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Ocurrió justo una semana más tarde. Pedro se hallaba explicando los principios del vuelo a alta velocidad a una clase de nuevos alumnos. acababa de salir de su picado desde cuatro miles metros - una verdadera estela gris disparada a pocos centímetros de la playa -, cuando un pajarito en un primer vuelo planeo justamente en su camino, llamando a su madre. En una décima de segundo, y para evitar el joven, Pedro Pablo Gaviota giró violentamente a la izquierda, y a más de trescientos kilómetros por hora fue a estrellarse contra una roca de sólido granito. Fue para él como si la roca hubiese sido una dura y gigantesca puerta hacia otros mundos. Una avalancha de miedo y de espanto y de tinieblas se la echo encima junto con el golpe, y luego se sintió flotar en un cielo extraño, extraño, olvidando, recordando, olvidando; temeroso y triste y arrepentido; terriblemente arrepentido.
La voz le llegó como en aquel primer día en que me había conocido.
- El problema, Pedro, consiste en que debemos intentar la superación de nuestra limitaciones en orden, y con paciencia. No intentamos cruzar a través de rocas hasta algo más tarde en el programa.
- ¡¡¡Juan!!!
- También conocido como el Hijo de la Gran Gaviota le dije secamente.
- ¿ Que haces aquí ? ¡¡¡ Esa roca !!! ¿ No he ... no me había ... muerto ?.
- Bueno, Pedro, ya esta bien. Piensa.
Si me estas hablando ahora, es obvio que no has muerto, ¿ verdad ? Lo que si lograste hacer fue cambiar tu nivel de conciencia de manera algo brusca. Ahora te toca escoger. Puedes quedarte aquí y aprender en este nivel - que para que te enteres, es bastante más alto que el que dejaste -, o puedes volver y seguir trabajando con la Bandada. Los Mayores estaban deseando que ocurriera algún desastre y se han sorprendido de lo bien que le has complacido.
- Por supuesto que quiero volver a la Bandada. ¡¡¡ Estoy apenas empezando con el nuevo grupo !!!
- Muy bien Pedro. ¿ Te acuerdas de la que decíamos acerca de que el cuerpo de uno no es más que el pensamiento puro ... ?
Pedro sacudió su cabeza, extendió sus ala, abrió sus ojos, y se halló al pie de la roca y en el centro de toda la Bandada allí reunida. De la multitud surgió un gran clamor de graznidos y chillidos cuando empezó a moverse.
- ¡ Vive ! ¡ El que había muerto, vive !
- ¡ Le tocó con un extremo del ala ! ¡ Lo resucitó ! ¡ El Hijo de la Gran Gaviota !
- ¡ No ! ¡ Él lo niega ! ¡ Es un Diablo ! ¡ Ha venido a aniquilar a la Bandada !
Había cuatro mil gaviotas en la multitud, asustadas por lo que había sucedido, y el grito de ¡DIABLO! cruzó entre ellas,como viento en una tempestad oceánica. Brillantes los ojos, aguzados los picos avanzaron para destruir.
- Pedro, ¿ te parecería mejor si nos marchásemos ? Pregunte.
- Bueno, yo no pondría inconvenientes sí ...
Al instante se hallaron a un kilómetro de distancia, y los relampagueantes picos de la turba se cerraron en el vacío.
- ¿ Por qué sera - me pregunté perplejo - que no hay nada más difícil en el mundo que convencer a un pájaro de que es libre, y, de que lo puede probar por sí mismo si solo se pasara un rato practicando ? ¿ Por qué será tan difícil ?
Pedro aún parpardeaba por el cambio de escenario.
- ¿ Que hiciste ahora ? ¿ Como llegamos aquí ?
-Dijiste que querías alejarte de la turba. ¿ No ?
- ¡ Sí ! pero ¿ cómo has ...?
- Como todo, Pedro, Práctica.
A la mañana siguiente, la Bandada había olvidado su demencia, pero no Pedro.
- Juan, ¿ Te acuerdas de lo que dijiste hace mucho tiempo acerca de amar lo suficiente a la Bandada como para volver a ella y ayudarla a aprender ?
- Claro.
