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Año V Nro. 308 - Uruguay, 17 de octubre del 2008   
 

Visión Marítima

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Fernando Pintos

Algunos deportes en que
los uruguayos descuellan…

por Fernando Pintos

 
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         En una época, ya casi perdida en esos límites que la memoria alcanza con dificultad, el deporte por excelencia del Uruguay y los uruguayos era Su Majestad, el Fútbol. Claro, como para que no fuese así. En aquellas épocas, se ganaban Campeonatos Mundiales; se ganaban Campeonatos Olímpicos; se ganaba con frecuencia la Copa América de Naciones; se hacía roncha, y muy fuerte, en la Copa Libertadores de América… Y hasta, en las postrimerías de aquel tiempo dorado, se lograron resultados notables en campeonatos juveniles. Debido a ello, el fútbol era —cuestión de lógica pura— el deporte por excelencia de los uruguayos. Aquél fue, sin lugar a dudas, un tiempo dorado e irrepetible. Requiescat in pace.  

         En la actualidad, y por uno de esos extraños aunque frecuentes casos de alucinación colectiva, los uruguayos continúan creyendo, a pies juntillas, que el fútbol sigue siendo su deporte por excelencia. Y tan creídos están de esa disparatada fantasía, que mantienen una irregular actividad futbolística interna —campeonatos oficiales, torneos de verano, partidos amistosos—, e incluso llegan a improvisar algo a lo cual denominan, pomposamente por cierto, Selección Uruguaya de Fútbol. Pero ni les crean ni los tomen en serio. Toda esa extraña parafernalia, basada únicamente en creencias enajenadas, fantasías irrestrictas, delirios irrefrenables de grandeza y simulacros en cierta medida ingeniosos (si bien, con poco mayor mérito que el atribuible a ese colorido espectáculo que, en Carnaval, ofrecen las murgas, comparsas y agrupaciones lubolas), no es más consistente que un plato de merengue. Y ustedes saben bien lo que es cualquier merengue: unas pocas claras de huevo, un poco de azúcar y un montón de aire. En realidad, todo este delirante ejercicio al cual se conoce bajo el nombre genérico de «Fútbol Uruguayo», se parece, más que al merengue, a algo bastante más movido y confuso: a un merequetengue.

         Sería hora, ¡de una buena vez por todas!, que los uruguayos despertasen de ese horrendo letargo pesadillesco —en nada similar al sueño encantado de Blancanieves—, y comenzaran a poner atención, y en consecuencia rendir el debido culto, a sus verdaderos deportes posmodernos, lo cual significa decir: los de hoy día y, ¡desgracia nuestra!, los de un largo y espinoso futuro. En consecuencia, me atrevo, en este mismo momento, a describirles, mas no con el detalle que sería deseable, los grandes deportes en que los uruguayos destacamos, gracias a nuestra horrenda fantasía denominada «Fútbol».

         Nuestro deporte rey, en las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI, ha sido y sigue siendo uno que denominaré «Síndrome Morboso de la Calculadora Despiadada». Éste consiste en pasarse toda una Eliminatoria a un Campeonato Mundial, ferozmente aferrado de una de esas maquinitas diabólicas (la calculadora,), y devorando toneladas de información periodística tan estúpidamente entusiasta como, a la postre, ilusoria. Los pertinaces cultores de tan extraño deporte se la pasan todo el santo día —durante un período de 24 o más meses—, efectuando sobre y con ella las más extrañas o aventuradas especulaciones estadísticas. Resulta evidente que, en vista de ello, las fábricas de calculadoras consideran a Uruguay como uno de esos paraísos que, en caso de desaparecer o entrar en crisis, provocarían una quiebra tan inmediata como inevitable. Es de lamentar que todavía no se haya implementado algún campeonato mundial de este tan sufrido como extraño deporte… Pero, el día que así se haga, no cabe la menor duda de que Uruguay estará acaparando títulos durante muchos torneos consecutivos (¿Por fin, seremos campeones de «algo»? ¿Por una vez, al menos, podremos ganarle a alguien? ¡Aleluya!).

         Pero ése, ya descrito, no es ni será el único gran deporte al cual estaremos adscriptos los uruguayos, de tiempo completo y de aquí a la eternidad. Tenemos por ejemplo ese otro, delicioso por cierto, al cual me gustaría llamar «Parcialidad frustrada por Ejercicio Sadomasoquista Sublimado»…  En ése, el protagonismo más acusado les cabe, ¡invariablemente!, a las dos hinchadas mayoritarias de nuestra querida RODELÚ. Of course!, me estoy refiriendo a las parcialidades del Club Atlético CURCC/Peñarol/Casal y del Club Nacional de Football. El asunto funciona así: un club que vive promoviendo delirios en base a pasados grandiosos y hazañas que ya nadie recuerda, se dedica a hacer papelones y acaparar fracasos y frustraciones, tanto a nivel doméstico como internacional. Como resultado de ello, los cultores de tal deporte viven las 24 horas de cada día en un estado de inusual excitación, provocándose los unos a los otros con las palabrotas más soeces y las argumentaciones más estúpidas que pudiera nadie imaginar. Una vez más, ¡frustración sobre frustración!, al no ser un deporte reconocido e instituido a nivel universal, nos vemos obligaos a jugar exhaustivos campeonatos de ente casa, en los cuales, cada una de las parcialidades mencionadas realizará esfuerzos sobrehumanos a fin de sobrepasar a su clásica contrincante (la otra parcialidad, ¿o en quién estaban pensando? ¿En La Parda Flora?)…

         Algunos otros deportes, tales como «Sea el Árbitro más Detestado» (el Campeón Uruguayo actual es por lejos, como se sabe, Su Señoría Don Líber Corleone, alias «Prudente»); «El Dirigente Corrupto del Año»; «El Arquero Seleccionado con Manos de Manteca»; «Gángster Mayor de la Transferencia Delictiva»; o «Periodista más Vendido a Los Corruptos»… Todos ellos están en alza constante, y no se descarta que, en un futuro, lleguen a ponernos nuevamente en un alto sitial, como uno de los países del mundo con mayor y más variada actividad deportiva…

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© Fernando Pintos para Informe Uruguay
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