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Año II - Nº 75 - Uruguay, 23 de Abril del 2004

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Aborto
La niñéz en el campo
INFORME ESPECIAL: Conozcamos el otro Irak
Rondan Martínez "El poeta charrúa"
The new "Old City"
Ojos Uruguayos en Brasil

La diáspora uruguaya

Sucedió en España
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ALCA debe responder a intereses de todos: Lula
Una introducción a la investigación de la Fé y la religiosidad
La Cocina Uruguaya
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Olvidémonos de las Pálidas
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The new “Old city”
por Lic. Anna Pignataro Otman

Ya sea que te hayas ido del país o continúes resistiendo como tantos, probablemente en un rincón de tu memoria estarán arrumbadas antiguas

impresiones de algún paseo familiar o escolar por la ciudad vieja de Montevideo. Ese clásico recorrido comenzaba en la puerta de la Ciudadela, continuaba hasta la Plaza Matríz con la infaltable visita al Cabildo y la Catedral, las casas de Rivera y Lavalleja, bajaba hasta las Bóvedas y finalizaba en el Cubo del Sur, los restos de la muralla y el Teatro Solís.

Seguramente, por aquél entonces la calle Sarandí poseía veredas angostas,

los autos circulaban en doble mano, los profesionales y ejecutivos eran amos y señores del barrio durante el día y la consigna popular solía ser: “que no te agarre la noche “ pues es el reino de putas, fiolos, marineros y malandros.

A pesar de la piqueta fatal del progreso, aún resisten algunas bellezas arquitectónicas de aquellas que había que apreciar con ojos especializados en ver más allá del desgaste del tiempo: balcones, rejas, molduras o ventanas, que uno veía en detalle si lograba levantar la mirada que con frecuencia apuntaba al suelo para asegurarse de pisar en el lugar correcto. Lo cierto es que aún conviven en forzada armonía, casas o edificios de estilo, testigos de la historia dorada de nuestro país, con rígidos y fríos edificios contemporáneos y algún que otro baldío que ha mudado en estacionamiento.

Un uruguayo tradicional, poseedor del típico ojo gris con el cual suele pintar aquello que observa, hablará con nostalgia de lo que había y se perdió, de lo que fue y ya pasó, de la pena que le produce la ausencia de esto o aquello, estando imposibilitado de ver que algo aún resiste y que gracias a la intensión y el esfuerzo de muchos, finalmente se está rescatando. Y digo rescatando, porque la querida “Ciudad Vieja” vuelve poco a poco a ser patrimonio de muchos, como en los tiempos en que fuera cita ineludible para el encuentro de la sociedad montevideana.

Es cierto que Acle o “El Debate” ya no están más sobre la Plaza Matríz; tampoco

“El Jauja” o “El Vasquito” donde tomar una después del trabajo o a la salida del Solís y que ni siquiera el haber sido inmortalizado en una canción pudo impedir que cerrara el tradicional bar “El hacha”. Pero gracias al esfuerzo mancomunado del gobierno municipal y visionarios operadores privados, la cara de esta zona de Montevideo ha ido cambiando.

Hoy “la City”, como ha sido re-bautizada por algún habitué, es ineludible lugar de encuentro más allá del tradicional Mercado del Puerto. Comenzó hace unos años con la creación del paseo de la Ciudad Vieja; los sábados desde la mañana la peatonal es una fiesta familiar donde conviven espectáculos de música, danza, teatro o pantomima con artesanos a lo largo de Sarandí y anticuarios en la plaza Matríz.

Caminar durante el día o la noche por las renovadas peatonales Sarandí y Bacacay coronadas de bares, restoranes, galerías de arte o boutiques, puede hacer que el peatón sienta por un momento que pasea por alguna otra ciudad que supo visitar. Y Bartolomé Mitre, que no es peatonal,
durante el día continúa siendo bastión de anticuarios y libreros pero por la noche las mesas y sillas de los boliches invaden ambos lados de la calle y el público circula naturalmente entre ellas.

Basta andar por la city, para confirmar que este fenómeno está en expansión. Afortunadamente, día a día vemos por otras arterias del barrio más edificios en proceso de reciclaje para albergar algún nuevo proyecto. Generalmente, el eje es la gastronomía, alternando con propuestas culturales de diversa índole, logrando atraer la atención de un espectro variado de público, tanto en intereses como en poder adquisitivo. Así, encontramos recintos que

funcionan durante todo el día incorporando desde la mañana los desayunos al estilo porteño, luego almuerzo con menú ejecutivo, el happy hour para a la salida de la oficina y por supuesto terminan la jornada hasta altas horas de la noche. Hay también lugares que optan por trabajar exclusivamente al mediodía o a la noche. Lo cierto es que a uno ya no le da “no sé qué”

caminar por la Ciudad Vieja; ahora es un lugar seguro, iluminado, pero ciertos vecinos que habitan allí de toda la vida afirman que el ruido es excesivo, olvidando que antes tenían pánico de ser robados en cualquier esquina oscura si regresaban muy tarde a casa. Hoy, su viejo barrio se ha revalorizado y es cita ineludible de uruguayos y turistas maravillados al encontrar en nuestra ciudad una movida que se asemeja cada vez más a la de Madrid o Buenos Aires.

Pero lo más importante de este fenómeno, es que el

crecimiento del rubro esparcimiento genera numerosas fuentes de trabajo e ingresos en diversas áreas, justo en momentos en que la economía del país vive un grado de estancamiento sin precedentes, aunque esto sea a costa del sueño de unos pocos.