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Año V Nro. 304 - Uruguay,  19 de setiembre del 2008   
 

 
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Entre Libertad e Igualdad
La decisión es de usted
por Eduardo García Gaspar

 
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         Creo que fue en el famoso libro de F. Hayek que se mencionó una idea que no es aún lo suficientemente clara. En Camino a La Servidumbre, se habla de lo que en común tienen la democracia y el socialismo. Es como plantear una pregunta. ¿En qué se parecen el socialismo y la democracia?

         La respuesta de Hayek es rotunda. No se parecen en nada. Son opuestos políticos. La democracia divide los poderes como una herramienta para la defensa de la libertad. El socialismo, por el contrario, concentra los poderes y anula a la libertad. Pero hay algo más. La realidad es que el socialismo y la democracia tienen sólo una cosa en común, a la igualdad.

         La democracia y el socialismo intentan hacer a todas las personas iguales. Claro que iguales en diferentes niveles. La idea de la democracia es hacer a los ciudadanos igual de libres. La intención del socialismo es hacer a los ciudadanos igual de sumisos ante el gobierno. La diferencia entre ambos es la libertad, a la que el socialismo considera más un estorbo que un derecho.

         Estas diferencias son muy notables en el discurso de los gobernantes. Seguramente usted estará conmigo en una cosa: el tema de la igualdad ocupa en las palabras de los políticos un lugar mucho mayor que el tema de la libertad. La razón al final de cuentas es una muy práctica y comprensible.

         Al gobernante le conviene al hablar evitar en todo lo posible mencionar a la libertad y le es de sumo provecho hablar de igualdad. Cuando el gobernante habla de igualdad eso le significa acumular más poder: para usar ese poder igualando a los ciudadanos de la manera que él desea. El discurso de la igualdad concentra poder en el gobierno, pero el discurso de la libertad se lo retiraría.

         Un ciudadano libre es uno que depende menos del gobernante. El ciudadano libre tiene poder, más que el ciudadano que sólo es igual. No son cosas que tengan que verse de manera ideológica, o que dependan de si uno es liberal o no. Son cosas prácticas de la vida política. Y si no me cree, vea los discursos de los gobiernos de Chávez, Correa, López Obrador y similares.

         Para el gobernante la decisión es obvia, él va a preferir sostener a la igualdad como el más grande de los valores de la sociedad a la que gobierna. Lo hará porque en el fondo es una política que le da poder acumulado: el gobernante será el gran distribuidor de recursos y favores, lo que le permitirá favorecer a los que desea volver sus partidarios.

         En buena parte, ésa es la razón de acciones de gobierno, como concesiones de vivienda, regalos de artículos escolares, pagos a personas ancianas y demás. Querer la igualdad es el gran pretexto estatal para intervenir y dominar, por ejemplo, siendo el principal proveedor de la educación básica.

         Para el ciudadano la decisión es igual de obvia. Debe seleccionar entre la igualdad que le vuelve sumiso al gobierno y la libertad. No es posible escoger un camino medio. Uno es el de todos iguales en la libertad y el otro es el de todos iguales en la sumisión al gobierno.

         Entonces, la libertad resulta tener sólo un posible defensor importante, el ciudadano mismo. Los gobernantes casi nunca lo serán, pero los ciudadanos pueden serlo. Lo que creo es que el futuro político está en manos de los ciudadanos y sus decisiones. Depende de la actitud que las personas tengan sobre la libertad.

         Cuando un ciudadano es comprado con favores gubernamentales, tenderá sin mucha conciencia a volverse sumiso y dócil ante el gobierno. Recibirá favores, como una pista de hielo gratuita, conciertos populares, subsidios y demás. Y lo hará a cambio de su libertad. El ciudadano pensará que vota por un gobierno que hace el bien, aunque en realidad estará votando por ser un vasallo.

         Lo que apunto es la enorme habilidad de los gobernantes para comprar votos de ciudadanos incautos. Hace tiempo escuché el caso de las tías de un amigo que viviendo en el DF recibían un subsidio de varios cientos de pesos mensuales sin necesitarlo, pero que les entusiasmó tanto que consideraban al gobierno de esa ciudad como uno muy efectivo.

         Unos cientos de pesos al mes, que no salen del bolsillo del gobernante, fueron capaces de comprar votos para el sometimiento de las tías de mi amigo. Más habilidad para engañar es difícil de lograr. Es igual que votar por el gobierno que me conducirá al patíbulo.

Post Scriptum
Ayn Rand tuvo una gran idea, la de que el ciudadano examinara sus valores más arraigados antes de decidir sus opiniones políticas. Si el lector decide hacerlo puede llevarse una sorpresa. En Igualdad Imprecisa existe un buen tratamiento para definir el tema  y comprender diversos puntos de vista. Hay más material en Contrapeso: Cultura: Igualdad.

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Gentileza de: ContraPeso.info
 
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