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Año V Nro. 350 - Uruguay, 07 de agosto del 2009   
 
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José Luis Pomi

La Canzonetta Napolitana
por José Luis Pomi

 
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         Hace ya mas de un siglo, que la canzonetta napolitana o canción popular napolitana, por su fascinante mezcla de calidez y alegría conquistó definitivamente, una plaza permanente entre las predilecciones de los melómanos del mundo entero.

         Y a partir de 1990, con la aparición de los tres grandes tenores en terma de caracalla con motivo del mundial en Italia, esas melodías lograron quedar fuertemente enraizadas en el acervo popular.

        Debido a su popularidad, haremos  algunas reflexiones sobre sus orígenes, sobre algunos temas, sobre algunos de sus compositores y letristas, y también sobre algunos de los más destacados intérpretes.

        Realizar una breve historia sobre la canzonetta napolitana, es bastante  imposible, pues la misma no es breve.  Por lo tanto  trataremos de dar una visión suficientemente sintetizada de la misma.

        Lo que si podemos afirmar que la misma tuvo sus orígenes en Nápoles del ochocientos, una época inestable espiritualmente, donde la realidad era fantasía, donde la pobreza era filosofía, donde el dialecto era la poesía  y el alboroto, era la música. 

        Hoy todos conocemos  es que esa canzonetta es cautivante y apasionada, más que otras canciones en el mundo, pues mantiene una autonomía entre sus dos componentes: versos y música.

        La poesía en Nápoles era expresión corriente y dialogante. La música complicada, porque nace de una tradición culta, inspirada para la composición de motivos clásicos aunque populares. Y esa tradición culta, está arraigada en los grandes músicos como: Pergolesi, Paisiello, Cimarosa, etc. que han revestido de una música sublime, las palabras que todavía hoy, resuenan por las callejuelas pobres de Nápoles,  de allí madura, por su rápido instintivo popular.

        El primer verso en dialecto napolitano, data cerca del 1200 con “Jesce Sole” citado en el Boccaccio en la tercera novela de la octava jornada de Decameron.

        Nápoles no se puede estremecer de debajo, las diferentes etapas y la sucesión de tiempos que se superponen y se estratifican en ella, es  una inmovilidad rica en almas que se compenetran. El pueblo napolitano está como suspendido y su movimiento es vertical, aferrado al escollo, pero en continuo ascenso. 

        Nápoles desde el punto de vista físico y geológico, está como suspendida en el aire, se apoya sobre un vacío de una ciudad paralela, que se puede recorrer a través de caminos que la unen a los griegos, a los romanos, a los bizantinos  y a los primeros cristianos.

        Calles, mercados, subterráneos y catacumbas resuenan con un eco,  desde el primer mítico canto de La Sirena Partenope alrededor del 1500. Desde entonces  y hasta principios del siglo XIX, una larga lista de músicos han hecho de la música napolitana un modelo universal de inspiración: Salvatore Cardillo, Mario Costa, Vincenzo Valente, Ernesto Tagliaferri, Rdoardo di Capua, Ernesto de Curtis, e. a. Mario, Ernesto Nutile, Rodolfo Falvo, Franco Bongiovanni, Giuseppe Lama, etc.

         Pero es desde mediados del siglo XIX, que también los versos de la canción napolitana asumen una relevancia digna de las más bellas melodías, que componen músicos  tan famosos como Donizetti, Denza, Tosti, Bellini, etc. con poesías de Salvatore di Giacomo, Ferdinando Russo, Andrea Falcone, Libero Bovio, Giovanni Battista de Vurtis y hasta el propio Gabrielle D’Annunzio.

        Versos que revelan inmediatamente su intrínseca musicalidad, tanto que llevan a la canción napolitana a convertirse en un verdadero y auténtico fenómeno cultural con atractivas melodías que se compusieron y que son insustituibles, como: O Sole Mio, Santa Lucia, I Te Vurria Vasa, Guapparia o Torna a Surriento, entre miles, y que mantienen el dialecto napolitano en toda su esencia.  Y que a más de un siglo de sus estrenos siguen con todo su brío.

