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Derecha e Izquierda
por Oscar Almada
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Muchísimas veces nos hemos referido a este anacronismo que por comodidad, ignorancia o interés deliberado se sigue empleando para intentar definir determinadas posiciones ideológicas o políticas, y que, bueno es decirlo, continúa rigiendo las costumbres tanto en nuestro país como en el resto del mundo, y tanto entre el periodismo como en la literatura. Conceptos relativos que nada definen por sí mismos, pues toda cosa, persona o posición está a la derecha de otra y a la izquierda de una tercera, y que no existen por sí solos sino en forzada pareja, estos términos campean sin embargo desde la Revolución Francesa hasta ahora, (y al fin y al cabo, ¿la Revolución Francesa fue de izquierda o de derecha?).
¿Por qué? Porque los titulares de la posición que se entiende “de izquierda” han trampeado desde el principio los términos del debate, dando por supuesto la indiscutible bondad de su posición frente a la innata maldad de la otra. Véase: en toda discusión se plantean al menos dos posiciones, cada una de las cuales es sostenida como verdadera y conveniente por sus respectivos adeptos. Pero en el caso que comentamos, la trampa consiste en haber convencido a todo el mundo que una posición “de izquierda” es, a priori, la buena, y que la posición “de derecha” es en sí misma perversa y nociva, de modo tal, que la gente, convencida, se ha ido excusando o avergonzando por ser lo que se dice de derecha, u ocultándolo, en vez de debatir sencillamente con argumentos sobre la mayor bondad o conveniencia de su postura. De más está decir que se suele emplear también los términos intermedios (centro, centro-derecha o centro-izquierda, y aún podrían agregarse los intermedios entre los intermedios, como cuando se dice nor-nor-oeste por ejemplo, hasta el infinito) y que los mismos nada definen tampoco y sigue siendo más y más relativos e imprecisos.
“Ríos de tinta” han corrido al respecto y desde luego manejados por gentes mucho más expertas, pero la irritante comodidad de apelar al recurso continúa tan campante, para mayor provecho de....¡quienes se dicen de izquierda! Y subrayo: “quiénes se dicen” porque de estar a la personificación o ejemplificación de los prototipos o paradigmas, mucho trabajo cuesta atribuir méritos. ¿Es Fidel Castro de izquierda? ¿Lo es Chávez? ¿Lo es el Partido Comunista? ¿Lo son los tupamaros y su inefable candidato? Si así lo fuera, entonces todos tenemos que ser de derechas, como dicen los españoles.......
Hemos mencionado estas viejas cosas porque en estos días en la puja interna por la candidatura del Partido Nacional, el Dr. Larrañaga ha calificado a su rival como “de derecha” atribuyéndose a sí mismo la condición de candidato “de centro”. Y de paso, dejando “sin izquierda”, de una plumada, a todo su partido. Ignora todos los relativismos, desafía toda la imprecisión, y le hace escandalosamente “el juego” a sus verdaderos adversarios, que son, con su candidatura o con la del Dr. Lacalle, los integrantes del sedicente izquierdismo nacional, el Frente, y no sus compañeros de partido.
No me voy a meter en una polémica que no es la mía ni en una contienda partidaria en la que no tengo lugar, pero me parece conceptualmente muy errónea esta actitud, que no le trae agua a su molino pero se la sustrae a su correligionario, para beneficio de sus verdaderos rivales, a los que se puede perder de vista hasta junio, pero que serán sus enconados enemigos hasta noviembre. Participa, pues, este candidato, del mencionado anacronismo, y eso le quita méritos en la apreciación de su currículo.
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