestro País era algo inusitado, por lo menos comparado a los parámetros actuales.” “Dejémonos de hablar de la dictadura, que si colaboro!, pero no es el factor desencadenante de la violencia que nos ocupa.
Esta violencia es distinta, esta apoyada por drogas, por la impunidad de los
años de quienes la cometen, la mayoría de las veces apoyados por los mayores
que los utilizan como escudo, por la decadencia de la enseñanza (o cultura)
por la pobreza!
Esa pobreza indigna, esa pobreza que no deja atisbar una salida, esa pobreza
que fue paulatinamente en aumento y que es incontenible.
El nivel de natalidad de acuerdo a las distintas franjas sociales es
abismal, les guste o no, dentro de poco van a ser los desposeídos la
mayoría, los que elegirán los gobernantes, los que, impunemente por ser
desposeídos pueden robar a la UTE, a OSE, o al que aparezca enfrente a
ellos, es el Uruguay del futuro.
Salvo que todo cambie, el futuro del Uruguay esta en esas manos.”
Y lamentablemente es cierto, yo lo único que agrego es que es si, alguna vez la pobreza fue digna, cuando no le achacábamos la causa de nuestra propia pobreza a quienes no eran tan pobres como nosotros, cuando no nos molestaba que hubiesen personas con más posibilidades económicas, y por sobre todo sabíamos perfectamente que esforzándonos podíamos salir adelante. El ser pobre no era sinónimo de incultos, ni ordinarios, ni mucho menos delincuencia. Y por las dudas me atajo, yo nací en un hogar pobre, donde mis padres trabajaban de sol a sol, y así salimos adelante. Aun recuerdo a mis padres diciendo: “a mis hijas no les quiero dejar bienes, únicamente les quiero dejar una buena educación, con ella siempre van a salir adelante:”
En algún momento algo hizo crack y se dividió la sociedad, entre aquellos quienes buscaban un futuro mejor, donde no les importaba ir a un hospital público pues iban a ser bien atendidos, donde se prefería la escuela pública pues estaban las mejores maestras y los mejores planes de estudio. Cuando ir a la Universidad de la República era un orgullo, los profesionales egresados de ella eran altamente calificados, y por ello buscados por empresarios nacionales y extranjeros. Donde no se les reprochaba permanentemente haber estudiado allí, como un favor hecho por los demás, sino se los veía como una inversión del país para mejorar.
Ahora más que la pobreza económica, nos encontramos con la pobreza cultural, donde los Tinellis son los reyes del rating, donde hasta nuestros artistas televisivos mueren por salir en revistas de chismes. Donde los chicos van a la escuela y al liceo, pero no conocen a Rodó, ni a Vaz Ferreira. En todos los años escolares mi hijo no tuvo un solo libro de lectura, por suerte en esta casa se lee tanto, que por ósmosis salió lector compulsivo, como nosotros.
Pero los mismos chicos, independientemente de la situación económica de sus padres, de si van a liceos públicos o privados, según los valores de su casa, están separados de los demás, divididos, buscando su lugar, el que no los une a todos los chicos. Están creciendo dos castas separadas, dos razas y las características de estas razas, no tienen nada que ver con su color de piel, ni por sus ascendientes, las divisiones están dadas por su forma de encarar la vida. Unos estudian y/o trabajan, intentan salir adelante por sus medios de la mejor forma posible dentro de sus posibilidades, tienen hábitos higiénicos, se divierten sin molestar a nadie. Los otros no trabajan ni estudian, viven en la droga, en la alienación, tratando de sacar ventajas a como sea posible, viviendo de los demás pidiendo y sino robando. Y sí, estos últimos quienes no tienen hábitos higiénicos ni sanitarios, que no conocen límites, se reproducen en mayor escala. Así nuestros hijos se encontrarán con un país dividido en dos razas, castas o como se les quiera decir, que por su propia esencia no encontrarán caminos de integración, de inclusión.
Y la salida será huir del país, pues de lo contrario, cada uno de ellos contará con la pesada carga de mantener a unas 15 personas cada uno, además de si mismos y las familias que formen. Y eso es una pesada carga para todos.
O terminarán como en los demás países, con una aterradora división viviendo en “casas fuertes”, asistiendo a lugares de diversión también fortificados, donde no puedan entrar los otros. Esto es obviamente causa de la desaparición de la clase media, y la creación de los marginados, a quienes en vez de alentarlos a incluirse, a mejorar, a buscar otros rumbos, los justificamos, les hacemos ver que esa vida es culpa de los demás, y nada tienen que ver ellos y sus elecciones en como se desarrolla su vida.
Seguimos eludiendo la responsabilidad que le asiste a cada persona en como se desarrolla su vida, y no estimulamos a los jóvenes a buscar su propio desarrollo fruto de su propio esfuerzo.
Así los otros, se sumergen cada día más, entienden que como la culpa no es de ellos, les asiste “derecho” a arrebatarles lo que tienen, destrozan su vida en la droga. Y cada vez se dividen más. Sube la inseguridad, pues se les da autorización para quitar a los demás lo que no buscan lograr por sus propios medios, y en forma cada vez más violenta.
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