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Año V Nro. 350 - Uruguay, 07 de agosto del 2009
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Históricamente la izquierda -en cualquiera de sus formas- ha dado rendidas muestras de su animadversión hacia los derechos y libertades como principios fundamentales del desarrollo y la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Este fenómeno se puede percibir en todos los ámbitos, y muy especialmente en el económico, porque es evidente que la manipulación de “la res publica” relacionada con la generación de riqueza constituye una de las piedras angulares para mantener y perpetuar esos regimenes en el poder - ¿hasta donde habría llegado la revolución bolivariana sin los recursos petrolíferos de Venezuela?- Más concretamente, en el caso iberoamericano, esa doctrina se construye a partir de una serie de elementos demagógicos y reiterativos –algunos de carácter autóctono- conectados estratégicamente entre sí para justificar la aplicación de recetas ideológicas insuficientes y claramente fracasadas. Se trata de una característica propia de los regímenes populistas del subcontinente relacionada directamente con el frontal desprecio hacia los valores occidentales, y al que la política económica tampoco es ajena. El victimismo inocente o la imputación de su retraso social y económico a causas exógenas constituyen elementos de ese cúmulo de falsedades repetidas hasta la saciedad y utilizadas por sus dirigentes como principal argumento para aplicar políticas públicas intervencionistas. Una teoría mítica, inútil y radicalmente falsa, que encuentra su fundamento en lucubraciones utópicas de origen marxista reducidas a la simple negación de la libertad. Se niega el liberalismo y los derechos asociados a éste, incluídos los económicos – característica común a los gobiernos radicales de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Cuba- creando un escenario político de arbitrariedad constante y un preocupante deterioro de la seguridad jurídica para la captación de inversión extranjera La lista de prejuicios es tan larga como tendenciosa su formulación y constituye una forma de seña de identidad común a todas esas naciones, aunque –eso es cierto- se apliquen en mayor o menor medida atendiendo al grado de aceptación del sistema capitalista –recordemos, no todas las izquierdas son iguales- Negación de la sociedad “versus” exaltación del Estado Al igual que los regímenes fascistas europeos implantados en el periodo de entreguerras, en el siglo XX, los radicales y populistas gobiernos de izquierda latinoamericana entienden que el Estado está obligado a cumplir la misión de ser el principal agente económico del país. En consecuencia es éste el que ejerce el control del mercado y la economía desde la planificación y el intervencionismo en la totalidad de los sectores productivos.“El Estado, que todo lo puede, provoca esa especie de ensoñación en el pueblo. Unos ciudadanos que terminan por concebir la falsa e irresponsable creencia de su incapacidad manifiesta para decidir sobre su presente y su futuro y que convencidos de su incompetencia terminan por ceder todos los poderes "al elegido", porque es el único capaz de recuperar el honor perdido y realizar un justo reparto de la riqueza nacional".Esta tesis, sobre la que se asienta el neopopulismo, cuenta con el apoyo de amplios sectores de la izquierda del mundo occidental, concentrada en los movimientos antiglobalización y cierto número de irresponsables ongs que, con los frutos del capitalismo, dan una cobertura consciente e inadmisible a los enemigos de la libertad Nacionalismo a ultranza “versus” globalización La postura nacionalista tiene su origen en la negación de cualquier valor que provenga del primer mundo capitalista, lo que en economía implica la búsqueda de la autosuficiencia autárquica y la aplicación de medidas proteccionistas que defiendan los intereses generales de la nación. Todo se construye demagogicamente hacia dentro, rompiendo con la conexión global -a excepción de los vínculos con otros países que se nutran de la misma ideología-. Ese nacionalismo a ultranza constituye la principal razón por la que los regímenes de la izquierda radical latinoamericana reniegan abiertamente de los Tratados de Libre Comercio y de la consecuente apertura económica al mundo. Sin embargo, y dadas las características globales de la actividad comercial, financiera y económica internacional, si recurren a acuerdos con los países ideológicamente similares –con resultados manifiestamente negativos, en la mayoría de los casos- para poder dar salida a la producción de bienes patrios. Es el caso del ALBA , acuerdo que ha nacido herido de muerte, y del que poco se puede esperar en un futuro – como muestra los intercambios comerciales entre Bolivia y Cuba en el año 2007 ascendieron a la cifra de 5.000 dólares. Antiamericanismo EEUU – conocido como el imperio- es el enemigo común a batir y el origen de todos los odios y fobias de los oportunistas gobernantes de esa izquierda latinoamericana. La tesis se enmarca en la necesidad de encontrar una causa externa que justifique su situación sin la