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Año II - Nº 70 - Uruguay, 19 de marzo del 2004

No al horror
Los desafíos de los ganaderos en relación a la salud animal
Sueño o Realidad
Expectativas por la política de emigración del nuevo gobierno
Sergio Sánchez y los "Domingos Uruguayos"
Ojos uruguayos en Brasil
Anécdotas Bancarias - Quien siempre miente...

España, caos, espíritu, "mozárabe" y antídoto

Chairando Ideas
España también vivió su 14 M
Hurgando en la web
Rock uruguayo sí, rock uruguayo no
Con un pueblo con cojones no se jode
¿Ganó la democracia o ganó Al Qaeda?
Rincón de Sentimientos
El Interior también existe
Olvidémonos de las Pálidas
Las Locuras de El Marinero
Correo de Lectores

 

Las artes populares del Uruguay

Click para ampliar la imagen Se puede decir que en nuestro país, las artes manuales y su aspecto tecnológico, y aún el cronológico, permanecen, casi, como terrenos vírgenes a la investigación. A lo sumo se ha hecho, hasta ahora, más una tarea de acumuladores de curiosidades, que una real indagación y valoración antropológica y cultural.
Llamamos artes populares tradicionales en el Uruguay, aquellas que tienen su raíz y origen en los elementos culturales propios de nuestro pueblo, o sea que se han utilizado en sus diversas técnicas de ejecución y en los motivos decorativos y en sus formas, la experiencia trasmitida de manera oral y anónima por las viejas generaciones de pobladores del territorio nacional, ya fueran los indígenas (este aporte es casi nulo), o los españoles y portugueses, sus conquistadores y colonizadores, durante el secular período colonial.
La nuestra es una cultura vacuna. Fruto del ganado llegado antes del colonizador. Se caracteriza, además, según se ha dicho, por la ausencia del aborigen. Ausencia en número: eran apenas unos 5.000 vagueando por el territorio, cazadores-recolectores paleolíticos y neolíticos. Lo que alcanza para explicar la falta, no sólo de trasmisiones técnicas, sino de motivos de inspiración de origen autóctono en la artesanía local (sin olvidar el manto de cristianización, emparejador y traumatizante, que España vertió, como plomo derretido, sobre las paganas culturas nativas en toda la América).
Aquella inmensa frontera fluctuante que fue el territorio de la vieja Banda Oriental, poseía una realidad económica y cultural que puede definirse por una actividad depredatoria, la caza y muerte masiva del ganado y la extracción de los cueros, realizada por un grupo característico, el gaucho, para subvenir, mayoritariamente, las necesidades de un comercio ilícito, el contrabando, y un totalizador uso local, que valió a nuestro siglo XVIII, el merecido nombre de Edad del Cuero. Click para ampliar la imagen
Podemos agregarle el condimento de una capital pobre y que, como puerto, recibía, lo poco que recibía, ya manufacturado; la ausencia de verdadera religiosidad de aquellas gentes rebarbarizadas y viviendo en una libertad salvaje, con su semi-nomadismo ecuestre, explica, simultáneamente, la ausencia de santería (tallas en madera, sin olvidar la falta de grandes bosques), la tejeduría, la cerámica y la cestería.
Faltando los metales propios. incluso los preciosos. tenemos explicadas las limitaciones, en este campo, sin embargo fértil por otros motivos y una sola dirección, del arte popular uruguayo.

Por último el mate, bebida nacional-herencia cultural aborigen, aunque guaraní, difundido su uso por las Misiones Jesuíticas, termina de redondear el panorama.

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Nos quedan entonces, como artes manuales tradicionales del Uruguay, en primer lugar aquellas derivadas de la gran materia prima, el cuero y aplicadas, sobre todo, al dominio y el adorno del gran apéndice cultural de aquellos gauchos, guapos y presuntuosos en su figura: el caballo. Que es el hecho que explica las preferencias de nuestra platería. Muchos aspectos de la platería criolla en cuanto a sus modos de expresarse en el apero del caballo, sólo pueden comprenderse recordando la bizarra figura del gaucho.
Sólo así tienen explicación los monumentales y afiligranados estribos de "campana ", únicamente como firme punto de apoyo terminal para aquella estampa imponente de talar chiripá y cruda bota de potro, armada de crestuda espuela y acompañando en su forma a los amplios calzoncillos de espumosos cribos.
Igualmente la confección de mates y bombillas, dio origen a hermosos trabajos manuales, en las calabazas naturales (bellos grabados y burilados), en guampa (usada también para cabos de cuchillos, en el apero y en los funcionales chifles) y por último, muy ricos ejemplares confeccionados totalmente en plata, en los que como en ninguna otra pieza, brilló el oficio y el gusto de los plateros criollos.

Material encontrado en Museo del Gaucho