" Haz de Internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad" preHacker.Hacker Digital.
Año I - Nº 52 - Uruguay, 14 de noviembre del 2003

Convenios y Derechos
Ojos Uruguayos en el Brasil
Paseando por las neuronas de los recuerdos
La Cruz de Sal
Hurgando en la Web
Conchillas
Se realizan 33000 abortos voluntarios al año
El avance de la sociedad de la información es sólo para unos pocos
Primero de Noviembre en España
El Interior También Existe
Rincón de Sentimientos
Olvidémonos de las Pálidas
Correo de Lectores
El Marinero
Poesía
 
 
 
 
 

 

COSAS DEL PASADO
LA CRUZ DE SAL
Desde Chuy por Julio Dornel
Se recuerdan todavía algunas manifestaciones religiosas del siglo pasado que estaban relacionadas con hábitos y costumbres de generaciones anteriores, como así también con rituales y cultos africanos.
Por ese motivo algunas costumbres conservadoras se mantuvieron en las primeras décadas del siglo pasado como actitudes y comportamientos que nuestros abuelos se resistían a cambiar. Entre muchas cosas, era común que se tuviera un cuidado especial con los recién nacidos, durante 30 días, en algunos hogares se le prendían velas al santo del que eran devotos los padres, hasta que el niño fuera bautizado. En otros hogares se acostumbraba a prender una lámpara de aceite en el cuarto de las parturientas para ahuyentar los malos espíritus. Sin embargo en aquellos años nadie se hubiera atrevido a solucionar los problemas de los vecinos, por medio de la magia, haciéndose tirar las cartas o visitando los videntes.
En la actualidad en cambio son muchas las personas que recurren con
frecuencia a la magia, a la astrología o al tarot con la esperanza de ver solucionados los problemas económicos o de salud. Los adivinos, las brujas, los videntes y los astrólogos están a la orden del día, actuando en representación de otras culturas, para curar determinadas enfermedades o simplemente para "cambiar la onda" del paciente, leer la mente o predecir algunos acontecimientos.
En algunos establecimientos de campo, donde era común la visita de amigos o familiares que se alojaban en el cuarto
destinado a los huéspedes, siempre había una palangana con agua tibia para que los recién llegados se lavaran los pies, una costumbre que ha quedado en el mejor recuerdo de aquellos años.
Como el invento de Benjamín Franklin no había llegado a la frontera, durante los días de tormenta "eléctrica" los vecinos se refugiaban en sus casas por miedo al relámpago que surcaba el cielo acompañado del trueno ensordecedor, que simulando un cañonazo llegaba a la tierra. Eran tiempos de supersticiones y nada mejor que "cortar" la tormenta con una bendición o con la cruz de sal que en algunos casos asustaba más que los propios truenos.
Esa cruz de sal sobre la tabla de picar carne, era el anuncio de alguna tormenta acompañada por rayos y centellas, con el ruido infernal del trueno que era en realidad lo que más asustaba. Este era el cuadro de muchos hogares fronterizos cuando alguna tormenta asomaba por el horizonte, haciendo la noche en pleno día.
Si la cruz no era suficiente o faltaba sal se recurría al hacha para cortar la
tormenta haciendo ademanes en dirección a los nubarrones, mientras se pronunciaba una oración inaudible con invocaciones a los Dioses de la meteorología.
Tampoco faltaba la ristra de ajos colgada de algún clavo o del tirante (todos los ranchos tenían tirantes) para amortiguar el temporal y fundamentalmente para ahuyentar la tormenta "eléctrica".
Bastaba que el cielo se nublara para que las abuelas comenzaran a esconder las tijeras, cubrir los espejos con sábanas y "apagar" la radio por temor a que algún rayo la quemara o terminara matando al locutor.
Como por aquellos años tampoco teníamos una información muy precisa sobre metereología, lo más seguro era guarecerse en
algún lugar donde ya hubiera caído algún rayo, puesto que las estadísticas de nuestros antepasados señalaban que los rayos no caen dos veces en el mismo lugar. Pero que difícil resultaba encontrar lugares donde ya hubiera caído alguno.