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Se encuentra un soldado veterano explicando a unos amigos lo que le pasó en la guerra y les cuenta:
- Yo tuve la experiencia de caerme dentro de una letrina en el campo.
- ¡Increíble!, - comentan los amigos.
- ¿Hasta dónde te impregnaste de toda esa porquería?, - preguntan.
El veterano contesta:
- Hasta los tobillos.
- ¡Ah, por lo menos no estaba tan llena!, - suspiran sus amigos.
- ¿Que no? ¡Caí de cabeza!

¿Les ha pasado alguna vez que miran a otra persona de su misma edad y piensan:
"yo no puedo parecer tan vieja" !!.
Mi nombre es Alicia y estaba sentada en la sala de espera del dentista para mi primera consulta con él. En la pared estaba colgado su diploma, con su nombre completo.
De repente, recordé a un muchacho alto, buen mozo, pelo negro, que tenía el mismo nombre, y que estaba en mi clase del secundario, como 30 años atrás. ¿Podría ser el mismo chico del cual yo estaba secretamente enamorada? Pero después de verlo en el consultorio, rápidamente deseché esos pensamientos. Era un hombre pelado, canoso, gordo, y su cara estaba llena de arrugas, y lucía muy viejo como para haber sido mi compañero de clase.
Despúes que examinó mis dientes, le pregunté si había asistido al Secundario Issac Newton.
- ¡¡¡Sí!!! ..... Sí!!!, - Sonrió con orgullo y entonces le pregunté
- ¿Cuando te graduaste?
- En 1975. ¿Por qué me lo preguntas?
- ¡Vos estabas en mi clase!
El me miró detenidamente ... Y ENTONCES ...
ESE FEO, CALVO, ARRUGADO, GORDO, CANOSO, DECRÉPITO, RECONTRA MIL HIJO DE PUTA, ME PREGUNTÓ:
- ¿PROFESORA DE QUÉ ERAS?

Un día un pordiosero se dirigió hacia la ventanilla de un lujoso automóvil Mercedes Benz que estaba detenido en un semáforo, ocupado por un elegante y próspero caballero, y se entabla el siguiente diálogo:
Señor, ¿podría regalarme cien pesos para comer?
- Pero, ¿no te los irás a beber, verdad? - No señor, nunca en mi vida he bebido alcohol.
- Entonces, ¿te lo vas a gastar en cigarrillos? - No señor, no fumo, ni nunca lo he hecho.
- ¿Te los vas a gastar mejor jugando y apostando con los otros pedigüeños? - De ninguna manera. Nunca juego ni apuesto nada.
- ¿Te los piensas gastar en mujeres, acaso? - Jamás he salido con ninguna mujer que no fuera mi novia, convertida luego en mi esposa hasta que me abandonó.
- Entonces toma, no cien, sino mil pesos. Pero vente a comer a mi casa. Quiero invitarte a una buena comida casera y así podrás ahorrarte los cien pesos.
El pordiosero, sorprendido, sube al impresionante auto y ya en el camino pregunta: - Oiga, señor, ¿no se enojará su esposa al ver llegar a alguien como yo y que se siente a la mesa a comer?
-Probablemente sí -contesta el rico- pero valdrá la pena. -
-¿Por qué, señor?
-Tengo interés en que ella vea en qué se convierte un hombre que no bebe, no fuma, no juega, no baila, ni sale con mujeres que no sea su esposa..
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