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Año V Nro. 305 - Uruguay,  26 de setiembre del 2008   
 

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Argentina vs. buenos ejemplos
por Emilio J. Cárdenas (Perfil)
 
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Seriedad y felicidad
1. Uruguay sigue creciendo, en serio

         En el primer semestre del año en curso, el Producto Interno Bruto del ordenado Uruguay creció, cabe destacar, un extraordinario 13,1%. Esto en relación con idéntico período de 2007.

         Esos guarismos jamás fueron -ni cerca- alcanzados por la Argentina de los últimos años, pese a las constantes declamaciones de “auto-bombo” que caracterizan a los Kirchner, de las que se hizo eco -automáticamente- parte de la complaciente prensa argentina, “seducida” de mil maneras por los Kirchner y por sus “ad-láteres”.

         En esta notable cifra de crecimiento uruguayo -que cabe aplaudir- se conjuga el resultado de varios factores. Entre ellos, (i) el inicio de la pujante producción de pasta de celulosa por parte de la empresa finlandesa Botnia, logrado pese a las torpes intimidaciones de los llamados “ambientalistas” argentinos, que contaron con la ayuda y respaldo de la “administración” de los Kirchner; (ii) la fuerte expansión de la producción agrícola uruguaya (a un ritmo sostenido del 7,9% anual), respecto de cuya renta los orientales no trataron de apropiarse, como ocurriera -en cambio- en la Argentina, país que ahogó tempranamente la expansión de su campo, perdiendo así una oportunidad histórica de la que, en cambio, Uruguay supo usufructuar correctamente y con sentido común; (iii) el importante crecimiento -correlativo- de la producción de la agroindustria, que acompañó, como era de esperar, a la expansión del sector del campo; y (iv) el tradicional respeto -y apego- oriental por el Estado de Derecho y la “santidad de los contratos”, actitud que contrasta abiertamente con la situación argentina, en la que tanto los gobiernos de los Duhalde, como de los Kirchner, pisotearon -sin mayores miramientos- el Estado de Derecho, como si ello no tuviera costo, ni importancia alguna, para el llamado “clima de inversión”. Hoy está a la vista que sí lo tiene. Por ello los argentinos sacan sus ahorros al exterior y los extranjeros huyen despavoridos.

         Es por esto la avalancha de inversiones de la que merecidamente goza Uruguay y la notoria carencia de inversiones en la Argentina.

         Ocurre que Uruguay ha crecido fuertemente en su producción de arroz, trigo, soja y cebada, respondiendo al crecimiento de la demanda del mundo.

         La Argentina, por su parte, cerró la puerta y tiró la llave por la ventana, para que sus habitantes puedan seguir “comiendo bien y barato”, sin que importen los costos de la inconsciente decisión, de corte notoriamente populista. Ni el atraso relativo con que así se condena a toda la sociedad.

         A todo ello se sumó, como cabía esperar, la fuerte expansión de la demanda interna oriental, que es obvio reflejo del mejor nivel de vida de los uruguayos, en su conjunto.

         La prudente ortodoxia uruguaya se opuso a la increíble heterodoxia argentina, impulsada inconscientemente por los Kirchner.

         Uruguay, haciendo las cosas bien, se consolidó. La Argentina, pretendiendo arrogantemente saber mucho más que todos, ve en cambio como, día a día, su “riesgo país” crece, inexorablemente. Y no sin buenas razones.

         Así nos va. Por haber inventado la rueda y pretender saber más que los demás, cuando está ya claro que una audaz nota de ignorancia alimenta muchas decisiones económicas de nuestra administración nacional.

2. Devolviendo felicidad a los demás

         En aquellas sociedades que conviven con una alta cuota de resentimiento -como la argentina, desgraciadamente- hay muchos que envidian abiertamente al que le va bien. No importa si hizo lo suyo con inteligencia, talento especial o con esfuerzo. Lo envidian igual y, si pueden, están “contra” él.

         Hay, no obstante, otras sociedades, más abiertas quizás, en lo que esto no es así. La norteamericana es una de ellas. Allí más bien se admira a quienes tienen éxito y se procura imitarlos.

         Es posible que la siembra constante de resentimientos desde el poder por parte de gobiernos populistas tenga algo que ver con estas actitudes. La Argentina ha vivido sumergida en esa siembra desde los primeros días de Juan Domingo Perón, aunque con algunas intermitencias. Pero lamentablemente han sido más los tiempos de populismo polarizante, que los de paz social. Más, entonces, los días de enfrentamientos entre hermanos, que los de visión y esfuerzos unificados. Y -por ello- nos “comieron los de afuera”, como nos augurara la sabia poesía gaucha de José Hernández. Una y otra vez.

         Una de las razones del aplauso y respeto norteamericano hacia sus personajes más exitosos es que éstos suelen legar buena parte de sus riquezas a los demás. Esta es, está claro, una forma de “devolver felicidad” a todos quienes posibilitaron que la riqueza se creara. Evidenciando que “el prójimo” existe, e importa.

         Los ejemplos son muchos. Y aparecen todo el tiempo. En la normalidad. No solo a nivel de los Bill Gates de este mundo. También en otros.

         Nadie se asombra. Como si la sociedad de alguna manera esperara ese comportamiento. Tan es así que, a veces, estas noticias ocupan una página recóndita de los diarios.

         Por ejemplo, el New York Times dedicó una breve cobertura, en la página 18 de su edición del 5 de septiembre pasado, a los esposos Eli y Edythe Broad, un matrimonio de millonarios que hizo una gran fortuna en los desarrollos inmobiliarios y en el sector de los seguros.

         La pareja, al culminar sus vidas, decidió donar 400 millones de dólares al llamado “Broad Institute”, conformado -conjuntamente- por la Universidad de Harvard y por el afamado Massachusetts Institute of Technology, dos instituciones universitarias norteamericanas de primer nivel mundial, que trabajan articuladas en tratar de descubrir los nexos genéticos con las enfermedades más peligrosas, como el cáncer, lo que podría llevar a toda una nueva manera de diagnosticar y curar enfermedades y producir remedios para ellas.

         Ese dinero, que se suma a otros 200 millones donados por ellos mismos previamente, deberá atraer y generar otras inversiones paralelas de terceros, de manera de fondear las actividades aludidas con, por lo menos, un billón de dólares. El “Broad Institute” ha descubierto ya los genes que tienen que ver con la diabetes y con algunos otros males, como la esquizofrenia, la bipolaridad y el autismo.

         Ojalá los Broad de nuestro medio encuentren pronto imitadores. Para que todos podamos aplaudir sinceramente la generosidad de aquellos que más hicieron y recibieron en la vida. Esto podría contribuir a ayudarnos a superar los resentimientos.

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Fuente: Fundación Futuro Argentino
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