|
Hurgando en la Web
El Uruguay que no conocemos
 |
 |
 |
|
Montevideo al Oeste
Recuerdos entre el asfalto y la bahía
|
 |
|
La gran bahía, antiguo refugio de expedicionarios, guarda, a lo largo de su costa, testimonios del proceso de transformación de la vida montevideana; bellos rincones custodiados desde siempre por el disputado Monte Vidi y, desde comienzos del siglo XIX, por la Fortaleza.
Partiendo desde el Puerto, la primera escala es la estación del ferrocarril. De allí, por la ruta de acceso a la ciudad, pasando por el Parque Capurro, el destino es el Cerro de Montevideo y la Fortaleza.
|
 |
PUERTO Y ESTACION ARTIGAS
Ingresar al Puerto por la entrada de la calle Río Branco lleva la visitante a un lugar poco frecuentado: el muelle de los barcos de pesca. De gran calado o pequeñas, las naves llegan con su carga a todas horas. Con un poco de suerte, se puede presenciar el arribo de alguna y el inicio del trabajo, primer eslabón de una cadena que irá proveyendo de frutos del mar a todo el país. Un paseo sin prisa permite disfrutar de una vista diferente, con la ciudad semioculta entre las instalaciones del Puerto y el Cerro que, al otro lado, vigila silencioso el movimiento del nuevo día.
Desde allí, la primera parada es inicio y fin de caminos: la Estación Central "Gral. Artigas". La antigua Compañía Británica del Ferrocarril, fue adquirida por el Estado el 31 de enero de 1949 durante el gobierno de Luis Batlle Berres. Su sola presencia, distinguida desde lejos, impacta por la monumental belleza de su construcción de enormes columnas y ornamento de hierro forjado, obra del prolífico ingeniero Luis Andreoni. Resguardo por más de un siglo de un intenso movimiento de pasajeros, produce un poco de nostalgia -aunque no opaca su encanto- la recorrida por su interior, entre solitarios andenes que esperan la partida de algún convoy de carga o la esporádica de algún puntual itinerario de pasajeros. Si se desea hacer un alto, también ofrece la estación un excelente lugar para almorzar. Actualmente está en plena reconversión para transformarse en un centro cultural de primer nivel.
CIUDAD-VILLA COSMOPOLITA
Siguiendo por la ruta de acceso, una vez que se cruza el puente que comunica los barrios de La Teja y El Cerro, se toma por el primer corte a mano izquierda, para dar derecho al estadio "Luis Tróccoli", del Club Atlético Cerro, con capacidad para 25.000 personas. Sus muros exteriores está cubiertos casi completamente por un mural del plástico Leopaldo Nóvoa -actualmente radicado en Europa-, el que fuera iniciado en la década del 60 y aún está inconcluso. Una continuación de la obra, a modo transoceánico, está siendo ejecutada actualmente en España. Continuando por esa misma calle se ingresa directamente en la Villa del Cerro que todavía mantiene, a pesar de los cambios ocasionados por la transformación industrial, una suerte de vida propia. La iniciativa de poblar el Cerro partió del Procurador General de la novel ciudad, pero fue denegada por el Alcalde en virtud de los escasos pobladores y poco recursos con que éstos contaban. Era entonces el Monte Vidi un agreste cerro destinado a Estancia de las Caballadas del Rey. Incluso muchos años después, ya avanzado el siglo XIX, (según registra Isidoro de María en su "Montevideo Antiguo"), llegaron unos tigres desde los pajonales del actual barrio de Pajas Blancas.
Fue por la década de 1830 que comenzaron a repartirse las tierras y delimitarse las chacras de la Villa del Cerro, las que, unas pocas décadas más tarde, convivían con saladeros, graserías y depósitos de cueros. Con el paso de los años y la llegada de nuevos inversores ingleses y norteamericanos, llegaron también los frigoríficos y, tras ellos, los más variados inmigrantes, quienes dieran a la villa esa identidad cosmopolita, que refleja el nombre de sus calles.
LOS AÑOS 20 TRAJERON EL GOLF
La calle Grecia conduce, atravesando el barrio, hasta una hermosa playa rodeada de vegetación, la que fuera inaugurada oficialmente en diciembre de 1924 como el balneario de la playa Duclós. Bordeándola continúa un camino que lleva hasta el Club de Golf. Es actualmente uno de los cuatro campos de 18 hoyos que existen en el país. La cancha fue diseñada por el Ing. Luther Kooltz y construida en 1920 por los inversores estadounidenses que instalaron el Frigorífico Swift. Cuando a fines de los 50 el gobierno de Batlle Berres expropió el frigorífico, el campo pasó a la órbita municipal. Unos años después, en 1958, se fundó el Club de Golf del Cerro. Actualmente no está abierto como paseo público, pero si se ha realizado el recorrido sin hacer un alto para reponer fuerzas, el restaurante del Club resulta una interesante opción.
LA CIUDAD A SUS PIES
El ascenso al Cerro indica la cercanía del final del paseo. Su altura, de 135 metros, aunque no es espectacular, ofrece una incomparable vista de la ciudad, el movimiento del puerto y los alrededor. Una pequeña isla cercana a la orilla -actualmente Isla de la Libertad-, siempre abre interrogantes. Su primer nombre lo recibió por 1736. La Isla de las Gaviotas fue entonces centro de observación de los hombres de una flota Portuguêsa que intentaba obtener información sobre el valor de las fortificaciones españolas. Años después, en 1811, cuando la llamaban Isla de las Ratas, fue asaltada por un grupo de patriotas que buscaban hacerse de la pólvora acumulada allí por los españoles. Más tarde fue arrendada para depósito de aprovisionamiento de sus buques, hasta que, en 1865, volvió a posesión del Estado bajo el nombre de Isla de la Libertad. Desde esa fecha fue depósito de combustibles, lazareto y cárcel.
LA FORTALEZA DE ELIO 
Sólida como la roca de su base, fue construida por orden del gobernador Francisco Xavier de Elío entre 1809 y 1811, aunque los primeros proyectos de construcción comenzaron a debatirse por 1724. No se pensaba entonces en la ubicación que finalmente se le dio, pero la necesidad de defensa la hizo vivir, al menos en la idea, mucho tiempo antes de su existencia real. La obra finalizó en 1939.
Muchos fueron los combates que tuvieron a la fortaleza por escenario, pero quizás el más célebre fue el ocurrido en noviembre de 1870, cuando fuera tomada por asalto por las tropas revolucionarias del Gral. Timoteo Aparicio. Cuidadosamente conservada y símbolo patrio en el escudo nacional, la fortaleza es sede del Museo Militar desde 1916.
 |
|
Material original extraido de "Vivir Uruguay",
Suplementos Especiales del Diario EL OBSERVADOR.
Reproducido de Red Multicar
|
 |
|