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Popularidad del Presidente
por Oscar Almada
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Las empresas Cifra y Factum coinciden en constatar un índice de popularidad del presidente Vázquez, cumplidos tres años de su mandato, que no sólo excede muchos puntos de la que resulta tener el propio F.A., sino que supera el porcentaje que lo llevó al cargo en las propias elecciones del 2004. Le asignan, estas empresas, índices de 55 % y 57 % respectivamente, en tanto que el F.A. reúne según encuesta de Interconsult el 41 %, y como se recordará, en los últimos comicios ambos (F.A. y Vázquez, pues no se trataba de un ballotage) obtuvieron el 50, 31 %.
De modo que mientras el F.A. orgánicamente llega apenas al 40 %, siendo superado por la oposición en conjunto, lo que ensombrece su panorama electoral ante la posibilidad, muy concreta, de que se deba recurrir a una segunda vuelta,- el Presidente en persona conserva y aún aumenta notoriamente su porcentaje de apoyo, que a esta altura parece no tener precedentes en la historia de muchos años a esta parte.
La diferencia entre el porcentaje del líder y el de su grupo es bastante insólita, sobre todo por su monto (16 % aunque se trata de encuestas realizadas por empresas distintas). Aunque eso no sea “culpa” del presidente, la lógica indica que su índice de apoyo y el de su grupo deberían ser muy parecidos, que las diferencias no podrían ser tan significativas. La ciudadanía consultada no parece comprender que una gestión de gobierno no es exclusivamente, ni en el mérito ni en el demérito, fruto de la incidencia y figura individual del líder-presidente, ni tampoco exclusivamente de la que ejerce el sector en su conjunto a través de sus distintos agentes, funcionarios y personeros. Si algo o mucho anda mal, el Presidente no puede ser desligado o desvinculado del resultado, pues su deber, para el caso incumplido, sería corregir ese déficit partidario. A la inversa, si las cosas funcionan más o menos bien o muy bien, el mérito no puede ser adjudicado sólo al presidente, que, para obtener ese resultado, debe contar con ministros, legisladores y administradores eficaces y lúcidos. Más allá, pues, de la forma cómo se realice la encuesta o se formule la respuesta, parece escasamente razonable que el presidente tenga casi el 60 % de apoyo y que su grupo gobernante tenga apenas el 40 %.
Puestos ante esta poco común situación, periodistas y politólogos se plantean la búsqueda de explicación. Algunos han señalado que una de ellas podría ser la de que el Sr. Vázquez ha rechazado repetida y enfáticamente la posibilidad de su reelección, lo que le deja fuera de la lucha y por lo tanto lo coloca en ese sentido un poco “por encima del bien y del mal”. La explicación parece “un poco demasiado” sutil. Fíjense lo paradojal que resulta que un presidente adquiera un porcentaje de apoyo muy elevado ¡precisamente porque ha renunciado a continuar con su cargo.....! Parecería que entonces se le premia por dejar de serlo, lo que no habla mucho a favor de su gestión. Salvo que se le encomie y felicite por razones ajenas a su gestión, o que no guardan relación con ella. Lo que puede ocurrir aquí, es que exista una imprecisión en la pregunta, o en la respuesta, de modo tal que se confunda popularidad y simpatía con intención de voto. Distinto es el caso de la extrema izquierda o del sector radical que en buena parte ha dejado de pertenecer al Frente, pensando que éste se ha “derechizado” y que favorece más los intereses de la oligarquía que los de la clase trabajadora. En este caso, existe, o debería existir en puridad, un rechazo mucho más visceral y profundo hacia el presidente y hacia el Frente, que impediría o debería impedir en absoluto su apoyo electoral, de modo tal que si se produjera una segunda vuelta, el sector tendría que votar en blanco. Continuaremos con el tema en próxima oportunidad.
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