        Más aún, el lugar propicio para el lanzamiento periódico de nuevas canciones, lo constituye hasta estos días, el famoso   Festival de Piedigrotta, que tiene lugar  cada año  entre el 7 de setiembre  y la mañana del 8, en esa pequeña localidad, a escasa distancia de Nápoles. Muchas de las canciones oriundas de Nápoles tuvieron que ver con las magníficas festividades religiosas y profanas del lugar.

        Gente de toda Italia se congregan en Nápoles  y es espectacular ver las vestimentas de las mujeres de las distintas regiones: damas de Calabria,  bellas mujeres de la Campania y de los Abruzos, de Procida con   vestimentas ligeras y vaporosas. Las calles y jardines públicos se transforman en lugares de magias: jóvenes pasean entre la multitud ofreciendo frutas, pasteles, licores y helados.

        Muchos de los visitantes llevan cirios, velas o antorchas, y esa multitud parece desplazarse como una marejada de carnestolendas, cantos y gritos, resonar de castañuelas, guitarras, acordeones y mandolinas.

        La cancion que participa por primera vez en el concurso en Piedigrotta, es “Te voglio bene assaie”  desconociéndose aun,  quien fue su autor.  Pero si se sabe, que se editaron 180.000 copias del texto y la partitura. En 1850 el editor Azzolino, difunde la canzonetta  mediante volantes que traían los versos y la música que se cantaba en todo Nápoles, por jóvenes que se denominaban cantantes ambulantes.

        De ese año data la famosa “Santa Lucia “ de autor anónimo. Hay quienes aseguran que esta melodía fue escrita por Gaetano Donizetti, quien vivía en Nápoles y estaba al frente de su compañía representando su famosa “Lucia Di Lammermoor “ y era además director del teatro real de Nápoles.

        Su intensa actividad en esta ciudad fue de 25 años, donde compuso 75 operas, 28 cantatas, 115 obras de música religiosa e incontables arias de cámara y piezas de salón, que luego recopiló como sus incursiones en la canzonetta napolitana, donde figura “Me Voglio Ga Na Casa “, melodía chispeante y graciosa, que tanto Pavarotti como Bergonzi la han incluido en sus presentaciones.

        De 1850 nos vamos a 1880, donde el compositor Luigi Denza compone una melodía para unos versos  de Peppino Turco y que se refieren a la  inauguración del funicular que tenía su recorrido desde Nápoles a la cima  del Vesubio.

        ¿Por qué Luigi Denza compone Funiculi Funicula?

        Prevista la construcción y pasado los primeros momentos de entusiasmo luego de la inauguración, los turistas preferían subir la pendiente con los viejos métodos de bastones, o caminar abrazados, porque era más romántico.

        Denza cree que cantar una canción dentro del funicular atraería más turistas y los propios napolitanos tendrían un lugar más para cantar. Por lo tanto se trata de una  canción  compuesta para una ocasión apostando a la suerte, como un spot publicitario, logrando el editor Ricordi vender más de un millón de copias.

        En los versos de Turco, un joven invita a su amada Nina a subir con él hasta la cumbre del volcán en el nuevo y emocionante vehículo. Desde allí podrán ver el ardiente cráter y a lo lejos, el grato perfil de la distante isla de Procida, Francia y hasta las costas de España. Y cuando se cansen de mirar en derredor, podrán contemplarse desde muy cerca, uno al otro, y con amor, mirarse a los ojos. Así que démonos prisa para no perder el funicular.

        Con la presentación de esta melodía en Piedigrotta, donde obtuvo el primer premio, nace sin lugar a dudas, el periodo de oro de la canzonetta napolitana en el mundo.

        Uno de los mejores intérpretes de esta canzonetta y de tantas otras canzonettas napolitanas, es el tenor Giuseppe di Stefano, nacido en Sicilia y su pasión  por estas melodías, se embriaga de todo aquello que es la propia vida de las mismas. Esa epoca se ve inundada de melodías que son las verdaderas tarantellas, cuyo ritmo se apoya en el canto, siempre dispuesto a renovar el corazón.

        En 1886 uno de los grandes compositores italianos de clásicas canciones, como lo ha sido Paolo Tosti, incursiona por primera vez en este tipo de música, y compone la no menos famosa tarantella: Marechiare, que lleva el nombre de un suburbio de Nápoles, con versos de Salvatore di Giacomo.

