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¿Quién lo hizo?
por Pedro Bordaberry
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“Hay dos tipos de personas: las que hacen el trabajo y las que dicen que lo hicieron. Trata de estar en el primer grupo. Hay menos competencia en él.”
Las palabras de Indira Gandhi son más aplicables que nunca en estos tiempos electorales. Todos competimos por estar en el segundo grupo, en el de los que dicen que lo hicieron. Creemos que eso nos asegurará votos en la próxima elección.
Entonces aparecen las peleas por la paternidad de la terminal del aeropuerto de Carrasco, el puerto, la doble vía Montevideo-Colonia, el Puente de las Américas, las escuelas de tiempo completo o hasta ¡las asignaciones familiares!
Recuerdan aquellas campañas publicitarias argentinas en que un locutor repetía ¡Menem lo hizo!
Esa competencia por acreditarse los logros, que se da cada cinco años, no permite que el país se desarrolle a largo plazo.
Al llegar el día de la elección hay que presentar resultados o acreditarse los de otros. Entonces se cortan cintas de emprendimientos contra los que se voto o incluso se apuran obras o se anuncian proyectos para que quienes vienen detrás los concreten. Quienes llegan detrás no los continúan porque el otro tomará el crédito del trabajo y así seguimos.
Parecemos dos pelados peleando por un peine, diría Borges con su ironía.
Existen, sin embargo, algunas excepciones que muestran que el camino no es pelear por ser reconocido como quien hizo el trabajo sino hacerlo.
El desarrollo forestal del país es un claro ejemplo de ello. La ley fue aprobada durante el gobierno colorado del Dr. Sanguinetti, impulsada activamente por el blanco del Dr. Lacalle, reimpulsada por la segunda presidencia del colorado, se inició la etapa industrial con Botnia bajo el mandato del Dr. Batlle y fue defendida y puesta en funcionamiento por la actual administración frenteamplista de Tabaré Vázquez.
El resultado de veinte años de trabajo de todos los partidos convirtió a la forestación en una nueva actividad dinamizadora de la economía y nuestras exportaciones. También en un factor de empleo.
El puerto de Montevideo es otro ejemplo. Impulsada la ley bajo la Administración blanca, fue profundizada por dos gobiernos colorados y hoy seguida por el Ing. Puntigliano que acaba de abandonar el cargo.
Por el otro lado hay problemas que siguen sin solucionarse en el país. Son aquellos en los que no se lograron políticas estables y a largo plazo: la educación, la seguridad, el combate contra la pobreza y la exclusión social.
En ellos, en lugar de hablar de planes a diez, quince, veinte años, cada Administración se preocupa por números e índices cortoplacistas.
El problema es que para mejorar hay que plantearse metas y objetivos, desarrollar políticas constantes durante 8 o 9 años por lo menos antes de ver resultados concretos y buenos.
La inversión que hoy se hace en educación realmente se verá cuando se aumente la matrícula de la enseñanza secundaria dentro de 8 o 9 años. Lo que muchas veces desmotiva al gobernante quinquenal.
Quizás debiéramos recordar no solo las palabras de Gandhi sino las del gran José Martí cuando expresaba que hacía lo que creía bien en él y bueno para los demás “conscientes que rara vez da sombra el árbol a aquel que lo planta”.
© Pedro Bordaberry
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