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Año V Nro. 350 - Uruguay, 07 de agosto del 2009   
 
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por Darío Acevedo Carmona - (Perfil) - Medellín/Colombia -

 
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         Los tentáculos de las Farc hacen estragos en las relaciones diplomáticas de Colombia con Ecuador y Venezuela. Chávez y Correa incapaces de dar una respuesta adecuada a las explicaciones solicitadas por Bogotá apelan al lenguaje amenazante y al insulto. Eluden el tono y los canales diplomáticos y optan por la incontinencia verbal para disfrazar la ausencia de argumentos y razones creíbles. Ambos están pagando el precio de haberse coligado, de haber apoyado y de estar protegiendo a las Farc. Ambos sacrificaron la posibilidad de hacer sus experimentos dentro de cada país para lanzarse a la incierta aventura de expandir el socialismo del siglo 21 y acercarse a una guerrilla que sólo les deparará el desastre, como en efecto está ocurriendo.

         Detrás de la crisis regional, que no quedó saldada en la reunión de cancilleres del Grupo de Río ni en la plenaria de la OEA en 2008, siempre han estado presente las Farc, organización que representa el puntal de entrada del proyecto chavista en Colombia. La gran mancha roja latinoamericana pintada en un lapso de tiempo bastante corto estimuló las ínfulas de Chávez y el uso de gestos imperiales y ademanes ordinarios y grotescos de quien debe su poder a la bonanza petrolera. Gracias al petróleo, Chávez logró poner a su servicio a la OEA, organismo dirigido por un diplomático de débil carácter y corto vuelo.

         Detrás de la crisis regional lo que tenemos es un caudillo tropical que pretende someter a todo el continente al chantaje de su robusta billetera: envía fajos de dólares en maletas a Argentina, financia grupos favorables a su proyecto en Honduras, Salvador, Perú y Bolivia, le ladra a Colombia, regala petróleo a Cuba, se lo vende barato a países caribeños, peleó con la hora internacional, estableció que 8 por 7 es 52, nacionaliza empresas extranjeras, cierra canales de televisión y emisoras, persigue el periodismo crítico, expulsa embajadores, bloquea fronteras, anula tratados comerciales, rompe relaciones históricas, amenaza a Alan García, despotrica de aquellos que no le siguen el juego, amenaza con invadir a Honduras y con enviar su ejército a Bolivia si Evo, su socio, llega a ser derrocado. Es la arbitrariedad. Además, cree que puede jugar con candela sin quemarse apoyando a las Farc. Se arma hasta los dientes sin necesidad, compra cien mil fusiles rusos para una fuerza armada que no llega a 60 mil, compra 24 cazas sukhoi que llegan de Caracas a Bogotá en veinte minutos, varios submarinos y cohetes antiaéreos. Eso representa un desbalance militar, que analistas despistados desconocen y se lo pretenden achacar a la presencia militar gringa en Colombia.

         En el pintoresco panteón de dictadores latinoamericanos ninguno había tenido la pretensión de fungir como el amo regional, ni siquiera Fidel que aislado en su isla se contenta con vociferar.

         Chávez, y siguiéndole sus pasos muy de cerca, Correa, gobierna más hacia fuera que hacia adentro. Bajo la pretensión de expulsar al imperialismo norteamericano, ha reventado todas las normas y formalidades de la diplomacia y las ha cambiado por el grito, el insulto, la ordinariez, la altanería y la arrogancia. Como se dice popularmente: no respeta pinta. Razones hay para pensar que bordea la locura como el ex presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram.

         La pataleta frente al tema de las bases y la congelación de la agenda comercial con el anuncio de “firmes respuestas a nuevas ofensas” y el chantaje de nacionalizar las empresas colombianas, llevándose de calle todas las reglas comerciales internacionales, deja ver a un Chávez agresor al que poco le importa la suerte de los dos pueblos y al que parece importarle un comino una relación de amistad histórica, profunda y entrañable. Su actitud revela, además, la inconsistencia de la bandera contra el bloqueo americano a Cuba. La verdadera amenaza a la paz regional se encuentra en su política de intervención agresiva y en su expansionismo.

         El gobierno colombiano debe medir muy bien los pasos a dar en el inmediato futuro. No debe ceder a las presiones externas que se oponen al acuerdo militar con los Estados Unidos. Reiterar las garantías de que dicho acuerdo no representa amenaza para ningún tercer estado. Debe oponerse a mediaciones en las que se le exige dar explicaciones por ese acuerdo y que no tocan para nada la exigencia de explicaciones a los gobiernos de Chávez y Correa por el tema de los cohetes y de la financiación a la campaña presidencial por parte de las Farc. Colombia debe ser clara, contundente y firme en pedir un tratamiento simétrico en la materia pero también en reafirmar su soberanía y su derecho de combatir a sus dos peores enemigos: el narcotráfico y el terrorismo con quienes nos quieran acompañar, y en demandar una actitud de cooperación y solidaridad de sus vecinos.

         Coda: dice Carlos Gaviria que la seguridad democrática no debe ser convertida en un problema internacional (E. T. 31/07/2008). Desconoce que es en Chávez, en su proyecto revolucionario expansionista y en su apoyo a las Farc donde está el origen del problema. Todo el país ha manifestado su respaldo al gobierno, excepto el Polo, ¿será que se deja llevar por su antiuribismo y su antiimperialismo y se fila con el chavismo?

© Darío Acevedo Carmona para Informe Uruguay

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