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Año V Nro. 330 - Uruguay, 20 de marzo del 2009   
 

 
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Visión Marítima

 

Cuba: Purgas ¿para qué?
por Celso Sarduy Agüero

 
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         La semana pasada una serie de purgas quebraron la monotonía política de la dictadura más antigua de Occidente. A más de un burócrata le corrió un aire frío por la espalda... Con este tembladeral se perseguían dos objetivos: el primero, poner fin a las expectativas de reformas económico políticas que se generaron a partir de la sucesión dictatorial. Recordemos la hábil campaña propagandística de “autocrítica” y reconocimiento de los problemas que aquejan a la población cubana lanzada por el régimen, merced a la cual muchos analistas, principalmente extranjeros, confundieron candorosamente esta patraña con una señal del inicio del proceso de transición.

         En segundo lugar se pretende supuestamente ganar eficiencia económica disminuyendo la voluminosa burocracia: se fusionaron cuatro ministerios en dos y fueron promovidos varios burócratas aparentemente más eficaces.

         Los principales caídos en desgracia fueron el Canciller Felipe Pérez Roque (44) y el Vicepresidente primero del Consejo de Ministros Carlos Lage Dávila (57). Los dos fueron liberados de sus cargos”, según decía la nota de prensa oficial y horas más tarde ambos también renunciaron sus numerosos puestos (1) mediante un mea culpa escrito, sin dudas, por la misma mano (2). Como tiro de gracia recibieron la excomunión del “Comandante en Jefe”, quien en sus “reflexiones” en la prensa oficial los acusó de “engolosinarse con la miel del poder”,- ¡lo dice un experto!-y de “despertar ilusiones en el enemigo”: he aquí el meollo del asunto.
También fueron sustituidos el Vicepresidente y Ministro de Economía y Finanzas José Luís Rodríguez García y el Vicepresidente del Consejo de Ministros Otto Rivero Torres, coordinador principal de la llamada “batalla de las ideas”. Este último fue remplazado por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, el represor por excelencia de la tiranía. Valdés, comandante histórico de la Revolución y su carnicero mayor, fue Ministro del Interior en las décadas del 60 y 70, la etapa más negra del castrismo con miles de fusilados y desaparecidos y centenares de miles de presos políticos. Por último, también fue apartado del cargo el jefe del Departamento las Relaciones Internacionales del Partido Comunista Cubano (PCC): Fernando Ramírez de Estenoz.

         La destitución de Pérez Roque y Lage Dávila (sustituido por el jefe de la Secretaría del Ministro de las Fuerzas Armadas: el General de Brigada José A Ricardo Guerra) fue vista por muchos analistas cubanos como un fortalecimiento del actual dictador Raúl Castro respecto del poder en las sombras de su hermano mayor. Esta tesis se ve reforzada por el traslado hacia el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de José M. Millar Barruecos, hasta ahora Secretario del Consejo de Estado y Jefe de Despacho del dictador Fidel Castro durante décadas. Lo mismo sucede con la decapitación de Otto Rivero, otro proveniente del Grupo de Apoyo al “Comandante en Jefe”.

         Esta teoría algo de validez tiene, sobre todo en el aspecto ejecutivo, Raúl Castro se va rodeando de sus antiguos subalternos en el ejército. A mi modo de ver el objetivo mayor de esta purga es de carácter político al deshacerse de un plumazo de dos funcionarios de mediana edad, muy conocidos dentro y fuera de Cuba y que eran vistos desde el exterior con buenas chances para ocupar el poder en un futuro cercano. Esta decisión fue consensuada sin dudas entre ambos hermanos y hasta con el mecenas de la dictadura: Hugo Chávez, quien visitó sorpresivamente la Isla dos o tres días antes de desatarse la crisis.

         En cualquier gobierno los ministros y demás funcionarios cumplen la función de fusibles para descomprimir cualquier tensión política, preservando así al presidente o al primer ministro, según sea el caso, de sufrir desgastes innecesarios.

         En los sistemas totalitarios la función de los burócratas va más allá de ser un simple tapón y los convierte en corderos siempre listos a ser sacrificados en el altar del templo totalitario.

         Se podría decir que las purgas políticas son un elemento sustantivo de las revoluciones colectivistas, donde todo individuo es un simple número supeditado a la “razón de estado”, así ha sido desde la Revolución Francesa hasta la fecha. Estas crisis sirven en especial para realimentar cíclicamente al sistema de la dosis de terror necesaria para su supervivencia.

