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Año II - Nº 59 - Uruguay, 2 de enero del 2004

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Los cambios que trajo el 2003
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ENCUENTRO GARDELIANO
Walter Celina

Con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos y en ocasión de un nuevo aniversario del natalicio de Carlos Gardel, la convocatoria fue a un encuentro en Tacuarembó. Asistiríamos a una exposición reivindicatoria de la identidad de nuestro máximo cantante y rendiríamos un tributo a la viva memoria de la más grande voz popular de la lengua hispana.

Si bien desde Venezuela el Dr. Israel Álvarez de Armas debió diferir -con su ausencia, motivada por razones de fuerza mayor- una exposición con más pruebas, concurrentes a demostrar la distinta identidad del francés Charles Romuald Gardés y la del

rioplatense Carlos Gardel, expertos pusieron arriba de la mesa conclusiones antropológicas relevantes.

Al mismo tiempo, hermanos argentinos y uruguayos subrayaron, una vez más, la vigencia de su adhesión al Zorzal Criollo y a los perfiles de la música que nos representa: el tango.

Fue así que compartimos una misma mesa de labor, porteños, montevideanos, litoraleños de ambas bandas del Río Uruguay, con amigas y amigos tacuaremboenses.

ENTRANDO EN MATERIA
Las casi distantes investigaciones del periodista Erasmo Silva Cabrera y las posteriores indagatorias del Dr. Eduardo Payssé González, del Arq. Nelson Bayardo y otras talentosas personalidades del tango, afirman -más allá del vigoroso enraizamiento de Gardel en la cultura criolla-, la esencialidad de una identidad que surge, se amasa y nutre en nuestros propios espacios geográficos.

Un chico, presuntamente “toulousiano”, que no domina ni tampoco pronuncia bien el francés, desde luego, no podía tener la nacionalidad europea que le fue atribuida.

A su vez, un francesito -hijo de Berthe Gardés- exhibe cualidades propias y distintivas.

¿Cuáles eran? Una excelente escolaridad y, al parecer, aptitudes escasas para el canto y una conducta con baja puntuación.

Cabe decir que allí, donde las huellas del tiempo parecen perderse, la visión de gente asociada a distintas disciplinas, va derribando muros y posicionando focos en sitios con penumbras y oscuridades.

ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DEL 2001
Muy brevemente, relato que estaba en posesión de un estudio formulado, en julio de 2001, por el Lic. Horacio E. Solla, antropólogo forense, miembro del American College of Forensic Examiners.

A su consideración se sometieron varias fotografías, a saber: A) De un niño de edad escolar y un adulto uniformado (corresponderían a Charles Romuald Gardés, hijo natural de Berthe) y B) Dos más, correspondientes a Carlos Gardel. Una de joven y otra de adulto.

Tras realizar superposiciones, cortes sagitales, mezclas y comparaciones digitalizadas por computadora, etc., atendiendo contornos craneanos, pabellones auriculares y otros elementos inherentes a los rasgos fisonómicos, se concluyó que se trataba de “dos individuos diferentes”.

Lo que en un momento fue “verdad oficial”, sostenida por publicaciones que presentaban a un Gardel (o Gardés) único, ahora el instrumental forense revela que se trata de dos personas, bien distintas.

Más todavía. Atendiendo las fotografías que corresponderían a Charles Romuald Gardés, la similitud detectada llega al orden del 75%. Se trata de las concordancias entre un escolar y alguien adulto, con vestimenta militar, al que la Sra. Berthe Gardés hizo pasar por el Carlitos nuestro, cuando, en realidad, se trataba no del niño “adoptado”, sino de su propio hijo. Aquel que la señora Gardés tuviera en Francia, cuando Carlos estaba en suelo uruguayo, seguramente pisando las calles del Barrio Sur, en Montevideo.

