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ENTRE VIAJES Y TRAICIONES
Por: Walter Amaro - Sydney/Australia
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La decisión de FIFA de mantener el viejo sistema de clasificación entre el quinto de sudamérica y el campeón de Oceanía, para lograr una plaza al Mundial 2006, ha generado una ola de protestas en esta parte del mundo.
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El presidente de la Confederación de Fútbol de Oceanía, Basil Scarsella, tuvo palabras muy duras para el organismo presidido por Sepp Blatter, señalando que esto era practicamente un acto de traición. Australia particularmente, es el equipo más afectado por esta rotunda marcha atrás de la FIFA -al ser considerado favorito en la zona- lo que casi le aseguraba la clasificación para Alemania. Como se recordará, Australia solamente clasificó una vez para un torneo de esta índole, y fue en 1974. En el último mundial de Korea-Japón 2002, vio esfumarse sus posibilidades al ser derrotado por el representativo de Uruguay en forma inapelable.
| Dicen que la memoria no sólo es inestable, sino que además sufre de amnesia cuando lo considera necesario. Nuestros mayores se encargaron de recordarnos siempre que uno olvida cuando debe, pero nunca cuando a nosotros nos deben, y de eso no hay ninguna duda. Ahora al Sr. Basil Scarsella le duele el no poder cobrar favores como el que |
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permitió que el mundial no empacara sus maletas rumbo al África. La FIFA cuidando sus propios intereses, corroboró esa vieja sentencia, dejando de lado sus promesas de una plaza directa y reestableciendo, por lógica, el medio cupo para sudamérica. Cuando viajábamos para este país también nosotros nos
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acordábamos de eso. ¿Cuantas cosas quedamos debiendo? Niñez, Educación, madurez, etc. ...Cada rincón de ese querido Montevideo, de nuestro Uruguay, tenía una cuenta pendiente con nosotros; y aquí hay una pequeña diferencia: nosotros no olvidamos la deuda. Solamente que nos demoramos un poco en pagarla. |
Les contaba en la nota anterior que allí, frente a nuestros ojos estaba presente el primer drama de nuestra aventura. Al pie de la escalinata del avión, una hermosa joven, rubia para ser más precisos, de profundos ojos azules y silueta que haría perder el resuello a más de uno, nos decía con toda la simpatía del mundo: “How are you...Welcome on board ...”
Si hubiera estado caminando por 18 y me cruzo con algo así, créame que daría vuelta la cara para mirarla dos veces. Sin embargo sentí pánico. No pude entender ni pito... ¿Qué nos aguardaría luego?
El bonito uniforme de la azafata permanece indeleble en nuestro recuerdo. Pero, paradogicamente, la aerolínea nacional Quantas cambió su vestimenta por una más atractiva confeccionada en China, para no perder la costumbre de importar desde allí hasta lo que no nos sirve. Y por supuesto inundar aún más el mercado de prendas y artículos de todo tipo, de pésima calidad “Made in China” echando por tierra el eslogan de favorecer la producción australiana. Parece que el gobierno tampoco tiene buena memoria.
Sudamérica sufrió hace años la invasión de chucherías de todo tipo importadas de Taiwan. Los famosos bazares del dólar, donde se encontraba desde alfileres hasta fósforos se hicieron la “américa”, sacrificando en cambio la paupérrima industria nacional.

Acomodados en el “jumbo” despegamos rumbo a Nueva Zelanda, parada insospechada puesto que no estaba en nuestra hoja de ruta. Las que pasamos en ese avión sólo Dios lo sabe. De aquel grupo de personas de habla hispana que nos acompañaban en el comienzo, sólo quedó un matrimonio con el cual quedamos practicamente aislados, el resto, unas trecientas y tantas personas más, eran absolutos desconocidos y no parecían hablar español. Ya habíamos perdido la noción de tiempo y distancia. La cena podría ser un almuerzo y la merienda el desayuno. No importaba, cenar a las 7 de la mañana de todas formas es bastante pintoresco. Con lo que no congeniabamos muy bien era con el cambio horario: a medida que volábamos ganando kilómetros el reloj nos jugaba la mala pasada de retroceder haciéndose más temprano a cada minuto. Por suerte aprendimos a decir “orange juice” (jugo de naranja) “coffe” (café) y “water” que quiere decir agua y no baño como usted podrá pensar.
En el correr de la semana, la “Comunidad de Naciones del Pacífico Sur” se reunió en Sydney para tratar el tema de las Islas Salomón. En dicha cumbre se dio total apoyo a la iniciativa de Australia y Nueva Zelanda de enviar un contingente multinacional con evidente intención de pacificar la región. El presidente del foro, el Ministro de Relaciones Exteriores de Fiji, Kaliopate Tavola, señaló que la reunión tuvo caracter histórico.
Por su parte el canciller de Nueva Zelanda, Phil Goff calculó que el contingente contaría con dos mil hombres, comandada por agentes policiales con la normativa de restaurar el orden, la ley y los servicios básicos. agregando que el apoyo militar sería necesario para asegurar el éxito de la misión. Australia estaría dispuesta a aportar mil quinientos de esos efectivos.
