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Año V Nro. 342 - Uruguay, 12 de junio del 2009   
 
 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 

Treinta años de silencio,
treinta días de huelga de hambre

por Jenny Ybarnegaray Ortiz

 
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La Paz, 7 de junio de 2009

“Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho;
los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones;
nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos;
la cosa más fácil, equivocarnos;
la más destructora, la mentira y el egoísmo;
nuestra peor derrota, el desaliento;
los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor ;
las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos,
y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté”
(Miguel de Cervantes “Don Quijote de la Mancha”)

         Entre las muchas cosas que llegan cada día vía correo electrónico, ayer recogí de un artículo -pido disculpas por anticipado al autor, cuyo nombre no tuve el cuidado de copiar- las palabras de Miguel Cervantes colocadas aquí como epígrafe. Y es que me parecieron muy a propósito de un tema que me estuvo ocupando los últimos treinta días, la huelga de hambre de tres mujeres empeñadas en demandar del gobierno y, particularmente, del presidente Evo Morales algo aparentemente muy simple, pero que en el transcurso de los treinta días se manifestó como un pedido imposible de obtener: una orden del Capitán General, al Ejército Boliviano, para que digan LA VERDAD acerca de una pregunta que no tiene respuesta desde hace treinta años ¿dónde fueron a parar los restos de los detenidos desaparecidos durante las dictaduras militares?

         Me “estrené” en la política en 1970, cuando una de las hermanas de mi colegio ingresó en huelga de hambre junto con familiares de los guerrilleros de Teoponte, demandando al Gral. Ovando instruir la devolución de los cadáveres de los caídos. Cuarenta años después, la hija de uno de ellos, Tirso Montiel, sigue demandando lo mismo, sin obtener respuesta.

         Un año antes, durante el gobierno del Gral. Barrientos, Rodolfo Flores Samillán, junto a una veintena de “conspiradores” fueron deportados a la República del Paraguay que por entonces estaba gobernada por su camarada de armas el Gral. Stroessner. Flores estuvo recluido en un cuartel militar de donde “desapareció” sin que nadie pudiera dar noticias de su paradero a su presunta viuda.

         Marcelo Quiroga Santa Cruz y Juan Carlos Flores Bedregal fueron acribillados por paramilitares, ya identificados en el largo juicio que vienen sosteniendo sus familias, en las escalinatas de la Federación de Mineros, el diecisiete de julio de mil novecientos ochenta. Heridos, fueron transportados al Comando General de las Fuerzas Armadas en Miraflores, de donde “desaparecieron”, sin que hasta el día de hoy alguien pueda declarar, por un simple acto de humanidad, qué hicieron con ellos.

         Estos hombres son supuestos fallecidos y, como ellos, existe más de una centena de bolivianos, mujeres y hombres “desaparecidos” durante las dictaduras militares, las preguntas son reiterativas, se agolpan en el cerebro y el corazón de sus familiares, así como de quienes participamos de una u otra forma en el doloroso proceso de recuperación (o, mejor dicho, de la instauración) de la democracia: ¿dónde los enterraron?, ¿tan preciadas son sus osamentas que nadie puede decir dónde se encuentran?, ¿por qué esta información resulta de tan estricto secreto militar?, ¿qué podrían “decir” sus restos que nadie quiere señalar su paradero?

         Pero, ahora, una vez levantada la huelga, por el agotamiento físico de estas tres mujeres, surgen nuevas preguntas que, más allá del dolor y la rabia, causan verdadero estupor. Se sabe que en el gobierno actual participan importantes personajes, luchadores reconocidos de “aquellas épocas” a quienes no quiero nombrar, quienes se taparon los oídos ante los pedidos de las compañeras o, al menos no hicieron declaración pública alguna que pudiera dar una explicación a la negativa del Capitán General de las Fuerzas Armadas a los pedidos de la huelguistas, so pretexto de que no existe información clasificada sobre estos hechos. Las nuevas preguntas son: ¿por qué colocan en su santuario de íconos revolucionarios las imágenes de Marcelo Quiroga, de Luis Espinal, del Ché, si no tienen la más mínima intención de que se haga justicia con sus compañeros de lucha?, ¿es que por ser “menos conocidos” que los nombrados no merecen su atención?, ¿qué tiene que perder el gobierno actual con el esclarecimiento histórico de los crímenes de las dictaduras militares?, ¿qué les impele a convertirse en cómplices del pacto de silencio que se mantiene hasta la fecha? Dirán, seguramente, que la resolución 0316 del Ministerio de Defensa abre las puertas al esclarecimiento de los hechos, cuando ya se sabe que a lo único que contribuye es a inventar un nuevo periplo burocrático para las familias de los desaparecidos que conducirá a nada.

         Porque no encuentro explicaciones coherentes ante estas actitudes, sólo puedo hacer observaciones que conducen a ciertas conjeturas. Me llamó la atención que la Ministra de Justicia no se hiciera presente en los predios de la Asamblea Departamental de Derechos Humanos, donde se instaló la huelga, para escuchar a las compañeras, pero sí dio audiencia a los organismos de derechos humanos que fungieron como “mediadores auto-nombrados” desconociendo las voces de las propias huelguistas. Observo, con mucha frecuencia, que el Viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, que no hace mucho era un connotado activista de los derechos humanos, parece haber olvidado por completo su pasado reciente, pues está ahí haciendo el triste papel de justificar cuanta acción gubernamental se da en el “legítimo uso de la fuerza”, así se violen derechos humanos.

         Observo que el Señor Presidente del Estado Plurinacional, no pierde oportunidad de asistir a cuanto acto militar se da, así sucedió, por ejemplo, el día en que las compañeras levantaron la huelga, los noticieros mostraron la complacencia del Presidente, al lado de su Ministro de Defensa, en el acto de inauguración de la “feria a la inversa” en los predios del campo ferial de la ciudad de La Paz, rodeado de militares de todas las gradaciones y de todas las fuerzas, paseando por los stands de “modelitos de uniformes”. ¿Por qué será que desde su asunción a la presidencia los actos militares reviven en mi memoria el “pacto militar-campesino”?

         El Presidente nos ha dicho, en reiteradas oportunidades “si ven que me estoy equivocando, díganmelo”, y con todo el respeto que se merece, en ejercicio de mis derechos ciudadanos, hoy me permito decirle: Señor Presidente, usted se está equivocando. Se está equivocando si cree que tiene en las Fuerzas Armadas el sustento más sólido de su gobierno, se está equivocando si considera que se debe echar un manto de olvido sobre las dictaduras militares, se está equivocando si piensa que los y las luchadoras sociales de los años sesenta, setenta y ochenta no contribuyeron a que usted esté donde está, se está equivocando si piensa que Bolivia es un país sólo habitado por indígenas originarios campesinos, se está equivocando si cree que la historia empezó en 2006 y que lo que pasó antes fue la “pre-historia”. También se equivoca, Señor Presidente, si piensa que este “ingrato asunto” terminó el cuatro de junio, porque empieza un nuevo ciclo, ya que ellas, junto a mucha gente que acudimos a su llamado, estaremos molestando permanentemente su atención y la de sus colaboradores, reclamando “que se cumpla la ley”, “hasta encontrarlos”.

© Jenny Ybarnegaray Ortiz para Informe Uruguay

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