         Con la llegada del llamado socialismo real” a partir del golpe de estado liderado por Vladimir I Lenin en 1917, la maquinaria de terror cobró inusitados bríos, llegando a su cenit en la era de las purgas y asesinatos masivos que caracterizaron las tres décadas de Stalinismo desde mediados de los años veinte, hasta su muerte a principios de los años cincuenta. Los demás países del llamado campo socialista también tuvieron sus luchas palaciegas, en particular China con su famosa "Revolución Cultural" que cobró millones de víctimas.

         La dictadura cubana no ha sido una excepción a la regla, al contrario la ha enriquecido con creces. En estos momentos asistimos a una purga más de las tantas que han orquestado los hermanos Castro para alimentar el sistema de terror en que sustentan su poder desde hace medio siglo.

         Esta nueva crisis política no se diferencia mucho de las anteriores, cambian los actores y las circunstancias, los motivos son casi idénticos: realimentar el miedo y la obediencia entre los subalternos, culpar a los caídos en desgracia de todos los errores y horrores que les ordenaron cumplir. No importa el rango, la capacidad, méritos personales, hoja de servicios; todo el que alcance algún grado de fama, por su valor, carisma o independencia de pensamiento se convierte en un peligro potencial para el ego enfermizo del tirano Fidel Castro o a de su hermano, el dictador sustituto.

         Sin llegar a cumplir el primer año la Revolución devino en dictadura abonando su bitácora totalitaria con el asesinato del comandante Camilo Cienfuegos y la condena a veinte años al comandante Húber Matos, los dos casos más paradigmáticos. Luego le siguieron el juicio contra prominentes miembros del Partido Socialista Popular (PSP, comunistas ortodoxos pro Moscú), conocido como la Microfracción (1968) , la traición al Che Guevara en Bolivia (1967); o “suicidados” como el comandante Alberto Mora, Haydee Santamaría, Celia Sánchez (secretaria de Fidel Castro)y el presidente Osvaldo Dorticós por solo nombrar los más conocidos.

         La mayor crisis en la cúpula de la dictadura concluyó con el fusilamiento del general de División Arnaldo Ochoa (1989) que pasó de Héroe de la República de Cuba a ser acusado de narcotraficante y traidor a la patria. Con él también fue fusilado el Coronel Antonio de la Guardia Font, jefe de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior y condenado a 30 años su hermano mellizo el general del Ministerio del Interior Patricio de la Guardia Font. Derivada de este caso surge la condena a 20 años del ex ministro del Interior y jefe de la escolta personal del dictador, el general José Abrahantes, quien murió misteriosamente en la cárcel en 1991. Esa batida fue aprovechada por Raúl Castro para decapitar la cúpula del Ministerio del Interior y poner al frente del mismo a uno de sus hombres de más confianza el general Abelardo Colomé Ibarra.

         La década siguiente también tuvo sus víctimas: el ex canciller Roberto Robaina (3), a quien sucedió el "engolosinado" Pérez Roque, fue destituido en 1999 y el ideólogo del Partido Comunista Carlos Aldana (1992).

         Con esta nueva crisis matan más de un pájaro con un solo tiro: en primer lugar consolidan la sucesión dictatorial y el poder de la gerontocracia, eliminando de cuajo toda expectativa de recambio generacional y de supuesta apertura. En segundo lugar responden con un portazo en la cara a las señales de diálogo hacia la Isla iniciadas por la nueva administración norteamericana (la Cámara de Representantes y ahora el Senado aprobaron ampliar las frecuencia de los viajes a la Isla y el envío de remesas a sus familiares por parte de los cubano americanos).

         El presidente Barack H. Obama cumpliendo promesas de campaña, tal vez anuncie algún gesto más de buena voluntad más hacia La Habana en la próxima conferencia de la OEA en Trinidad y Tobago a mediados de Abril. Se especula con un paulatina remoción del embargo comercial hacia Cuba, noticia que no deja dormir tranquilos a los dos dictadores y a la mayoría de la gerontocracia gobernante, pues de repente se quedarían sin una coartada extremadamente eficaz para justificar la crisis irreversible en la económico, moral y social en que ha sumido al país. La medida más conveniente para la Dictadura es el incremento de viajes y remesas de los cubanos residentes en EE UU pues constituyen un mercado cautivo, a merced del monopolio de los servicios y tiendas que operan con moneda dura propiedad del gobierno cubano.

         El levantamiento del embargo comercial es irrelevante pues el régimen cubano no tiene liquidez para comerciar razonablemente con ningún país; Cuba es un país en bancarrota que ha vivido de subsidios, primero de la URSS y ahora de Venezuela. Al no existir una economía libre ni el turismo es redituable, debido a que deben importar hasta las hortalizas. Aunque las razones para sostener el embargo son moralmente válidas, la medida además de ser inoperante, es utilizada por el sistema totalitario para victimizarse. Sería una audaz jugada política dejar al descubierto, de una buena vez, la incapacidad absoluta de una economía centralizada para producir riqueza.

