|
|
Don Horacio Arredondo
Su primer viaje a Rocha
por Julio Dornel
|
| |
|
|
Con motivo del homenaje realizado en el Fuerte de San Miguel por el Club Rotario Chuy Frontera, se han recuperado diversos documentos que pasaron a integrar el Memorial inaugurado en el Museo del Parque, para que las nuevas generaciones puedan valorar la obra realizada por don Horacio Arredondo en la década de 1930/40.

En primer término es el propio Arredondo que describe magníficamente su primer contacto con el norte rochense al señalar que “cuando al correr del año 1917 llegué al lugar en automóvil después de dos días de viaje desde Montevideo circulando por caminos intransitables, recuerdo que el ferrocarril solo llegaba a Las Sierras junto a la barra del Solís Grande y la carretera al poblado El Mosquito hoy Francisco Soca en jurisdicción de Canelones. De la Angostura hasta el más precario poblado de Gervasio ( hoy La Coronilla) los campos estaban sin alambrar en su mayoría, y esa situación de campo abierto lo justificaba la aridez de la zona, plena de arena-voladora depositada por siglos por los vientos procedentes del océano sobre un suelo más ingrato aún, de arcilla impermeable al agua y más ingrato aún para sostener pasturas consolidadas por la humedad. Y es así que se me presentó a la vista, en medio de este panorama desolador, la pétrea silueta de la construcción militar con sus muros de sillería en perfecto estado, salvo detalles sin importancia mayor, con las construcciones interiores , en parte derruidas o desaparecidas , con sus dos entradas sin portones, su plaza de armas plena de arbustos nativos , a cuyo amparo y el de los cinco baluartes el ganado por las noches se recogía poniéndose al precario resguardo de los vientos y de la lluvia que azotaba la región de vez en cuando. Este cuadro sombrío impresionaba y hablaba de manera elocuente del abandono de los hombres hacia esa reliquia histórica y arqueológica , y más desoladora impresión se recibía al constatar que la vasta extensión de arena voladora que sin solución de continuidad se extendía al noreste, este y sur llegando hasta los muros. También en cortina sureña que une los baluartes de San Martín y San Clemente subía hasta el plano de fuego de la muralla al punto que por ahí sin impedimento mayor se podía ascender a caballo a la Plaza de Armas, puesto que el área interna estaba amenazada de ser sepultada por los médanos invasores. A la vista de este espectáculo- continua don Horacio- se me ocurrió la triple idea de escribir su historia , de reconstruirla y de efectuar la consolidación de los médanos fijándolos con plantaciones forestales apropiadas. Y lo logré, al principio solo con mi ahincada propensión a las realizaciones, cuanto más difíciles, más firmemente sostenidas y luego con la colaboración de tres compatriotas eminentes; Baltasar Brun, Alejandro Gallinal y Alfredo Baldomir que me apoyaron sin limitaciones de clase alguna, contrastando con la actitud de otros, desde luego en jerarquía moral y de las otras totalmente inferiores. Y es así que con ellos comparto la inmensa satisfacción de haber entregado a la patria una obra integralmente realizada. El Parque Nacional de San Miguel tuvo un origen distinto que he reseñado en otro libro citándolo con pormenores. Fue el deseo de reconstruir un fuerte casi totalmente derruido por las raíces de la arboleda autóctona que sobre él emergió durante más de un siglo de abandono. También concebimos la idea de crear parques paisajistas y de conservar el panorama nativo, la fauna y especialmente la flora del país, por lo cual logramos que en 1936 se sancionara una ley que nos permitiera cristalizar con la colaboración de muchos mis ideales primitivos como había sucedido en Santa Teresa”.
» Arriba