necesidad de realizar una mirada retrospectiva a su propia historia, y menos aún un sincero análisis de su dudosa forma de gobierno. Los EE.UU representan, para ellos, la peor expresión del deshumanizado capitalismo, una formulación que se sustenta en un ingente gasto propagandístico y en la desinformación a la que está sometida la ciudadanía común. En cualquier caso el gobierno americano sería el culpable directo de la pobreza en el mundo – por supuesto también de la suya- , además del creador e instigador de una suerte de fuerzas ocultas que tratan de apropiarse de la riqueza planetaria. Nada dicen del sagrado respeto a los principios de la libertad y la democracia que rige en el país norteamericano, y tampoco de la cantidad ingente de ciudadanos latinos que se han visto en la obligación de emigrar a “la tierra de las oportunidades”,tesitura impuesta por las dificultades que han atravesado y atraviesan actualmente sus naciones de origen. En el ámbito económico ese antiamericanismo militante queda diluido por la lógica necesidad de fomentar los intercambios comerciales con la – hasta el día de hoy- primera potencia del mundo, cuestión que indefectiblemente tiene que traducirse en un doble y perverso discurso – el caso de la revolución bolivariana de Hugo Chávez Frías, cuyo primer cliente en la venta de petróleo no es otro que el malévolo imperio americano. Sin duda lo que deberían hacer es imitar el modelo estadounidense para estar a su nivel de desarrollo o superarlos, porque lo evidente e innegable es que la nación americana -como primera potencia mundial- ha reencarnado hasta nuestros días la defensa del sublime valor de la libertad frente a las distintas formas totalitarias…. Si no fuera cierta esta afirmación cabría preguntarse el lugar que estaría ocupando la Europa de hoy después de sufrir la amenaza nazi y la imposición del imperialismo soviético – de existir dos imperialismos éste es el peor- Antioccidentalismo El antiamericanismo es un concepto subsumido en una formulación de mayor complejidad, que comprende la animadversión manifiesta hacia todo lo que simboliza y representa la cultura occidental. Un sistema de principios y valores universales sobre los que se han construido la totalidad de las naciones latinoamericanas y que incomprensiblemente es rechazado por esos dirigentes de izquierda en un falso empeño por transgredir la realidad histórica propia. Se trata de la eterna lucha entre la sociedad abierta y civilizada y el totalitarismo más oscurantista que hace todo lo posible por enterrar una identidad iberoamericana expresada en instituciones, leyes y libertades, y que abunda en el concepto de la esencial dignidad del ser humano. Indudablemente los daños causados por sus políticas económicas están alcanzando una magnitud que hará muy difícil su erradicación, sobre todo porque esos dirigentes han sido revestidos de una presunta áurea democrática por el simple hecho de haber vencido legitimamente en las urnas, lo está causando estragos considerables en la convivencia pacífica y crecimiento real de sus economías. Intervencionismo económico “versus” sistema de libre mercado Es la consecuencia lógica de lo expresado con anterioridad e implica un claro y manifiesto retroceso en la confianza en un sistema en el que las palabras de uso tan corriente como capital, capitalismo o propiedad privada están vetadas. En este caso el Estado decide de forma arbitraria cuales son las necesidades del mercado, que es lo que debe producir y como se van a satisfacer sus necesidades. Entonces –siempre por decreto- se intervienen los precios de forma ficticia, abordando un proceso que implica la determinación de los salarios, la expansión del gasto público, la sustitución de importaciones y la prohibición de las exportaciones de determinados productos, además de la limitación a salida de divisas del país, todo ello bajo el falso eufemismo de “medidas correctoras” o “ajustes necesarios”. La hoja de ruta de esta trasnochada izquierda también implica un anómalo sentimiento colectivista y revolucionario de la nación que en economía se traduce en la plena abolición de la propiedad privada , la nacionalización de los recursos naturales y la colectivización de las tierras, sometidas con anterioridad a continuas y fracasadas reformas agrarias. Se trata de abordar un proceso que busca la eliminación de la iniciativa privada, el esfuerzo y el beneficio, vocablos totalmente vetados por los mesiánicos dirigentes neoestatalistas. Los resultados son perfectamente medibles, basta con analizar los datos macroeconómicos de un país como Venezuela, al que el sátrapa Chávez está llevando a una de las más espantosas e históricas ruinas – a pesar de contar con la importante fuente de ingresos petrolíferos-. En este sentido Oliver Laufer, en su ensayo “Los resultados del chavismo” señala las nefastas consecuencias económicas derivadas de la instauración de cualquier régimen que se precie de imitar al venezolano: a)devaluación de la moneda; b)gigantismo estatal y crecimiento de la burocracia; c)aumento desmesurado del gasto que crece en paralelo al aumento de los impuestos; d)aumento de la deuda externa venezolana; e)aumento