|
La crisis nos amenaza
por Aquiles Diggo
|
| |
|
|
Cuando yo era niño, me compraron una alcancía para ahorrar dinero. Era metálica, cromada, del Banco La Caja Obrera. Yo iba poniendo monedas y la sacudía maliciosamente esperando que la trampita de la ranura, dejara pasar alguna monedita. ¡Pero fue en vano! Solo algún billete logré arrebatarle a la avariciosa cajita.
Con un alfiler de gancho doblado en la punta, enganchaba el billete y por la hendidura curva que tenía en un costado, precisamente para depositarlos, por allí mismo, ensartaba alguno y con paciencia china, lo arrimaba hasta hacer asomar una puntita, de la que después tirando de a poco, lograba mi propósito. ¡Eso sí, destripé alguno que otro!
Cada tanto, íbamos con mi madre a depositar el dinero y nos entregaban un formulario con el detalle de lo que iba ahorrando. Con asombro gozoso advertí que el dinero se iba incrementando solito, al paso del tiempo. Mi padre me dio la respuesta. Mi dinero producía una ganancia de 2 pesos por cada cien que dormía un año en la caja fuerte del Banco. ¡Increíble! ¡Aquello me sorprendió tanto que quedó imborrable junto con el brillo de la alcancía, en mi memoria!
Yo pensaba: ¡qué valor tiene el ser humano! ¡Cuánto dinero tengo que poner en el banco para que me dé lo que gana papá por mes! ¡Por día! ¡Y eso a pesar de que somos pobres!
Hoy ante los problemas que se han generado en el mundo entero ante la perspectiva de fallidas economías, recuerdo aquella alcancía, y me asombro de cómo han cambiado los tiempos.
¡Cómo un simple papel, o moneda: el dinero, ha llegado a generar tanta riqueza y a la vez, tanta ruina y dolor!
Más adelante, cuando ya mayor me empleé, la cosa había cambiado. Depositabas en el banco el valor de un cachilo, y en determinado tipo de ahorro hipotecario, te daba más de lo que yo ganaba por mes.
¿Qué había cambiado?
¡El sebo!
El mayor interés picaba nuestra codicia, e invertíamos todo lo que pudiéramos ahorrar, con el afán de ganar dinero mientras trabajábamos produciendo más dinero, o descansando olímpicamente.
Pero sabíamos que el banco garantizaba la devolución de esos depósitos pasado el plazo pactado.
¿Alguien queda aun, que sea tan ingenuo que crea que los bancos mantienen guardada nuestra platita?
Ellos nos tiran el anzuelo con carnadas tentadoras, y a su vez, invierten nuestros dinerillos en anzuelos mayores aún con carnadas mucho más tentadoras, porque los pescadores correlativos, haciendo lo mismo, integran montos mayores con mejores intereses, aunque no tan seguras inversiones, como las que en el primer eslabón brindaban.
La bolsa de valores especula de la misma manera, arriesgando el capital en el aumento de la ganancia de las empresas que representan esos valores. Y funcionan en consonancia con la economía en general, porque si decrecen las ventas bajan los valores. Puede ser tan beneficiosa la inversión en ella como arriesgada. ¡No puede predecirse!
Burdamente, ¡demasiado burdamente!, el funcionamiento es mas o menos, ese.
Pero, (siempre hay un pero que justifica las fallas), pero, basta que un eslabón de la cadena se agriete, y ¡se nos viene abajo la torre!
¡Hasta que ocurrió lo inesperado! El 2002 vino nefasto para estas latitudes. Creamos nuestro propio precipicio. ¡Y nos arrojamos en el!
Bastó que Argentina y Brasil, nuestros vecinos tropezaran para que inmediatamente, el subjetivo temor de los que temían no poder disponer de su dinerillo, cuando se les antojara, corrieran a cual más rápido, para abrazarlo y llevarlo a casa.
¡Al primer síntoma de quiebre, todos corrimos esperando no ser el último en la cola, para rescatar por lo menos la ropa!
El barco empezó a escorar, las ratas se escabulleron ágiles corriendo por las maromas buscando llegar a tierra
Y llegamos todos tarde. Las ratas antes de buscar la salida, viendo el torrente que se abalanzaba, cerraron las escotillas, y nos dejaron afuera.
Y se mandaron el “corralito” Empezaron a dar, por orden del gobierno, y con la ayuda monetaria de EEUU, con cuentagotas, y mensualmente, una ridícula cuotita de lo que ese mismo gobierno garantizó proteger.
¡A llorar al cuartito!
Todos recordamos esos tiempos. ¡Sólo nos los hará olvidar algún otro acontecimiento peor!
¿Seremos tan estúpidos como para haber tropezado otra vez con la misma piedra?
¿Podrán los gobiernos contener el subjetivo temor de los ahorristas, convenciéndolos de su limitado respaldo?
ESO SOLO VA A DEPENDER DE LA CONFIANZA QUE EL PUEBLO DEPOSITE EN ELLOS.
DICHO DE OTRA MANERA:
NUESTRO GOBIERNO, ¿SE HIZO MERECEDOR DE NUESTRA CONFIANZA?
No puedo negarlo o asegurarlo, lo que sí afirmo, es que la riqueza de una nación, no está en papeles impresos como dinero o bonos o acciones. La riqueza del país está en el trabajo de su gente.
No provoquemos con ese temor el aumento del desempleo, porque la normalidad demorara más en retornar
La crisis amenaza y es inevitable, pero podemos evitar incrementarla, con no dejarnos dominar por el pánico.
Nada ganaremos con tener dinero en el colchón, el dinero hiede fuerte, y los amigos de lo ajeno lo necesitan más que nosotros, no arriesguemos por ser temerosos, lo único importante: la vida.
¡Total, si después que se nos vaya el miedo, la ambición nos va a hacer confiar nuevamente, y a especular como antes!
¡Nos encanta el dinero fácil!
¿Verdad que sí?
» Arriba
| Gentileza de: Uruguay Perdido |
|
| Comentarios en este artículo |
|
|
|