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Año V Nro. 343 - Uruguay, 19 de junio del 2009   
 
 
 
 
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Luis Tappa

¡DELINCUENCIA… o delincuencia!
por Luis Tappa

 
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         La semana pasada escribía una nota en la que trataba, brevemente, varios temas. ¡Claro! De alguna manera estaban entrelazados, lo hice muy superficialmente y hasta con cierta suspicacia. Para nada son una broma los temas que toqué, todos ellos son de una brutal actualidad y merecen ser tratados de una manera más seria. En próximas entregas escribiré sobre alguno de ellos, comenzando por lo de hoy.

         La delincuencia es un mal endémico que no conoce de fronteras,  en mayor o menor grado existe en cada rincón de la tierra, y nuestro país no es la excepción. Ya he escrito en varias oportunidades sobre esto, pero nunca está demás intentar observar, detenida y objetivamente este problemático asunto.

         El mundo entero vive una ola de violencia como jamás se vio, y me refiero a todo tipo de violencia, no me remito exclusivamente a la delincuencia común. Sin embargo son muchos los factores externos que influyen tenazmente para que se mantenga, o aumente, la violencia que caracteriza a este siglo XXI porque no debemos olvidar que mucha de la violencia que existe es prefabricada.

         En cuanto a la otra, que en realidad es lo que pretendo tratar, o sea la delincuencia común, hay quienes afirman que los índices de criminalidad han aumentado dramáticamente como resultado de la tan mentada crisis económica. No estoy tan seguro.

         Los EEUU -los reyes de la democracia con pena de muerte incluida-  poseen un perturbador e inhumano sistema carcelario, cárceles privadas proveedoras de mano de obra barata, moderna esclavitud de la que se aprovechan grandes multinacionales. He leído por ahí que en el último año se robaron unos 35 millones de dólares en asaltos a bancos, pero lo robado por la delincuencia de “Guante blanco” se cuenta por billones de dólares, esto es, robos, estafas  y quiebras fraudulentas de grandes empresas y bancos. Esta delincuencia también produce víctimas.

         Hablamos de los EEUU por ser este país una referencia obligada, pero por supuesto que esto mismo sucede en todos lados, incluido nuestro Uruguay. Aquí también tenemos demasiada delincuencia de “guante blanco, y a este tipo de delincuentes no los acunó la pobreza precisamente.

         Podemos contar un montón de  “Estilos de delincuencia”,  pero sería de no terminar nunca. Desde las grandes estafas y maniobras  delictivas financieras, o sea, el llamado delito de “guante blanco” cuyos autores raramente pisan una comisaría, a los delitos más repugnantes y especialmente agravados como el asesinato en oportunidad de rapiña, la violación seguida de muerte y el abuso de menores.

         Luego tenemos el delincuente más común, ladrones, arrebatadores, descuidistas, y punguistas, (seguramente me olvido de muchos) en realidad toda una gama de delitos y delincuentes que haría interminable detallarlos.

         He sostenido mil veces que la  pobreza no hace al delincuente, hay otros factores que influyen definitivamente en la formación de  quien elije el camino del delito. Esto es algo sociológicamente complejo, el desenfreno y la locura que se vive actualmente, más el consumo de drogas y alcohol, coadyuvan para desestabilizar emocionalmente a quienes carecen de prejuicios y les da lo mismo “chicha que limonada”.

         Escuché decir, muy al pasar, que vivimos en una sociedad de ganadores y perdedores, como no terminé de ver y escuchar esta opinión no pude captar a que se refería, si a empresas, países o personas.

         De cualquier forma es muy común oír hablar de ganadores y perdedores refiriéndose a las personas, y esto que se dice es el triste remedo de una justa deportiva y una manera muy cruel de referirse a quienes no han tenido la suerte de progresar. Resulta muy fácil ser ganador cuando se cuenta con los medios, o papá nos dejó el camino abierto; quienes lo consiguen de la nada se cuentan con los dedos de una mano. La ambición desmedida de los “ganadores”  no conoce de límites, se están perdiendo los valores en la carrera por el dinero.

         Dije en una nota anterior que la mejor escuela del delito no es la cárcel, como muchos piensan, es la televisión, ahí se aprenden mil y una forma de robar, asesinar y violar. Lentamente van aprendiendo, las películas del género policial son toda una enciclopedia del delito, desde el más sencillo al más sofisticado, y enseñan todos los secretos para fabricar un buen delincuente.