Cuando la luna se eleva sobre Marechiare,
hasta los peces se estremecen enamorados
y las agitadas olas cambian de alegría su color.

         Estas son las  primeras frases que el autor quizo describir sobre ese suburbio tan napolitano en 1898 Edoardo Di Capua compone lo que muchos llaman el segundo himno de Italia: O Sole Mio  una canzonetta dedicada al sol de Nápoles

cuando sale cuando se oculta
como el más bello de todos.
pensemos que hay un solo sol,
pero en Nápoles tiene otra belleza
tanto cuando sale o en su puesta.
cuando el sol desaparece
me entra una especie de melancolía.

        Una canzonetta poco conocida pero que lleva el encanto de su protagonista que mira a su rosa dormir plácidamente en un jardín, no la despierta, sacrificando el natural deseo de besarla. Es I te Vurria Vasa, quisiera besarte. Uno de sus grandes intérpretes es el tenor Carlo Bergonzi  que con 86 años, sigue aferrado a su hotel y restaurant en Busetto, dando masters class.  Lo escuché personalmente en la década del 60 en el Teatro Colón de Buenos Aires en una versión histórica de la ópera de Verdi Il Trovatore, al lado de otros grandes como Leontyne Price, Piero Capuccilli.  Increíblemente lo descubrí apenas hace tres años, como un magistral interprete de la canzonetta.

        Así llegamos a principios del siglo XX,  donde una canzonetta ocasional, sigue siendo la referente indiscutible de Nápoles, especialmente de Sorrento: Torna a Surriento en 1902, un apoderado influyente de la región  el sr Giuseppe Zanardelli, se hospeda en el gran hotel de Guglielmo Tramontano en Sorrento y otorgándole hospedaje espera de este señor, que su hotel obtenga la primera clase, insistencia que abruma a Zanardelli, volviendo a  Toma sin pagar su estadía.

        De inmediato convoca a los hermanos Gian Battista y Ernesto de Curtis, para solicitarles que escriban una canción en serio y con furia, y que la dediquen a Sorrento.

        El suceso internacional de esta famosísima canzonetta le ha otorgado a Sorrento, además de sus bellezas naturales, un lugar de privilegio para el turismo y la música.

        Aquí también anualmente, está instituido el festival de la canción de Sorrento.

         En 1903 el compositor y maestro de canto de las cortes de Sicilia y Gran Bretaña, Paolo Tosti, compone con letra de Gabrielle D’annunzio, una de las más hermosas  “A vucchella “ que habla del beso boca a boca.

        En 1911, el compositor Salvatore Cardillo dedica a un napolitano, como lo fue el mas grande de los tenores: Enrico Caruso una canción que tituló: Core’ngrato que todos los cantantes hemos cantado, pero sin lugar a  dudas la perfección y la elegancia que Caruso puso al servicio del verdadero amor, es unico.

        La letra tiene como autor a Alessandro Coldiferro, hijo de un napolitano que vivía en Nueva York.                                         

        Llegando sobre los años 1950 y 60, vemos entrar en crisis a la canzonetta.

        Distintos factores inciden para que ello suceda: crisis profunda que tiene como factor preponderante la falta de artistas  serios que quieran abordar el idioma partenopeo o napolitano. También la música en Nápoles acogió generosamente todo lo que nacía en Estados Unidos: jazz rítmico, blues y rock and roll cuyo intÉrprete principal fue Peppino di Capri con Renato Carossone.

        Pasados los 70 renace nuevamente la clásica canzone napolitana con el nacimiento del café concert y Toberto Murolo fue quien demostró e impulsó el espíritu poético y musical napolitano.

        Digamos como dato complementario que en la década del 30, el compositor de Torna a Surriento junto al famoso tenor Beniamino Gigli,  inician una gira interminable por toda América, en conciertos de beneficencia recordándose sus presentaciones colosales en el Metropolitan de Nueva York, donde ambos artistas tuvieron que volver a escenario para bisar hasta tres veces, su famosa Torna a Surriento, Voce e notte o Canta pe me. Todo su repertorio fue cantado por este gran tenor tanto en América como en Paris, Londres, Barcelona e Italia, además de ser protagonista de tres films donde se mostraba al mundo toda la belleza de sus composiciones: napolitanas en dialecto como también las italianas inolvidables: Non ti scordar di me o ti voglio tanto bene.