         El gobierno de Barak Obama debería comprometer a los gobiernos latinoamericanos tan interesados en el levantamiento del embargo, para que con idéntica vehemencia soliciten al régimen cubano la liberación de los presos políticos y el fin de la criminalización de todas las actividades pacíficas de la marginada sociedad civil cubana. Una jugada política de esta naturaleza pondría a la defensiva a la dictadura y todos sus cómplices, los gobiernos regresistas latinoamericanos.

         Debemos esperar nuevos zarpazos de la Dictadura como ya se vislumbra un recrudecimiento de la represión contra la oposición pacífica y un fortalecimiento del permanente estado de sitio no declarado a que es sometida la población. En días recientes han sumado, de urgencia, mil policías más en la Habana, destinados a perseguir en especial a la economía subterránea, que es la que la permite supervivencia del cubano de a pie.

         Con la actual purga el ex-dictador en funciones Fidel Castro (4) y el dictador títere Raúl Castro se burlan, una vez más del pueblo cubano y de los ilusos de la opinión publicada internacional en especial la hispano-latinoamericana que vieron señales de apertura y cambio donde solo había fuegos de artificio. Sobre todo, han puesto en ridículo a la procesión de presidentes de América Latina que convalidaron con su visita a esta sucesión dictatorial dinástica disfrazada de apertura.

         Al “liberar de sus funciones” a burócratas que eran vistos desde el exterior como estandartes del cambio generacional dentro de la cúpula del poder de la Dictadura (Pérez Roque y Lage), ambos provenientes del llamado “grupo de apoyo al Comandante en Jefe” dejan bien claro que no habrá cambios de ningún tipo en Cuba mientras tengan un ápice de lucidez los hermanos Castro y si llegara a ocurrir un cambio generacional sería mediante otra sucesión en el poder dentro de la propia familia Castro. Ya están en carrera el hijo homónimo del dictador “reflexivo”: Fidel Castro Díaz-Balart, sus hermanos y hasta sus primos, los hijos de Raúl. Un indicio inquietante fue su aparición en la conmemoración del cincuenta aniversario de la entrada del Ejército Rebelde a la Habana el pasado 8 de Enero, cuando Fidel Castro Díaz – Balart, que tiene un parecido asombroso con su padre lo representó en esta ocasión.

         Cada vez tienen una mayor presencia pública las nuevas generaciones del clan Castro, se está intentando acostumbrar a la población de la Isla a la aparición cotidiana de esta “realeza socialista”. En los hechos se quiere hacer pasar como natural que la Isla y todos sus habitantes fuesen un acervo sucesorio de esta dinastía.

         La resistencia mayor a este panorama sombrío la están protagonizando numerosas organizaciones y un puñado de líderes de la valiente oposición interna cubana que, paso a paso, va rehaciendo los tejidos de la sociedad civil a pesar de la ferocidad represiva de la Tiranía.

         Este grupo de genuinos demócratas van unificando sus reclamos en torno a una plataforma que incluye premisas tan básicas como el respeto a los pactos internacionales de DDHH, la libertad incondicional de todos los presos de conciencia, el reconocimiento y legalización de todos los partidos políticos, sindicatos y ONG’s, y la convocatoria a elecciones libres y pluripartidistas a corto plazo.

         Urge brindar a este proceso el apoyo de la numerosa diáspora cubana y de aquellos gobiernos, organismos y personalidades que defienden la Libertad en todo el Mundo. Solo así se podrán frenar las evidentes y vergonzosas componendas internas y externas que intentan legitimar la supervivencia de la dictadura y escamotear las ansias de libertad y bienestar de todos los cubanos.

(1) los funcionarios renunciaron a sus cargos en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (el único partido permitido), a su condición de diputados a la Asamblea del Poder Popular (seudo-parlamento) y al Consejo de Estado
(2) Las cartas de renuncia en el diario Granma http://www.granma.cubaweb.cu/2009/03/05/nacional/artic09.html y http://www.granma.cubaweb.cu/2009/03/05/nacional/artic10.html
(3) Escuche las declaraciones del ex canciller sobre los actuales sucesos en: http://www.youtube.com/watch?v=jJi5Sp-AOMY
(4) esta frase es una adaptación para la dictadura del caribe de la conocida frase acuñada por el periodista argentino Nelson Castro que denomina como "ex presidente en funciones" a Néstor Kirchner

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