         Pero no solo la televisión, los jueguitos de computadoras y consolas de juegos, al igual que lo son los cyber, o casa de maquinitas, también son un llamado a la violencia. Los juegos más atractivos son los más violentos, están tan acostumbrados a “matar”  en el monitor de la computadora de un cyber, o de su casa,  que es posible que más adelante poco les cueste hacerlo en la vida real.

         Algo parecido sucede con los canales de TV que pasan dibujos animados para chicos, ¡Otro engendro! Muchos de ellos tratan de monstruos y de matanzas, de esa manera se comienza perturbando la mente de un niño y haciendo que la violencia no les llame la atención y hasta la encuentre natural.

         Después de caer en la delincuencia es muy difícil, por no decir imposible, salir; se empiezan a cerrar todas las puertas, y no solo las de la cárcel, el círculo se hace cada vez más pequeño y la sociedad, demasiadas veces, no está dispuesta a perdonar aunque exista un sincero propósito de recuperación. 

         El mundo de la globalización vive un caos y una locura como jamás se vio, y nadie se escapa, la intolerancia y el egoísmo campean por doquier, si los mayores caen en la trampa de este mundo corrupto y cruel, ¿Cómo pueden no hacerlo los más chicos? que demasiadas veces carecen de la sólida formación que proporciona una buena base familiar ¡Y a veces aún así! Nadie nace delincuente, ¡Se hace!

         Y vuelo a repetirlo por enésima vez: “La pobreza no es sinónimo de delincuencia”

         Si hay algo que me molesta profundamente es que se usen con fines políticos  ciertas lacras endémicas instaladas en la sociedad, - como la delincuencia y la inseguridad- aún a sabiendas, quienes lo hacen, que no está bien. Están mintiéndole a la gente para capturar votos de incautos, porque ninguno solucionará nada en forma definitiva.

         Generalmente, cuando se busca una solución a ultranza, se pasan de la raya, y este es el riesgo, y lo malo.

Lo desagradable

         Entiendo perfectamente a quienes han sido víctimas de un delito aberrante  y que claman por la venganza del cielo,  todo castigo para los culpables les parecerá poco; quizás, si yo mismo lo sufriera en carne propia no escaparía a esta lógica. Pero alguien tiene que pensar, razonar debidamente y bajar la pelota al piso.

         Entonces es muy común escuchar el pedido de la pena de muerte para él, o los autores de graves delitos. No hay nada más repugnante.

         He leído muchísimo sobre este tema, hasta detalles demasiados escabrosos de lo que es la ejecución de un ser humano; absolutamente detestable, por malo que haya sido el delito.

         La pena de muerte solo se trata del asesinato, frío, premeditado y bien calculado de una persona por parte del estado, que justamente es quien debe dar el ejemplo de cordura y justicia dentro de los parámetros humanos que debería caracterizar al hombre como ser pensante. Una cosa es la justicia, otra cosa es la venganza.

         ¿Qué es lo más asqueroso de esto? Que la misma gente le pida al mismísimo estado que mate. Un crimen no se soluciona con otro crimen, además siempre se corre el riesgo de matar a un inocente, la justicia no es 100% infalible, la justicia le erra feo demasiadas veces, y el ser humano más.

         Ustedes se preguntaran que tiene que ver todo esto con lo que venía tratando, pues, lo traigo a colación porque lo he escuchado en demasiadas ocasiones, ¡Todos lo hemos oído en algún momento!

         Últimamente por parte de un canal argentino que se ve en nuestro país, es entonces que vemos a una sociedad argentina, o por lo menos la representada por este canal, en una especie de histeria colectiva rayana en la locura, pidiendo a gritos la pena de muerte.

         Si bien es cierto que en la Argentina se está viviendo una situación muy especial, no olvidemos que es un país de más de 30 millones de habitantes, y Buenos Aires está entre las ciudades más grandes del mundo, el conglomerado humano es tremendo.

         Esta es la razón por la que hablo de esto, el temor de que en nuestro país, por lo que estamos mirando y ante el machaqueo político que se está haciendo sobre el tema, entremos a copiar y se haga eco de semejante barbaridad.