        Como final, saquemos algunas conclusiones interesantes.

        Como por ejemplo. Observando una muestra de las cien canciones napolitanas más famosas, se puede constatar que las palabras que más se repiten son el verbo mirar y la exhortación despierta: scetate.

        Despertarse del sueño significa volver a tomar conciencia de la responsabilidad de la vida,  consiste también en reconocer la belleza de la que todo está impregnado.

        Siempre quien ama, tiene el deseo de una correspondencia al gozar de la belleza de la realidad, el deseo de que otros participen de su dolor, como en la canzonetta Tu ca nun chiagne – tu que no lloras.

        Aquí se asocia  a la muerte, mientras que el amor te hace estar despierto. Solo cuando el sueño es un feliz reposo, se puede invocar esta paz.

        Al principio de  la canción Passione, se dice;

cuanto mas lejos estas de mi,
más cercana te siento.

seguramente el mismo título reclama  a la pasión del evangelio, ya que en un determinado momento afirma, no me pesa  esta cruz  que llevo por ti.

         Dice San Agustín, cuando se ama, no se hace esfuerzo o, si se hace, este mismo esfuerzo es amado.  Si el amor concede intrascendencia al sacrificio, el sacrificio si es amado, nos entrega la verdad del amor. Muchas veces el fruto del sacrificio.

         Son las flores regadas por lágrimas. Un sacrificio puede coincidir con lo que uno espera, o no coincidir; pero ciertamente coincide con una flor, la belleza, que hace amar todavía más y de una manera más verdadera.

        El hombre llega a preferir la mujer a la que ama a si mismo: al no poder poseerla, la adora, al no ser correspondido, implora airado la felicidad para ella, consumiéndose de angustia y de celos, espera su vuelta como dice la canzonetta: torna de Gianbattista de Curtis.

        Estos son algunos de los aspectos más bellos de la canzonetta napolitana, más fascinantes todavía si se piensa en el atormentado, contradictorio y confuso momento histórico cultural en la que se enraíza, en el corazón de Nápoles, una ciudad donde casi todo es ilícito,  la ciudad de las paradojas, te puedes encontrar con un palacio al lado de la Galería Umberto, rodeada de calles llenas de basura.

        Un Nápoles extraño y divertido, que hace reflexionar sobre ciertas cosas. Una ciudad destruida y encantadora.

        Cuna de grandes, como: Enrico Caruso, Saverio Mercadante, Gaetano Donizetti, Sofia Loren, Peppino di Capri, Edoardo di Filippo, Elvira Donnarumma, Lina Resal, Renato Carrosone,  Luciano Tajoli, Toto, Ernesto y Gianbattista de Curtis.

        Interpretes, como el propio Caruso, Alberto Rebagliatti, Carlo Buti, Genaro Pasquariello uno de los intérpretes más singulares, Roberto Murolo, Franco Ricci, Mario Merola, Gino Paoli, Renzo Arbore, Bruno Benturini.

        Mas sobre nuestros días: Ferruccio Tagliavini, Giacomo Lauri Volpi, Tito Schipa, Beniamino Gigli,  Franco Corelli, Franco Bonisolli, Giuseppe di Stefano, José Carreras, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, Carlo Bergonzi.  Franco Albano.

        Todo esto es una sintesis  de la belleza de la canzonetta napolitana, esas canciones donde aparecen símbolos sensoriales y elementos sugerentes como las estrellas, el sol, la luna, las flores, las rosas, el mar, el cielo, los perfumes, la belleza de la naturaleza, enlazados con el amor, la pasión, y el destino.

        Basta decir que el eco del canto de las sirenas  de hace más de 2000 años, ya entonces fascinante y sugerente, pero todavía efímero, queda sellado en una poesía y por tanto, en una canción, con carne, sangre, lágrimas y pasión, una poesía de deseo, no de sueño; de realidad, alegre o atroz, pero no de ficción; de mirada, no de fuga: de eternidad, no de instinto.

        Esto convierte a la canzonetta napolitana en un movimiento universal, en el borrascoso e inquietante mar de principios de siglo XX y en nuestra época.

        Bien podríamos repetir aquello de Vedi Napoli e puoi muori.

© José Luis Pomi para Informe Uruguay

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