" Haz de Internet una gran plataforma de comunicación, no la conviertas en una cloaca de maldad" preHacker.Hacker Digital.
Año II - Nº 75 - Uruguay, 23 de Abril del 2004

Bin Laden, el terrorismo de los ricos
Aborto
La niñéz en el campo
INFORME ESPECIAL: Conozcamos el otro Irak
Rondan Martínez "El poeta charrúa"
The new "Old City"
Ojos Uruguayos en Brasil

La diáspora uruguaya

Sucedió en España
No está clara la política de emigración
Paseando por las neuronas de los recuerdos
Así Somos
Hurgando en la web
Nombramientos
Inventando la cánula rígida
Chairando ideas
La OMC retoma negociaciones
ALCA debe responder a intereses de todos: Lula
Una introducción a la investigación de la Fé y la religiosidad
La Cocina Uruguaya
Rincón de Sentimientos
El Interior también existe
Olvidémonos de las Pálidas
Las Locuras de El Marinero
Correo de Lectores

 

 

La Niñéz en el Campo
por R. Lachaise

Que felices fueron aquellos tempranos años vividos en el campo. Creíamos en cualquier cosa, teníamos la ilusión y la esperanza de lograr todo lo que leíamos en las revistas. Si entonces nos hubieran hablado de computadora, hornos a micro onda, o teléfono que se llevaban en el bolsillo, hubiéramos creído que se hablaba de otro planeta
Aun espero que la tecnología logre algún día llevarnos a la infancia otra vez, de donde lo juro! no volvería mas.
Aprendimos a nadar en el río Queguay. En semana Santa acampábamos en la zona donde el río tiene una cascada. Entre hermanos y hermanas éramos seis y no dejábamos rincón sin conocer.
Las aventuras eran por las noches, cuando papá y mamá dormían. Ellos no sabían que nosotros usábamos el rifle.
Todas las noches salíamos con la ilusión de cazar carpinchos, nunca cazamos nada, pero no nos dábamos por vencidos así no mas. Le triábamos a cualquier cosa que se moviera entre los arbustos.
Una noche de esas, vimos brillar dos ojos en la obscuridad y el mayor de nosotros tomó el arma, apuntó y tiró. Algo oímos alejarse por los matorrales sin que pidiéramos verlo. Asustados volvimos a las carpas y nos acostamos.
Al día siguiente vino un gaucho a hablar con papá:"Usted no sabe don Esteban quien jué el disgraciao que anoche me chumbió el tordillo?"