De las ideologías
y las formas de gobierno
Por Gabriel Reyes
Ante el planteo de escribir sobre el “marxismo en democracia” parece oportuno hacer algunas precisiones a los efectos de que no se parta de preconceptos que condicionen el discurso del pensamiento.
Hablar de marxismo, así como así, nos lleva a una generalización conceptual de lo que fue la riqueza de pensamiento de Karl Marx, uno de los grandes pensadores del siglo XIX, con una influencia determinante en el pasado siglo XX.
Por tanto, enmarcar el marxismo, como corriente de pensamiento, en el contexto de un sistema de gobierno, democrático, podría estar planteando solapadamente un antagonismo que no es real.
Por tanto, me parece de orden establecer en el presente artículo algunas precisiones.
En primer lugar, el término marxismo, en sí, sería un modismo que encierra un conjunto de elementos que no solamente refieren al pensamiento de Marx, sino que también podrían incluir elementos de otro gran pensador como lo fue Engels. Estos pensadores y sus escritos como expresión acabada de sus ideas y reflexiones, influyeron de forma determinante en la forma de encarar la vida social de los pueblos en la segunda mitad del siglo XX.
Así gobernantes de la talla de Stalin o L ennin asumieron como principio básico para sus gobiernos la ideología de Marx y más concretamente la aplicación práctica del Manifiesto Comunista y la obra máxima de Marx, El Capital.
La seria preocupación por establecer y dilucidar la relación de los hombres entre sí y con la materia lo llevan a incursionar por terrenos novedosos, de una forma poco usual y por lo mismo llegando a conclusiones pragmáticas que han pautado formas de ser y relacionarse en el mundo, hasta nuestros días.
Luego de estas breves consideraciones, muy genéricas por cierto, podemos darnos cuenta pues, que no necesariamente debemos establecer, a priori, ningún tipo de relación necesaria entre el marxismo como ideología y la democracia como forma de gobierno.
En este contexto pues, el marxismo puede ser una corriente de pensamiento influyente y hasta determinante en un régimen de gobierno democrático, o no.
Concretamente, puede haber gobiernos democráticos que sustenten ideologías marxistas, gobiernos totalitarios que sustenten tales ideologías, y gobiernos totalitarios o democráticos ajenos a los ideales planteados por Marx.
El marxismo, o las ideologías relacionadas con los principios básicos planteados por Marx, trascienden formas de gobierno determinadas por su forma o por su tiempo.
Es más, no necesariamente los planteos de Marx tienen que restringirse necesariamente al plano político, entendido éste como forma de ordenamiento de la sociedad.
Marx fue un revolucionario en su forma de concebir la sociedad y las formas de relación entre los seres humanos, pero no necesariamente debemos proceder a una interpretación inmediatista de sus principios básicos, pretendiendo encasillarlos en tal o cual forma de gobierno.
Con el marxismo, como con cualquier otra corriente de pensamiento, corremos el riesgo de desvirtuarlo en la medida que lo reducimos a interpretaciones puntuales, ya en el tiempo, ya en espacios geográficos determinados.
Por tanto, es con asombro como uno puede ver en el Uruguay contemporáneo, sectores políticos cercanos al marxismo que se autodefinen como “batllistas”, mientras el propio presidente Jorge Batlle, a quien no se le puede discutir su ser “batllista”, nada tiene que ver ni en su pensamiento, ni en su forma de gobierno, con tales ideologías.
Ello es entendible solamente en la medida que ubicamos cada cosa en su justo lugar.
Del mismo modo, uno de los últimos bastiones de gobierno que pueden relacionarse de forma más inmediata con el pensamiento marxista, como lo es el gobierno de Fidel Castro en Cuba, puede calificarse en cierto sentido como régimen autoritario y de espaldas al ejercicio de la democracia – tanto directa como indirecta-.
Como se puede ver en estos escasos renglones y desde mi humilde punto de vista, el legado de Karl Marx, uno de los aportes más importantes en cuanto a exigencias de pensamiento ha tenido la humanidad en los últimos tiempos, trasciende el espacio geográfico concreto y el tiempo determinante de los regímenes de gobierno.
El aporte de Marx va mucho más allá de una forma de gobierno tan puntual como lo es la propia democracia.
La obra escrita de Marx es lo suficientemente rica como para iluminar las formas de relación de los seres humanos entre sí, como con el mundo entorno, aún en la alborada del tercer milenio.