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Año V Nro. 350 - Uruguay, 07 de agosto del 2009
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Durante la crisis de 2002, Tabaré Vázquez destacaba que un gobierno de izquierda demostraría que era posible que "la ética y la política fueran de la mano". Pues bien, a punto de completar el mandato quinquenal obtenido en octubre de 2004, la izquierda afronta la campaña electoral recreando el clima de hace cinco años, mediante la demonización de su principal oponente y afirmando que un triunfo de "la derecha" supondría la restauración de los peores males y corruptelas. Una argumentación lineal que parece creer que la ciudadanía no ha registrado conductas y comportamientos de muchos gobernantes "progresistas", no muy diferentes de aquellos que antes eran cuestionados. Veamos algunos ejemplos. El vicepresidente de la República que reconoció olvidos en su declaración patrimonial. O que siendo senador puso a nombre de su ex mujer y luego de uno de sus hijos un coche porque estaba embargado por una deuda que mantenía con el Banco República. Y cuyo patrimonio registró en el quinquenio un importante crecimiento luego de que el BROU le permitiera adquirir, con un importante descuento que no le fue concedido al anterior propietario, un campo que arrendaba en Cerro Largo. El director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) que afirmó ante un grupo de correligionarios que "si logramos convertir en votos" la ayuda que el gobierno otorgó en estos años a familias de bajos o nulos ingresos "ganamos en primera vuelta". Ese no fue sólo un discurso de comité de base, sino que refleja una vasta política de clientelismo que se inició desde el primer día del gobierno progresista. Un senador oficialista, que ya tenía antecedentes por falsificar unos documentos para "probar" un supuesto caso de corrupción durante el gobierno nacionalista (1990-1995), debió renunciar a su banca al conocerse que se había sometido a una operación en un hospital público con un "carné de pobre" tramitado por su hijo. La escandalosa pérdida registrada durante cinco años en los casinos municipales de Montevideo sin que nadie hiciera nada para cortar la sangría causada a los contribuyentes, y otros pésimos negocios de la IMM arrendando salas de juego y máquinas tragamonedas para beneficio de amigos y familiares. Sin costo alguno para el ex intendente, premiado con un ministerio (rigurosa cuota política) en el arranque del "gobierno progresista". A propósito de la Intendencia Municipal de Montevideo, donde el poder frentista está enquistado desde hace 20 años, el progresismo ha creado una agencia de viajes a través de la cual las jerarquías municipales ha viajado a cientos de destinos, a cargo de los contribuyentes. Ávidos por mejorar las finanzas de la intendencia, y empleando una gran imaginación, los jerarcas de la IMM también incursionaron en los negocios inmobiliarios... en los cementerios municipales. Privatización de Pluna, en la que el Estado (léase todos los uruguayos) no ha dejado de poner plata, ni de garantizar la compra de aviones, mientras que Pluna se ha dedicado a promover al candidato del Frente Amplio, José Mujica. O de tasar el Hotel Argentino en una suma cuando lo recibe del socio mayoritario de la aerolínea y lo retasa en un valor inferior cuando lo reasume como parte de la capitalización que le corresponde por el 25% de sus acciones. Barrida de competidores -y designación en su lugar de ex socios y ex funcionarios del consultorio al que pertenecía el presidente de la República- en el área oncológica de Salud Pública, creándose un verdadero capitalismo oncológico progresista. El Fondo Bolívar-Artigas, producto de la estrecha relación del gobierno progresista con el corrupto régimen de Hugo Chávez en Venezuela, creó un fideicomiso de 256 millones de dólares que tiene como objetivo incrementar las exportaciones uruguayas a Venezuela ha tenido manejos irregulares. En 2007, el semanario Brecha informó sobre la participación de Javier Vázquez, hijo del presidente de la República, en acuerdos realizados por Ancap en ese marco. En la Cancillería fue designado como director general de Secretaría un consejero del servicio exterior que pasó a ser superior jerárquico en lo administrativo de diplomáticos con mayor antigüedad y jerarquía. Desde esa posición de confianza política, y pese a que ello congelaba su carrera profesional, como integrante de la Junta de Calificaciones y Ascensos logró en 2006 su ascenso a ministro consejero. Tal promoción habilitó luego su designación como embajador en las Naciones Unidas. Designación seguida por el nombramiento de su pareja en Nueva York como cónsul de distrito. Precedentes que abrieron camino luego para el ascenso del actual subsecretario (quien preside la Junta de Calificaciones y Ascensos) a ministro del servicio exterior, y para el nombramiento de otro funcionario como embajador en Berna, Suiza, y de su actual pareja como titular de la misión ante los organismos internacionales de la ONU en Ginebra, Suiza. ¿Amiguismo? ¿Premio a la lealtad política? Mientras se cae a pedazos, la Universidad de la República, antiguo bastión de la izquierda nacional, gastó casi 217.000 dólares en la compra de 250 butacas para el Paraninfo, a un costo de casi 870 dólares cada una. Para los que no saben, el Paraninfo es una exclusiva platea de la izquierda pagada por los contribuyentes, cuya más reciente función fue el lanzamiento de la campaña por la derogación de la Ley de Caducidad. Estos y tantos otros hechos han hecho reflexionar a mucha gente sobre quienes en el pasado dictaron lecciones de moral y en poco tiempo parecen haber olvidado su propia prédica. Por eso, a muchos uruguayos la retórica oficialista que advierte sobre los riesgos del retorno a comportamientos abusivos del pasado, les dice poco o nada. Basado en parte en el artículo titulado "El olor al queso" © Comentario Nacional
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