CORROBORACIONES ACTUALES
Ahora bien. En el encuentro gardeliano de Tacuarembó se conocieron nuevos elementos, los que van en refuerzo del estudio que acabo de citar.

Se trata de otro concluyente análisis, formulado por el Dr. Horacio E. Solla y dirigido al Dr. Héctor Bello, compatriota de vasta trayectoria al servicio de la música platense. Las conclusiones fueron adquiridas hacia fines de agosto último.

También, la poetisa argentina del lunfardo, Sra. Martina Iñiguez, aportó datos ampliatorios que refieren a la escolaridad de Charles Romuald Gardés, arrojando más luz a los estudios de la investigadora Guadalupe Aballe y al reforzamiento de las tesis del Dr. Eduardo Payssé González.

MÁS SOBRE LA IDENTIDAD DE GARDEL UNA PERSONALIDAD RELUCIENTE TRASPASA LA “CULTURA BÁRBARA”

Las sociedades platenses, tras de acceder primero al estatus formal de países independientes, debieron después ir plasmando los contenidos de su sensibilidad, en un tránsito que Barrán ha denominado como de un abandono progresivo de la “cultura bárbara”.

Seguramente que la peripecia infantil de nuestro Carlos Gardel entronca con un mundo asediado por los rasgos de un primitivismo que hoy nos parece absurdo. En el camino de las ineluctables transformaciones, ese universo daba pasos hacia su caída pero, aún, no desaparecía.

El Código Civil uruguayo fue precedido por un informe de una Comisión Revisora, que se expediera en 1867, quedando sancionado como la Ley N° 917, durante el denominado Gobierno Provisorio Dictatorial de Venancio Flores.

Dicha legislación reguló la propiedad, la forma de heredar, los contratos -que dan regularidad a los negocios- y un serie de capítulos más, relativos a las personas, para citar lo más significativo.

En cuanto a las personas dicha normativa va a establecer qué es estado civil y cómo se prueba; cómo se constituye el matrimonio y cuáles son las responsabilidades emergentes; la paternidad y la filiación, incluyendo el derecho del hijo a contestarla o reclamarla; los hijos naturales y maneras de proceder a su reconocimiento y otras especificaciones.

El Código de Tristán Narvaja aparecía como un instrumento para un estado social que todavía continuaría prevaleciéndose de anacrónicas modalidades.

Comenzando el siglo XX, con el acento de las presidencias de Batlle y Ordóñez y la potenciación de las ideas de justicia -enarboladas por el movimiento de obreros, trabajadores, científicos y políticos-, las prácticas bárbaras se trocarían, merced a corrientes humanísticas pujantes, que pulsearon y abatieron a las fundadas en la conmiseración y la moral pacata. La nuevas corrientes iban al encuentro de los derechos del hombre y del niño.

Los que Carlos Gardel no conoció. Él, como tantos, soportó su vulneración. Él como pocos, pasó frente a los infortunios de su niñez estoicamente, como si no los hubiera padecido.

Todo ello arroja luz sobre una faceta que habla de su altura moral, de su enorme inteligencia natural y capacidad para forjar las cualidades de su indiscutida grandeza.

La legislación constitucional uruguaya, la que arranca en 1918, como la inmediata siguiente, del 34, y las de los Códigos Penal y del Niño de ese año, reforzarían -con más “agiornadas” nociones- la protección de los derechos básicos de las personas. No mencionamos ya otros aportes de la legislación nacional, ni los Convenios Internacionales del 48 y del 89, suscritos por el Uruguay.

Es pues, por estas consideraciones, que podemos entender como una cuestión atinente a los derechos humanos el item relacionado con la ocultación y sustitución de la verdadera identidad del máximo exponente del tango y del canto rioplatense.

EL MÁS RECIENTE ESTUDIO ANTROPOLÓGICO
En el encuentro gardeliano de Tacuarembó tomé conocimiento del último estudio antropológico sobre Carlos Gardel. Está fechado el 26/VIII/2003 y rubricada su copia por el Dr. Horacio E. Solla, a quien me he referido en nota anterior.

