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Año V Nro. 352 - Uruguay, 21 de agosto del 2009
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El sábado pasado la Convención del Partido Nacional volvió a dar el ejemplo de cómo se debe desempeñar un partido político para enfrentar una elección que tiene enorme chance de ganar, y en qué forma debe prepararse para gobernar en caso que le corresponda dicha responsabilidad. Pero hoy queríamos poner de manifiesto otro tema; probablemente muchos de ustedes recordarán que en algún momento de su dura enfermedad, Wilson le manifestó a Susana que cuando se muriera, la gente no iba a tardar mucho tiempo en olvidarse de él, algo que además sucede frecuentemente con los distintos personajes de la vida política. Dicho pronóstico no pudo estar más alejado de la realidad y no necesitamos argumentos para explicarlo; su figura está incorporada a la memoria colectiva aún cuando ya han pasado 21 años de su desaparición física. La referencia viene al caso precisamente por lo que pasó el sábado en la Convención. Durante el largo cuarto intermedio de la tarde, se exhibieron videos de la vida de Wilson Ferreira Aldunate que por cierto, no es la primera vez que la gente tiene posibilidad de observarlos. Sin embargo, junto a un grupo de correligionarios, pudimos apreciar azorados, gratamente sorprendidos y con la piel de gallina, con qué fuerza tremenda le sigue llegando a nuestros compatriotas, la figura del líder nacionalista. Hay que ver con qué atención, con qué sentimiento y con qué afecto la gente seguía las imágenes, aplaudía a rabiar los momentos principales y se emocionaba hasta las lágrimas viendo su último discurso en el Senado, escenas del día de su liberación o el adiós final, el día de su sepelio. Antonio Mercader, que estaba sentado a nuestro lado, pudo advertir también esta circunstancia y sentirse admirado de la vigencia de quien fuera un líder carismático y talentoso como pocos, en la historia del país. Por si todo esto fuera poco, esta semana tuvimos conocimiento de una noticia que no hace más que agigantar la figura de Wilson. La aparición de documentos que ratifican que, efectivamente como él y su Partido Nacional lo denunciaron, hubo fraude en las elecciones nacionales de 1971 que se ideó con el único propósito de impedirle su acceso a la presidencia de la república. Todo un hecho político que nos genera dos sentimientos encontrados. Por un lado la amargura de saber que sí, efectivamente le robaron la elección y se la robaron doblemente, por el fraude de la reelección y por el fraude al momento de contabilizar el resultado. Y por otro la satisfacción de que el tiempo, también en esto, le termine dando la razón lo que agranda, aún más, su inmensa figura. Porque en su época, no faltó quien dijera que era un “loco bravo”, herido en su amor propio por la derrota que no sabía aceptar, de la misma manera que muchos señalaron que no existían elementos para cuestionar el acto electoral. La historia, los documentos, una vez más en el caso de Wilson, demuestran que su duro cuestionamiento al comicio, así como su prédica contra el gobierno ilegítimo primero y dictatorial luego que presidiera Bordaberry, estaba cargado de fundamento y de seguirse el camino que el Partido Nacional demandaba entonces, quizás se le hubiera evitado al país un mal de las características terribles que luego le tocó vivir. Nos llena de orgullo, una vez más, la figura de Wilson. © Dr. Francisco Gallinal para Informe Uruguay
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