         La delincuencia no se combate con penas de muerte ni con más violencia, se combate con la ley, pero una ley que contemple  todas las posibilidades y erradique definitivamente de las calles a los delincuentes empedernidos más peligrosos, ¿De qué sirve ponerle 25 o 30 años de cárcel a un tipo que cometió un delito atroz? ¡Total!...  si al poco tiempo obtiene salidas transitorias y en pocos años le otorgan la libertad. De la misma manera que hay delincuentes que entran y salen de la cárcel como perico de su casa y, muy jóvenes aún, llevan sobre sus espaldas un prontuario que nadie logra comprender como andan sueltos.

         En el caso de los violadores ¿A alguien se le puede ocurrir pensar que tienen arreglo? ¡No! Es un enfermo terminal, sale de la cárcel  e inevitablemente lo volverá a  hacer; y si son violaciones seguidas de muerte, más razón para no dejarlos salir nunca más.

         Que a nadie se le ocurra pensar que la cárcel es una pena agradable, es peor que la pena de muerte, porque morir solo se muere una vez, y en ese lugar se está muriendo todos los días un poquito.

         ¿Qué el estado tiene que mantenerlos? ¡Cierto! Pero es parte de los deberes del estado, y está bien que así sea, o debería de ser, porque se trata de radiar a la delincuencia pesada de la sociedad  y mantenerlos alejados para protegernos.

         Un tema aparte son los menores  delincuentes, generalmente detrás hay un mayor. Los centros de reclusión para estos menores son en realidad lamentables, y estos están en una edad en que si se hicieran bien las cosas, tal vez, y solo tal vez se puedan recuperar a algunos.  Aunque solo sea por uno valdría la pena intentarlo. Pero tampoco que me vengan con que un menor de 16 años no sabe lo que hace, ¡Les aseguro que no mastican vidrio!

         El de los menores de edad debe de ser el problema más complicado, pero alguna solución se tiene que encontrar, todo requiere tiempo, sentido común  y buena voluntad, principalmente esto.

         En cuanto a la delincuencia en general, solo con palabras bonitas, quejas y promesas en época de elecciones, promesas que todos sabemos que jamás se cumplirán, no se logrará nada.

         Se ha hablado de un país enrejado, en cierta forma es verdad, la gente se enreja, ¡Pues no encuentro cosa más ridícula que esto! porque no creo que ninguna reja pueda impedir que entren ladrones a una casa, vacía o no, es una tonta manera de tirar el dinero. A quienes pretenden entrar a robar no los detiene ni una reja empotrada en una ventana; pesadas cortinas de hierro las hacen saltar en un periquete.

         Es irreverente el temor que los políticos están fomentando en la gente. El enrejado de casas se ha convertido en una especie de paranoia.

         Yo no sé cuál es la solución, para eso están los “cráneos” y para eso se les paga,  no para que quienes trabajan de políticos le vengan a meter a la gente más miedo del que puedan tener, ya que con ello solo buscan votos. Parece que hoy todos saben cómo combatir la delincuencia, lástima que de llegar al gobierno luego se olvidan de cómo hacerlo.

         De cualquier manera yo opino que sin una reforma del código penal eficiente y bien pensada –pero no desproporcionada- difícilmente se pueda cambiar algo,  pero por sobre todas las cosas se precisan cárceles decorosas y no centros de tortura y hacinamiento.

         ¡Ahora!, entendamos algo, de toda América Latina es nuestro país el que tiene menor índice de delincuencia, por lejos. No es para tirar cohetes ni para festejar, pero tampoco exageremos las cosas haciéndole creer a la gente que estamos metidos en medio de una especie de guerra.

         ¿Crece la delincuencia? Cierto, pero según los datos aportados por la Cámara Nacional de Comercio, ese índice ha decrecido significativamente en los últimos años, y tengamos en cuenta que el país sigue creciendo y que  recibimos más de 1 millón de visitantes por año.  Esto no es un justificativo, pero es algo a tener en cuenta.  
Fuente: http://www.cncs.com.uy/softis/print/news/7242/  

         Yo no soy psicólogo ni sociólogo, ya lo he dicho,  solo uso el sentido común o lo que me dicta la razón para buscar alguna explicación, pero por sobre todas las cosas es solamente mi opinión, tan valedera como la de cualquiera que piense distinto que yo.

         Démosle a la delincuencia la trascendencia que en realidad tiene, pero tampoco alarmemos por demás ni demos por el pito más de lo que el pito vale.

         Tener miedo es razonable… ¡Pero mal consejero!

© Luis Tappa para Informe Uruguay

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