" Haz de Internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad" preHacker.Hacker Digital.
Año I - Nº 48 - Uruguay, 17 de octubre del 2003

Versos y Algo Más...
Alas de Esperanza
Mensaje de Amor
Carta de Juan Salvador Gaviota
Ultima Carta de Juan Salvador Gaviota
Mujeres Desbancadas
Panorama Australiano
Ojos Uruguayos en Brasil
Dos Modelos de País
Ley de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España
Cuando Tarzán estuvo en la frontera
Hurgando en la Web
Recuerdos del Ayer
Sucedió en España
Comunicados Políticos
El Interior También Existe
Rincón de Sentimientos
Olvidémonos de las Pálidas
Correo de Lectores
El Marinero
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

      

Ocurrió justo una semana más tarde. Pedro se hallaba explicando los principios del vuelo a alta velocidad a una clase de nuevos alumnos. acababa de salir de su picado desde cuatro miles metros - una verdadera estela gris disparada a pocos centímetros de la playa -, cuando un pajarito en un primer vuelo planeo justamente en su camino, llamando a su madre. En una décima de segundo, y para evitar el joven, Pedro Pablo Gaviota giró violentamente a la izquierda, y a más de trescientos kilómetros por hora fue a estrellarse contra una roca de sólido granito. Fue para él como si la roca hubiese sido una dura y gigantesca puerta hacia otros mundos. Una avalancha de miedo y de espanto y de tinieblas se la echo encima junto con el golpe, y luego se sintió flotar en un cielo extraño, extraño, olvidando, recordando, olvidando; temeroso y triste y arrepentido; terriblemente arrepentido.
La voz le llegó como en aquel primer día en que me había conocido.
- El problema, Pedro, consiste en que debemos intentar la superación de nuestra limitaciones en orden, y con paciencia. No intentamos cruzar a través de rocas hasta algo más tarde en el programa.
- ¡¡¡Juan!!!
- También conocido como el Hijo de la Gran Gaviota le dije secamente.
- ¿ Que haces aquí ? ¡¡¡ Esa roca !!! ¿ No he ... no me había ... muerto ?.
- Bueno, Pedro, ya esta bien. Piensa.
Si me estas hablando ahora, es obvio que no has muerto, ¿ verdad ? Lo que si lograste hacer fue cambiar tu nivel de conciencia de manera algo brusca. Ahora te toca escoger. Puedes quedarte aquí y aprender en este nivel - que para que te enteres, es bastante más alto que el que dejaste -, o puedes volver y seguir trabajando con la Bandada. Los Mayores estaban deseando que ocurriera algún desastre y se han sorprendido de lo bien que le has complacido.
- Por supuesto que quiero volver a la Bandada. ¡¡¡ Estoy apenas empezando con el nuevo grupo !!!
- Muy bien Pedro. ¿ Te acuerdas de la que decíamos acerca de que el cuerpo de uno no es más que el pensamiento puro ... ?
Pedro sacudió su cabeza, extendió sus ala, abrió sus ojos, y se halló al pie de la roca y en el centro de toda la Bandada allí reunida. De la multitud surgió un gran clamor de graznidos y chillidos cuando empezó a moverse.
- ¡ Vive ! ¡ El que había muerto, vive !
- ¡ Le tocó con un extremo del ala ! ¡ Lo resucitó ! ¡ El Hijo de la Gran Gaviota !
- ¡ No ! ¡ Él lo niega ! ¡ Es un Diablo ! ¡ Ha venido a aniquilar a la Bandada !
Había cuatro mil gaviotas en la multitud, asustadas por lo que había sucedido, y el grito de ¡DIABLO! cruzó entre ellas,como viento en una tempestad oceánica. Brillantes los ojos, aguzados los picos avanzaron para destruir.
- Pedro, ¿ te parecería mejor si nos marchásemos ? Pregunte.
- Bueno, yo no pondría inconvenientes sí ...
Al instante se hallaron a un kilómetro de distancia, y los relampagueantes picos de la turba se cerraron en el vacío.
- ¿ Por qué sera - me pregunté perplejo - que no hay nada más difícil en el mundo que convencer a un pájaro de que es libre, y, de que lo puede probar por sí mismo si solo se pasara un rato practicando ? ¿ Por qué será tan difícil ?
Pedro aún parpardeaba por el cambio de escenario.