- No comprendo cómo te las arreglas para amar a una turba de pájaros que acaba de intentar matarte.
- ¡ Vamos, Pedro, nos es eso lo que tú amas ! Por cierto que no se debe amar el odio y el mal. Tienes que practicar y llegar a ver a la verdadera gaviota, ver el bien que hay de cada una, y ayudarlas a que lo vean en sí mismas. Eso es lo que quiero decir por amar. Es divertido, cuando le aprendes el truco. Recuerdo, por ejemplo, a cierto orgulloso pájaro, un tal Pedro Pablo Gaviota. Exiliado reciente, listo pera luchar hasta la muerte contra la Bandada, empezaba ya a construirse su propio y amargo infierno en los Lejanos Acantilados. Sin embargo, aquí lo tenemos ahora, construyendo su propio cielo, y guiando a toda la Bandada en la misma dirección. Pedro me miró y por un momento hubo miedo en sus ojos.
- ¿ Yo guiando ? ¿ Que quieres decir: yo guiando ? Tú eres el instructor aquí. ¡ Tú no puedes marcharte !
- ¿ Ah, no ? ¿ No piensas que hay acaso otras Bandadas, otros Pedros, que necesitan más a un instructor que ésta, que ya va camino a la luz ?
- ¿ Yo ? Juan, soy una simple gaviota, y tú eres ...
- ¿ ... el único Hijo de la Gran Gaviota, supongo ? - suspiré y miré hacia el mar -. Ya no me necesitas. Lo que necesitas es seguir encontrándote a ti mismo, un poco más cada día; a ese verdadero e ilimitado Pedro Gaviota. Él es tu instructor. Tienes que comprenderle, y ponerlo en práctica.
Un momento más tarde mi cuerpo trepidó en el aire, resplandeciente y empecé a hacerme transparente.
- No dejes que se corran rumores tontos sobre mí, o que me hagan un dios. ¿ De acuerdo, Pedro ? Soy gaviota. Y quizá me encante volar ...
- ¡ Juan !
- Pobre Pedro. No creas lo que tus ojos te dicen. Sólo muestran limitaciones. Mira con tu entendimiento, descubre lo que ya sabes, y hallarás la manera de volar.
Mi resplandor se apagó y me desvanecí en el aire.
Después de un tiempo, Pedro Gaviota se obligó a remontar el espacio y se enfrentó con un nuevo grupo de estudiantes, ansiosos de empezar su primera lección.
- Para comenzar - dijo pesadamente -, tenéis que comprender que una gaviota es una idea ilimitada de la libertad, una imagen de la Gran Gaviota, y todo vuestro cuerpo de extremo a extremo del ala, no es más que vuestro propio pensamiento.
Los jóvenes se miraron con extrañeza. ¡Vaya, hombre!, pensaron, eso no suena a un norma para hacer un rizo... Pedro suspiró y empezó otra vez:
- ¡ Hum !... ah ... muy bien - dijo, y les miro críticamente - . Empecemos con el Vuelo Horizontal - y al decirlo, comprendió de pronto que, en verdad, su amigo no había sido más divino que el mismo Pedro.
¿ No hay limites, Juan ? pensó ¡ Bueno, llegará entonces el día en que me apareceré en tu playa, y te enseñaré un par de cosas acerca del vuelo !.
Y aunque intentó parecer adecuadamente severo ante sus alumnos, Pedro Gaviota les vio de pronto tal y como eran realmente, sólo por un momento y más que gustarle, amó aquello que vio. ¿ No hay limites Juan ?, pensó, y sonrió. Su Carrera hacia el aprendizaje había empezado.
De esta manera concluyo mi historia, anécdotas y experiencias esperando haberlos deleitado con ellas,
gracias otra vez Jorge Alberto Gaviota, por haberme dado la oportunidad de compartir con nuestras hermanas gaviotas, y ahora continua tu aprendizajes en tu vida, hasta luego.
Juan Salvador Gaviota
Fuente: El libro de "Juan Salvador Gaviota" de Richard Bach.
Hasta luego hermanas gaviotas sigamos aprendiendo a ser libres y a soñar en grande.
Jorge Alberto
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