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Año V Nro. 308 - Uruguay, 17 de octubre del 2008   
 

Visión Marítima

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El fin del mundo y el miedo a morir pastando
por Aquiles Diggo

 
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         Contemplo con curiosidad, el interés que despierta en toda persona, cualquier mención al fin del mundo o su pronóstico.

          Todos en el fondo de nuestro espíritu, tenemos la inquieta pregunta que algún apóstol le hizo al Mesías. ¿Cuándo será el fin del mundo?

         ¿A qué se debe esa inquietud? ¿Es que tememos verlo? ¿De qué manera, pensamos que lo veríamos? ¿Tal vez en una pantalla de televisión, que fuera mostrándonos en rápidos flashes como desaparecen Paris, New York, Londres, Buenos Aires?

         Y eso hasta que se cortara la transmisión…

         ¡Y llegaría nuestro turno…!

         Porque si no fuera así, ¿Cómo podríamos saber que era el fin del mundo, acaso la tierra que tiembla a mis pies, o el fuego que desciende del cielo hacia nosotros no podía ser solo un acontecimiento local? ¿Qué me hará pensar que está sucediendo simultáneamente en todos lados?

         ¿Y por qué tiene que ser con un cataclismo, porque tiene que ser con el ominoso impacto de un asteroide contra la tierra? ¿Por qué tendría que ser una plaga siniestra o algo como las siete plagas de Egipto? ¿Acaso una sucesión de deflagraciones atómicas o de Hidrogeno o de más avanzada creación científica?

         ¿Tendría que ser un agujero negro de antimateria estelar o creación del hombre, en su fallido intento de “recrear la partícula de Dios”?

         Y que la antecediera un grito: ¡Cuidado, viene la antimateria, el agujero negro nos traga!

         ¡No me hagan reír!

         ¿Por qué  no podría ser un desplome total, acentuado por ejemplo, la actual crisis financiera que comenzó hace poco en EEUU?

         Sencillamente, porque el propio instinto de supervivencia nos haría unirnos en el esfuerzo y la cooperación mutua.

         ¿Porqué no, la evolución de una política que haciendo carne en todos los países del mundo logre lo que no lograron ni ninguno de los históricos pretendientes a la hegemonía mundial , entre ellos y por mencionar algunos, Julio Cesar, Carlomagno, Napoleón, Hitler, o Stalin, algún talibán, o, y para complacer a los de izquierda: Bush and Company?

         Porque no se nos escapa, la percepción de que eso está ocurriendo.

         Una política determinada, se esta adueñando de todos los países del orbe, Con matices distintos en cada uno, pero sustentando principios que uniformemente se van aplicando en todos ellos.

         Sus armas principales son:

  • En primer lugar, apoyarse en las mayorías para conseguir el poder.
  • Con la entrada que les permite la Democracia y una vez en el poder, acrecentar paulatina mente esas mayorías, manteniéndolas pobres, pero conformes.
  • Adoctrinarlas desde la infancia.
  • Limitar los poderes de grupos de autoridad material: ejército, policía, y espiritual: Religión.
  • Integrar los poderes del estado, incluso todo el judicial, con elementos afines y leales al Partido.
  • Sacar todo el provecho posible de las crisis, responsabilizando a los gobiernos opositores.
  • Unificar ejércitos, para la creación de bloques partidarios. Crear Parlamentos Internacionales.
  • Sabotear y reproducir actos de terrorismo adjudicándoselos a la oposición para atacarla y destruirla.

         ¿Qué más? ¿Para qué más? ¡Ya estaría todo en sus manos!

         Ya estaría el panorama completado.

         ¡A mi entender, sí! ¡Ya no habría la mínima esperanza de hacer otra cosa que lo estipulado: Servir!

         Seriamos un gigantesco rebaño, alimentando la egolatría de falsos dioses, que sustituirán a los que ellos enseñan hoy a nuestros pueblos a combatir.

         Pero esto, con todo lo que de tétrico contiene, no sería el fin del mundo, pero sería el fin de nuestra persona, seriamos cual zombis, muertos todos en vida.

         ¿Acaso esa hegemonía mundial, así planteada, no sería peor que el apocalipsis?
  
¿Me fui por las ramas?

         ¡No! Simplemente, que mientras escribía sobre el fin del mundo, me di cuenta que el único fin del mundo que podremos jamás presenciar, es el propio.

         ¡El fin de mi única vida!

         TODOS y CADA UNO, moriremos ignorando si el mundo “perece conmigo o no”

         ¿No es cierto?

         Tendríamos que ser Dios para contemplar y reconocer en cualquier cataclismo, por grande que fuera, la destrucción total del Universo.

         Ah, pero nuestra vanidad, nos seguirá preguntando siempre: ¿Cuándo será el fin del mundo?

         Ya que moriremos sin saberlo, de a uno o más por vez, por lo menos tratemos de no morir como  ovejas, pastando mansa y sumisamente en un corral

         ¡Vale la pena luchar por evitarlo!

         Podremos perderlo todo, como he perdido todo, yo, hace tiempo, ¡pero siempre podremos empezar de nuevo!

         ¡Por lo menos intentarlo!

         ¡No entreguemos la única arma que tenemos para esa personal defensa, la libertad de pensar y decidir!

         ¡EL LIBRE ALBEDRIO!

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Gentileza de: Uruguay Perdido
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