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Año V Nro. 342 - Uruguay, 12 de junio del 2009   
 
 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 

El discurso de Obama en El Cairo
¿Visionario o ingenuo?
por Ana Jerozolimski

 
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         El espíritu del discurso pronunciado por el Presidente de Estados Unidos Barack Obama en El Cairo, fue el mismo que le permitió meses atrás conquistar democráticamente la Casa Blanca: la esperanza de un cambio para bien, la confianza de que todo puede estar mejor y de que él es capaz de lograrlo.

         A fin de  dar vuelta la página en las relaciones con el mundo musulmán e iniciar un nuevo capítulo más positivo, buscó la mitad llena del vaso . Aunque no ocultó varias de las discrepancias más profundas entre Occidente e Islam y puso sobre la mesa algunos de los temas más complejos, en otros parecía minimizar los serios problemas a fin de hallar un común denominador que vaya bien con su esfuerzo conciliador.

         Según el Profesor Gerald Steinberg, catedrático de Ciencias Políticas de la universidad de Bar Ilan en Israel, el discurso presidencial “fue ante todo una afirmación del sueño americano” según el cual  “la historia mundial era un obstáculo que debía ser salvado...y ninguna diferencia era demasiado grande como para impedir entendimiento y cooperación”.

         La gran pregunta es cómo conciliar ese ideal político y humano, con las concepciones de mundo tan distantes entre Occidente e Islam, en varios de los temas claves planteados por el Presidente Obama: libertades individuales, derechos de la mujer, democracia, entre otros.

         El Presidente habló contra los “extremistas violentos”, dando a entender que no representan al Islam. “En toda la historia, el Islam ha demostrado por medio de sus palabras y actos las posibilidades de la tolerancia religiosa e igualdad de las razas”-señaló Obama, agregando luego que la alianza entre Estados Unidos y el Islam “se debe basar en lo que es el Islam, no en lo que no es...”, dando a entender que los estereotipos negativos del Islam, contra los que prometió luchar, son injustos.

         Sin embargo, aunque claro está que acercamiento mediante estereotipos y demonización generalizada es una meta imposible e ilógica de lograr, la coexistencia entre musulmanes, cristianos y judíos en Al-Andalus en el siglo de Oro en España, es sólo un ejemplo de la historia. Hay, lamentablemente, muchos otros en los que el Islam no sólo avanzó mediante la espada sino que no permitió disidencia alguna. Y el problema no es sólo Al Qaeda, uno de cuyos jefes, Ayman al-Zawahiri, declaró en un mensaje en internet que “las palabras elegantes del Presidente norteamericano no ocultarán su mensaje sangriento”.

         En nombre del Islam se coartan libertades básicas  y se prohíbe el culto a otras religiones, también en países que son aliados muy cercanos de EEUU, como Arabia Saudita, por ejemplo, donde está prohibido construir una iglesia. En distintas partes del mundo hubo ataques contra cristianos y blancos occidentales en general, cuando se consideró que “ofendieron al Islam”, como en el caso de las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca. El precio, fue a menudo mortal.  Cabe esperar y ver si la cooperación “en base a los mismos ideales de justicia” a los que hizo referencia el Presidente, basta para poner fin a ese tipo de fenómenos.

         En medio de todos estos variados matices, claro está que el discurso de Barack Obama fue el de un líder deseoso de corregir el mundo, el de un estadista, no simplemente un político. Es que si bien en algunos puntos –como el problema del programa nuclear de Irán- fue más lo que calló que lo que dijo,  también supo plantear verdades que difícilmente otros líderes hayan dicho directamente al mundo árabe e islámico, en su propia casa.

         Eso es notorio en el tema del conflicto árabe israelí. Obama recalcó que los vínculos entre Israel y Estados Unidos son especiales, basados en valores y cultura comunes (o sea no meramente en intereses políticos) y aclaró que “son inquebrantables”. Además, al hacer referencia , por ejemplo, a la iniciativa árabe de paz con Israel (que ofrece el reconocimiento del mundo árabe a cambio de una retirada total de los territorios en disputa), aclaró que es “un buen comienzo”, pero también que “ahí no terminan las responsabilidades” de los países árabes.

         Al mismo tiempo, desde el punto de vista de Israel-donde se percibe claramente un cambio en la actitud preferencial norteamericana y un pasaje a un mayor equilibrio político en la zona- el discurso incluyó también elementos problemáticos.

         Claro está que también ello, como casi todo, ha sido motivo de polémica en Israel. Analistas como Gideon Levy del diario “Haaretz”-acérrimo crítico de la política israelí en el tema palestino- considera que la presión de Obama para terminar con los asentamientos y llegar a la fórmula “dos estados para dos pueblos”, confirma que es de hecho “un verdadero amigo de Israel” . Otros, como David Horowitz, Director del “The Jerusalem Post”, se preguntan retóricamente si acaso, al hablar del sufrimiento palestino “por más de 60 años” y de su espera en campamentos de refugiados, no cabría que Obama analice la responsabilidad palestina al respecto. Esto, muy especialmente, cuando dijo que la creación de Israel llevó al desplazamiento de los palestinos, pero no recordó que ello se debió a que rechazaron la resolución de la ONU que recomendaba partir la tierra, crear un estado judío y otro árabe, y en lugar de ello, atacaron al entonces naciente Israel.

         No menos críticas despertó la mención casi paralela del sufrimiento judío en el Holocausto y el sufrimiento palestino.

         Pero otros, como el destacado comentarista televisivo Amnon Abramovich, señalaron que “las únicas fechas que dio fueron sobre la retirada norteamericana de Irak, no en el tema israelo palestino”, calmando un poco los nervios israelíes y afirmando que “Obama no dijo nada que no se pudiera anticipar”.

         En opinión del Profesor Gerald Steinberg, analista de Ciencias Políticas, llamar a Hamas a actuar en forma responsable “para poner fin a la violencia y reconocer el derecho de Israel a existir”, es algo que ni Obama logrará. “Es como pretender que Hamas deje de ser Hamas” , comentaron algunos políticos israelíes.

         Según Steinberg, el problema es que “al promover su plan de paz, incluyendo la exigencia de que se congele la construcción en los asentamientos, Obama ha imaginado una simetrías falsa y altamente peligrosa”. El catedrático israelí explica que “los israelíes serán mucho más vulnerables  a presión norteamericana que los líderes palestinos o algunas dictaduras árabes” y agrega que “si el Premier Benjamín Netanyahu  acepta las exigencias de Obama  mientras hay poco o ningún cambio en el odio, la violencia y el rechacismo del lado árabe, el intercambio de tierras por paz fracasará e Israel se quedará sin una y sin la otra”.

         Pero Obama ha tomado como compromiso personal, conducir a la región a la creación de un estado palestino. El mayor problema al respecto parecería ser la convicción, en el sector más conservador en Israel, de que ello no terminará el conflicto.

         Oficialmente, Israel abrazó el discurso de Obama, señalando un comunicado de la oficina del Primer ministro, que “compartimos la esperanza de que sea éste el comienzo de una era de paz y reconciliación entre Estados Unidos, el Islam e Israel”.

         Extraoficialmente, hay también preocupación de que por el afán de acercamiento al mundo islámico, haga caso omiso de peligros aún por resolver o que los minimice.”El optimismo norteamericano es refrescante”- escribió Steinberg. “Pero está muy lejos de las realidades de Oriente Medio”.

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