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El plebiscito por el voto en el exterior
por Helena Arce
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En las elecciones de octubre los uruguayos deberemos decidir si otorgamos la posibilidad de votar desde el exterior, a los uruguayos no residentes.
Más allá de los sensatos pronunciamientos de diferentes conciudadanos donde explican claramente los inconvenientes que podría causarle al país, esta posibilidad, entre otros:
1.- La falta de información de primera mano. No hay duda que independientemente del acceso a la información digital, es imposible realmente saber lo que sucede en un lugar y el verdadero comportamiento de los postulantes a gobernarlo sin la vía presencial. Es imposible que conozcan a quienes se postulan a los diferentes puestos, tanto nacionales como departamentales. Su conocimiento de lo que sucede en el país, siempre estará filtrado por lo que opinan sus familiares, la tendencia de los diarios que leen, etc.
2.- La falta de garantías – El sistema electoral uruguayo es reconocido como uno de los más fiables del mundo. Hemos visto denuncias de falta de transparencia en los recuentos de los resultados electorales de los países más desarrollados, sin embargo todos sabemos que el resultado que surge de las urnas en nuestro país, nos guste o no, siempre coincide con lo que votamos. ¿Puede darnos garantías el voto epistolar, donde no poseemos siquiera la certeza sobre que la persona que haya puesto el voto en el sobre cerrado sea realmente la persona que debía votar? El resultado electoral dejará de contar con las garantías suficientes, para basarse en un acto de confianza respecto a quienes son los que votan.
3.- La alta proporción de uruguayos no residentes con respecto a los residentes – Este hecho puede desembocar en que el voto de quienes no residen en nuestro país, tuerza la voluntad de quienes si residen.
4.- Al no residir no cargarán con las consecuencias de su voto – Creo que el ejemplo de que quienes votaron al FA y se volvieron a sus países de residencia, y no deben abonar el IRPF, es bastante clarificador.
5.- Las remesas que envían al país – Ante este hecho quiero ser bien clara, quienes envían dinero al Uruguay, no los envían al país, sino simplemente y con todo derecho a sus familiares y/o amigos, a quienes por un acto de voluntad, deciden ayudar desde el exterior. Esto me parece sumamente correcto, pero el que haya personas residiendo en el exterior que ayudan a sus familiares y/o amigos, los hace personas solidarias, pero no les da derecho a decidir ni siquiera sobre el destino de las personas que ayudan, mucho menos sobre la de todos los uruguayos.
6.- Los uruguayos deben votar pues un buen gobierno los hará volver – Esto no es cierto, quien ya se fue, y formó una familia, tiene su trabajo es muy difícil que pueda volver, pues deberá desarraigar a toda su familia. Podrán volver de vacaciones, comprar una vivienda como inversión, radicarse cuando se jubilen, pero es muy difícil que retornen. La inmensa mayoría de los pocos que lo hicieron, volvieron a emigrar. Pero en todo caso cuando vuelvan podrán sin lugar a dudas, ejercer el derecho a votar.
7.- Quienes tienen dinero y viajan pueden votar, quienes no tienen dinero no pueden viajar y por ello no pueden votar – Ante esto en realidad, quienes aunque sea vienen a votar, por lo menos visitan el país, pueden aunque sea otear la realidad. Quienes no vienen ni siquiera cada 5 años a ejercer el derecho al voto, ¿Cómo pueden tener siquiera alguna idea de lo que aquí sucede?
8.- Dentro del Uruguay si vivo en el Cerro, pero la credencial la saqué cuando vivía en Malvín, debo ir a Malvín a votar. Ni hablar de si la credencial fue sacada en otro departamento diferente a donde vivo, tengo que viajar, ni se nos permite votar observado. ¿No debería solucionarse, este inconveniente?
Sinceramente me sucede que cuando intento razonar sobre la posibles ventajas de otorgar la posibilidad de votar en el exterior, nunca encuentro propias, ni escucho de boca de sus propulsores, motivos racionales, simplemente siempre son emocionales, apelan a darles el derecho, el que se sigan sintiendo uruguayos.
Me hace acordar a cuando mis padres habían quedado ya solos en su casa, y se les ocurrió pintar las paredes de la casa de celeste, llegó primero mi hermana, y luego yo. Ambas reaccionamos indignadas pues nos parecía espantoso el color, y mi padre se rió y nos dijo con ternura: “Preciosuras opinen lo que quieran, si eso las hace sentir en casa, pero los que vemos las paredes todos los días somos nosotros dos, por lo que el color lo elegimos nosotros. Igual las queremos mucho, y somos más felices cuando vienen, pero el color de las paredes que tienen que elegir es el de la casa de ustedes”:
Recordando las palabras de mi padre, hoy se me ocurre preguntarles a los queridos amigos que residen en el exterior: “¿Qué obtienen votando en las elecciones del Uruguay, cuando residen en otro país?“.
Es como la satisfacción que hubiese tenido yo obligando a mi madre a pintar las paredes de su casa de blanco, ella odiaba el blanco, pero así cuando yo iba de visita disfrutaba el color de las paredes que yo había elegido, claro el resto de los días mis padres debían vivir con un color que no les gustaba. Pero claro para que yo no sintiera que esa no era ya mi casa, ¿me tenían que dar el gusto? Esa era mi casa, yo crecí en ella, pero cuando me fui, opté por vivir en otra casa, y de ella debía elegir el color de las paredes.
© Helena Arce para Informe Uruguay
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