- ¿ Que hiciste ahora ? ¿ Como llegamos aquí ?
-Dijiste que querías alejarte de la turba. ¿ No ?
- ¡ Sí ! pero ¿ cómo has ...?
- Como todo, Pedro, Práctica.
A la mañana siguiente, la Bandada había olvidado su demencia, pero no Pedro.
- Juan, ¿ Te acuerdas de lo que dijiste hace mucho tiempo acerca de amar lo suficiente a la Bandada como para volver a ella y ayudarla a aprender ?
- Claro.
- No comprendo cómo te las arreglas para amar a una turba de pájaros que acaba de intentar matarte.
- ¡ Vamos, Pedro, nos es eso lo que tú amas ! Por cierto que no se debe amar el odio y el mal. Tienes que practicar y llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay de cada una, y ayudarlas a que lo vean en sí mismas. Eso es lo que quiero decir por amar. Es divertido, cuando le aprendes el truco. Recuerdo, por ejemplo, a cierto orgulloso pájaro, un tal Pedro Pablo Gaviota. Exiliado reciente, listo pera luchar hasta la muerte contra la Bandada, empezaba ya a construirse su propio y amargo infierno en los Lejanos Acantilados. Sin embargo, aquí lo tenemos ahora, construyendo su propio cielo, y guiando a toda la Bandada en la misma dirección. Pedro me miró y por un momento hubo miedo en sus ojos.
- ¿ Yo guiando ? ¿ Que quieres decir: yo guiando ? Tú eres el instructor aquí. ¡ Tú no puedes marcharte !
- ¿ Ah, no ? ¿ No piensas que hay acaso otras Bandadas, otros Pedros, que necesitan más a un instructor que ésta, que ya va camino a la luz ?
- ¿ Yo ? Juan, soy una simple gaviota, y tú eres ...
- ¿ ... el único Hijo de la Gran Gaviota, supongo ? - suspiré y miré hacia el mar -. Ya no me necesitas. Lo que necesitas es seguir encontrándote a ti mismo, un poco más cada día; a ese verdadero e ilimitado Pedro Gaviota. Él es tu instructor. Tienes que comprenderle, y ponerlo en práctica.
Un momento más tarde mi cuerpo trepidó en el aire, resplandeciente y empecé a hacerme transparente.
- No dejes que se corran rumores tontos sobre mí, o que me hagan un dios. ¿ De acuerdo, Pedro ? Soy gaviota. Y quizá me encante volar ...
- ¡ Juan !
- Pobre Pedro. No creas lo que tus ojos te dicen. Sólo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de volar.
Mi resplandor se apagó y me desvanecí en el aire.
Después de un tiempo, Pedro Gaviota se obligó a remontar el espacio y se enfrentó con un nuevo grupo de estudiantes, ansiosos de empezar su primera lección.
- Para comenzar - dijo pesadamente -, tenéis que comprender que una gaviota es una idea ilimitada de la libertad, una imagen de la Gran Gaviota, y todo vuestro cuerpo de extremo a extremo del ala, no es más que vuestro propio pensamiento.
Los jóvenes se miraron con extrañeza. ¡Vaya, hombre!, pensaron, eso no suena a un norma para hacer un rizo... Pedro suspiró y empezó otra vez:
- ¡ Hum !... ah ... muy bien - dijo, y les miro críticamente - . Empecemos con el Vuelo Horizontal - y al decirlo, comprendió de pronto que, en verdad, su amigo no había sido más divino que el mismo Pedro.
¿ No hay limites, Juan ? pensó ¡ Bueno, llegará entonces el día en que me apareceré en tu playa, y te enseñaré un par de cosas acerca del vuelo !.
Y aunque intentó parecer adecuadamente severo ante sus alumnos, Pedro Gaviota les vio de pronto tal y como eran realmente, sólo por un momento y más que gustarle, amó aquello que vio. ¿ No hay limites Juan ?, pensó, y sonrió. Su Carrera hacia el aprendizaje había empezado.
De esta manera concluyo mi historia, anécdotas y experiencias esperando haberlos deleitado con ellas,
gracias otra vez Jorge Alberto Gaviota, por haberme dado la oportunidad de compartir con nuestras hermanas gaviotas, y ahora continua tu aprendizajes en tu vida, hasta luego.
Juan Salvador Gaviota
Fuente: El libro de "Juan Salvador Gaviota" de Richard Bach.

Hasta luego hermanas gaviotas sigamos aprendiendo a ser libres y a soñar en grande.



Jorge Alberto