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La Niñéz en el Campo
por R. Lachaise
Que felices fueron aquellos tempranos años vividos en el campo. Creíamos en cualquier cosa, teníamos la ilusión y la esperanza de lograr todo lo que leíamos en las revistas. Si entonces nos hubieran hablado de computadora, hornos a micro onda, o teléfono que se llevaban en el bolsillo, hubiéramos creído que se hablaba de otro planeta
Aun espero que la tecnología logre algún día llevarnos a la infancia otra vez, de donde lo juro! no volvería mas.
Aprendimos a nadar en el río Queguay. En semana Santa acampábamos en la zona donde el río tiene una cascada. Entre hermanos y hermanas éramos seis y no dejábamos rincón sin conocer.
Las aventuras eran por las noches, cuando papá y mamá dormían. Ellos no sabían que nosotros usábamos el rifle.
Todas las noches salíamos con la ilusión de cazar carpinchos, nunca cazamos nada, pero no nos dábamos por vencidos así no mas. Le triábamos a cualquier cosa que se moviera entre los arbustos.
Una noche de esas, vimos brillar dos ojos en la obscuridad y el mayor de nosotros tomó el arma, apuntó y tiró. Algo oímos alejarse por los matorrales sin que pidiéramos verlo. Asustados volvimos a las carpas y nos acostamos.
Al día siguiente vino un gaucho a hablar con papá:"Usted no sabe don Esteban quien jué el disgraciao que anoche me chumbió el tordillo?"
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