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Descubrimiento sensacional en Uruguay, estremece el mundo de la ciencia…
por Fernando Pintos
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Bien se ha dicho que «Nobleza obliga». Y también se ha expresado, con sobrada razón, aquella sentencia inmutable e ineludible: «Honor a quien honor merece».
Bolso recalcitrante, como siempre lo he sido, soy y seguiré siendo (hasta el fin de la eternidad), así y todo me encuentro, ahora, frente a la obligación moral de rendir, ¡mal que me pese!, un sincero y auténtico tributo al Club Atlético Peñarol…
No será (el tributo, digo) en vista de su proyección futbolística en el curso de la última década. No lo será, tampoco, por su innegable habilidad histórica para comprar voluntades arbitrales. Ni mucho menos lo será por el «buen comportamiento» de sus fanáticos de la barra brava… Pero sí habrá de serlo —¿cómo podría negarlo? ¿Cómo cerrar los ojos ante tamaño logro de dimensión universal?— por su ahora innegable contribución a las ciencias (¿ocultas?)…
En vista de ello, me veo obligado a decirlo de una vez por todas: ¡Salve, Peñarol, gloria para el Uruguay y los uruguayos! (¡Y vieran cómo me duele tener que escribir esas palabras que parecerían querer quemarme los dedos, incinerarme las pestañas!)…
Pero, ¡tengo que hacerlo! Y lo digo ahora públicamente, puesto que, para asombro de la ciencia y azoramiento del mundo civilizado… Los científicos e intelectuales agrupados en el Club Atlético Peñarol han descubierto, en 2008, ¡el siglo de 95 años!
Y nosotros, los pobres ingenuos del bolsillo tricolor, quienes (al igual que todo el resto del planeta) siempre habíamos pensado —ceguera de héroe mitológico que se niega a quitar la venda de los ojos, para mirar de frente la luz deslumbrante y cegadora de la verdad, como dijera Pedro Camacho,— que un siglo tenía 100 años…
Pero, ¡bueno!… Se podrá no ganar nada (ni en nada), ni tan siquiera a la bolita, durante casi todo el moroso transcurso de la primera década del siglo XXI… Pero sí, cuando menos, será posible tener un lugar destacado en el programa de «Ripley’s Believe It or Not» y en el Libro «Guinness World Records»..Después de todo, los más altos logros de la ciencia deberían siempre ser celebrados tal y como merezcan serlo… (¡Ejem!)…
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