del desempleo; f)proteccionismo económico con elevados aranceles a la exportación e importación; g)despilfarro, en especial, propagandístico. Proselitismo como práctica habitual Cualquier régimen neopopulista y radical de la izquierda latinoamericana está obligado a garantizar su permanencia en el poder. No se trata de una cuestión difícil si se toma en consideración el escaso o nulo respeto que sus líderes profesan al sistema de libertades. En este sentido las tácticas revolucionarias empleadas en todos los ordenes abarcan un extenso catálogo de arbitrariedades e ilegalidades que responden al maquiavélico lema de “todo vale con tal de alcanzar los objetivos”. Entre las más habituales se encontrarían la coacción y la amenaza, la practica del nepotismo o la concesión de dádivas y subsidios a clases populares y empresarios cuyas simpatías y afinidades políticas intentan concitar por este medio con la finalidad de convertirlas en la principal fuente de apoyo a sus dogmas. El mandatario populista de izquierdas no pretende aplicar las tesis marxistas en estado puro, -aboliendo el sistema de mercado-,, lo que hace es manipular a su antojo el presupuesto y las medidas proteccionistas para establecer una suerte de dirigismo mediático alimentado por esas alianzas. Los que no aceptan el nuevo juego de fuerzas quedan automáticamente relegados a un segundo plano e indefectiblemente pasan a engrosar las cada vez más extensas listas de antipatriotas y apestados del régimen. A muchos de ellos solo les resta abandonar el país autoexiliandose en el exterior… los que se quedan sufrirán el odio de clases alimentado por el discurso demagógico reinante. Construcción de falsos mitos que sustentan la base emocional de la ideología Históricamente la izquierda más radical yh revolucionaria - Latinoamérica no podía ser menos- ha edificado su doctrina política sobre una suerte de falacias y falsedades que han logrado alcanzar, con el tiempo, la categoría de mito. En su intento por explicar el mundo sus escasos y nefastos ideólogos han recurrido sistematicamente a la mentira demagógica como único resorte para martillear y después manipular la conciencia colectiva de la masa – ya se sabe, una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad-. Es éste el escaso o nulo legado aportado por el marxismo a la humanidad entera. Mitos certeramente desenmascarados y profundamente fracasados como la lucha de clases, la victoria final del proletario y su dominación del mundo, la bondad del hombre frente a la sociedad injusta que lo malea, o la ciega devoción al líder que nunca se equivoca siguen alimentando en la actualidad el caduco discurso de esos dirigentes trasnochados y contestatarios que se han propuesto cambiar el mundo desde la perspectiva colectivista, una respuesta cuasi religiosa de base emocional, rápida y sencilla, que poco o nada tiene que ver con la realidad del siglo XXI. De entre todos los mitos alimentados por la izquierda revolucionaria latinoamericana quizás el más representativo, por su inalterable impacto social – en especial entre los jóvenes desconocedores de la verdad histórica-, haya sido la figura-icono del Ché Guevara, un personaje especialmente despreciable por su perfil proselitista y su arraigado e irracional sentido de la violencia revolucionaria – practicada hasta la saciedad y en todas sus formas por el iluminado soldado proletario- Expansión e internacionalización de la ideología Una de las obsesiones históricas más reincidentes de la izquierda radical y revolucionaria, a la que evidentemente no es ajena Latinoamérica, es la de acrecentar su influencia más allá de las fronteras nacionales, ardua labor que ha contado, y cuenta en la actualidad, con verdaderos maestros. Inspirados en la Rusia de la revolución de octubre, los dirigentes latinoamericanos adeptos a la causa han sabido tomar buena nota de las tácticas y métodos utilizados por los bolcheviques en su momento, llegando incluso a mejorarlos adaptándolos t a la realidad regional y las circunstancias políticas de cada momento histórico. Se puede decir que han desarrollado auténticos manuales sobre la materia, tratando de expandir su influencia ideológica a todo el orbe sobre la base del descontento y la escasa cultura de las masas populares. En este sentido es indudable que el dictador Fidel Castro ha representado la máxima expresión de la internacionalización de la causa, recurriendo,de forma constante, a la desestabilización terrorista de los sistemas democráticos arraigados en el subcontinente…y actualmente es su discípulo, D. Hugo Chávez Frías, con la financiación de los petrodólares el que ha tomado el revelo en la lucha internacionalista por imponer el sistema de pensamiento único enmascarado en la nueva ideología del socialismo del siglo XXI. No es esta la mejor Latinoamérica para las nuevas generaciones, pero son sus pueblos los que deben darse cuenta del riesgo que supone abrazar una ideología engañosa, caduca y fracasada que solo les puede reportar un mayor retraso, y lo que sería peor, la pérdida definitiva de sus libertades... Fuente: America's Daily
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