Tahití había quedado atrás. La maravilla geográfica de ver un conjunto de islas desde la altura es imponente, pero vuelvo a insistir: el que emigra no hace turismo. Ello evita que uno disfrute en toda su dimensión de todo esto. Por esa misma razón, aquel que está acostumbrado a los viajes internacionales no se toma a mal que le rocíen con spray cuando llega a Australia como si fuera un piojoso o un infectado, y que además deba rellenar declaraciones juradas que uno no entiende, pués sólo están redactadas en idioma inglés.
Recuerdo que en los aeropuertos y vuelos de líneas de países de habla hispana, los formularios están redactados en forma bilingüe, español-inglés. Esto demuestra a las claras que nuestra lengua no les importa mucho. Sin embargo a nosotros si nos importaba. ¿Qué decía en aquel maldito formulario?

Aburridos de ver los dibujitos en la pantalla de televisión sin llegar a entender ni una letra, de oir música en inglés en los audífonos, de quedar más negros de lo que somos de tanto beber café, de sufrir la peor acidéz de tanto jugo de naranja y comidas a destiempo, por los altavoces se anunciaba que haríamos escala en Nueva Zelanda en los próximos minutos. Qué alegría, parecía que el martirio llegaba a su fin. Comenzamos una vez más a buscar nuestros pasaportes en la gastada cartera de mano...
A propósito de pasaportes, les cuento que un nuevo temor asola a los australianos. La pérdida de más de 2.000
pasaportes substraídos de las oficinas del Correo Nacional, compromete seriamente la seguridad interna, y por qué no, pone un enigmático signo de interrogación en los controles internacionales.
Un hombre, Dilshod Bababekov, portando un falso documento australiano, fue detenido por las autoridades de los Estados Unidos. El sujeto declaró al FBI que compró dicho pasaporte en Australia por $US10,000 luego de haber entrado ilegalmente al país en el año 2001. Como quien no quiere la casa “no sólo en casa se cuecen habas”. Las “mafias” populan por doquier, y el crimen organizado conforma un jereolífico que trae de cabeza a los servicios de seguridad y la Policía.
De todas maneras, lo que no decae en Australia es el optimismo. Recientes encuestas realizadas por los medios de comunicación, arrojaron cifras sorprendentes. En ellos se destaca que el 63 % de los encuestados, confía en que el nivel de vida mejorará en los próximos 6 meses. Sin embargo, el 16% restante opina que la situación empeorará. Claro que todo depende del cristal con que se mira; o mejor dicho: depende de cual es el alcance económico y el enfoque que uno quiera darle a la cosa. Australia es tiempo pasado en esto de épocas de abundancia, y ni por asomo se asemeja a la “lucky country” que conocimos. Muchos compatriotas darán fe de lo que digo. Aún así el tópico es polémico y complejo, y mejor será dejarlo como charla de futuros encuentros.
Otra vez el zumbido molesto en los oídos, producto de la descompresión del avión nos indicó que perdíamos altura. La nariz del 747 apuntaba hacia las colinas de Nueva Zelanda. Ante nuestros ojos en el bajo, se descubría el ultramoderno aeropuerto de Auckland, el más importante del país y puerta de ingreso a la ciudad del mismo nombre.
Varios especialistas en viajes turísticos suelen llamarla la otra porción de la Patagonia. Algunos en cambio la describen como la ciudad más inglesa que Inglaterra. Pero la adjetiven de una u otra manera, Auckland y su hermana mayor y capital de Nueva Zelanda, Wellington, son realmente impresionantes.
A todo esto, todavía no había llenado ese maldito formulario que según supe después era una declaración jurada en la que especificaba que no ingresaba al país, nada que pudiera afectar la ecología, drogas y otros enseres. Por allí asertó a pasar un señor de origen paraguayo, radicado en Australia que nos sacó del apuro, rellenando la fórmula por nosotros.
El mundo del espectáculo ha perdido una de las grandes estrellas de la pantalla gigante. La leyenda de Hollywood Katharine Hepburn murió a los 96 años, llevándose la estima y admiración de una legión de admiradores entre los cuales nos contamos. Una de sus últimas películas, "En el estanque dorado", personificando a una persona en la tercera edad junto a Henry Fonda, le valió su cuarto Oscar de la Academia. Casualmente su imagen en ese éxito cinematográfico en la pantalla del aeroplano, fue lo último que atisbamos a ver mientras entrabamos al tunel transportador hacia el aeropuerto.
Cuantas cosas comenzaron a ser leyenda, ¿no es cierto? Cuantos sueños de sueños quedan en el camino a medida que los años comienzan a pesar. Cuantas cosas faltan por hacer. Y cuantas anécdotas realmente risueñas quedan por compartir.
La propuesta es encontrarnos en siete días. Ahí les contaré cosas de Nueva Zelanda que no pude desarrollar en esta nota, y nuestra primera impresión de cuando llegamos a Sydney, Australia. Todo esto por supuesto si a usted le interesa. Nos encontramos entonces en una nueva entrega de Informe Uruguay. Hasta entonces.
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