Su dictamen es concurrente en cuanto a conclusiones con otro del año 2001.

Indica ahora el forense que en el análisis facial “se compararon y estudiaron fotografías” para saber “si existen correspondencias fisonómicas significativas” a nivel “de ojos, nariz, boca y, especialmente, del pabellón auricular”.

Conviene indicar que, en lo principal, se trata de dos fotos, ampliamente difundidas, respecto de las cuales se sostuvo que correspondían a Carlos Gardel. Una, es de un niño, en período escolar; la otra, de un adulto con barba y bigotes, que viste uniforme.

Los estudios fisonómicos primarios advierten, para la primera foto, conformación de cara oval, barbilla fina, labios más bien gruesos, nariz fina y algo pronunciada, atendiendo a los prototipos de Comas y Saller.

Para la segunda foto la coincidencia es plena con la anterior.

Se comparó la cara del niño con la del uniformado, mediante cortes sagitales y mezclas digitalizadas de computadora. Hubo confrontación de los pabellones auriculares izquierdos (únicos visibles).

Los resultados obtenidos establecen “coincidencias muy significativas en puntos clave de la cara”, mostrándose “una gran similitud entre los contornos de la cara en general, nariz, labios, forma de mentón”. Igualmente las coincidencias vuelven a repetirse en “los dibujos y formas de los pabellones auriculares”. Con esta precisa anotación del especialista: los mismos “adquieren su morfología definitiva e inalterable luego de los 4 meses de vida”, con el agregado que “son diferentes en todos los individuos, al igual que las huellas dactilares”. Las coincidencias fisonómicas a juicio del perito son importantes “desde el punto de vista antropológico”, situándose en el 70%.

CONCLUSIÓN DE CONCLUSIONES
El “Carlos Gardel” presentado por Berthe Gardés, otras personas y algunas publicaciones, no es nuestro ídolo. Se trató de una falsificación, en virtud de la cual la susodicha mujer se valió de la estratagema de superponer al hijo que tuviera en Francia -Charles Romuald Gardés-, sobre la identidad del Carlos Gardel rioplatense. Sobre fotos no claras, que acusaban el andar de los años, pudo perpetrarse una suplantación temporaria, de corto vuelo histórico.

Un cotejo prolijo, con nuevo instrumental y modernas técnicas, determinan que las dos personas analizadas por sus rasgos se corresponden entre sí. Charles Romuald Gardés sirvió en el ejército de su país, no así Carlos Gardel, que nunca vistió uniforme militar. En consecuencia, el niño de la primer foto -que se quiso hacer pasar como la del cantor de cantores- no fue otro que el hijo de Berthe Gardés, un infante aplicado, que obtenía buenas calificaciones. Los rasgos de este y del uniformado resultan coincidentes en una proporción altísima.

El Gardel único e inmortal es el niño de Tacuarembó, el “guachito”del Coronel Escayola, el que vagó por estancias al norte del Río Negro y habitó en el Montevideo Sur; el que vivió y creció respirando el cosmopolitismo de la gran Buenos Aires. El que allí cantó y gozó de las mieles de la fama. El que no renunció a su patria de origen, ni negó su “pago chico”.

Deshilado el velo que cubría un aspecto trascendente de su intimidad, sentimos que la verdad va saldando una deuda de justicia, sobre la que ni la adulteración ni el olvido pudieron triunfar.

Por eso el Zorzal Criollo, liberado de las ataduras que le impusieran, se lanza a nuevos vuelos, con sus canciones magistrales, para decir que el tango vive.

Dueño de sí y de su historia más plena, transita por las calles que silban sus canciones y es anfitrión en los pequeños y grandes escenarios en que la vida se representa.

No es extraño pues, que a diario se asome para buscarnos, con amistosa sonrisa y voz imperecedera.