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Año I - Nro. 31 - Uruguay, 20 de junio del 2003

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TESTIMONIO DE LOS MOAIS

Por: Walter Amaro - Sydney/Australia

Muchos de nuestros hermanos que arribaron a estas tierras llegaron en momentos muy particulares. Australia necesitaba poblar su territorio y, para nuestra suerte, su póliza de migraciones coincidía con una serie de condiciones ampliamente favorables para los sudamericanos. Luego las cosas irían cambiando paulatinamente, o mejor dicho, la política migratoria tuvo un giro insospechado y, hoy por hoy, solamente un milagro obraría el poder de abrir las puertas al flujo migratorio de nuestro país. El porqué es ya un poquito más difícil de explicar.

De todas formas los gobiernos que se alternaron en el poder esgrimieron las mismas teorías. Al decir popular, "siempre fue el mismo perro con diferente collar".
Por los años '70 inclusive se subvencionaba la llegada de emigrantes: pasaje, acomodación en albergues temporarios que incluían alimentación, servicio de salud gratuito, pago por desempleo, enseñanza del idioma inglés, servicio de traductores, etc.

Por aquellos tiempos, y con unas pocas chirolas en el bolsillo, nos lanzábamos a la aventura. Un avión de Aerolíneas Argentinas partía con algunos temerosos uruguayos que cruzamos el Plata con la intención navegar por más de 10.000 kilómetros al encuentro de una nueva vida y un nuevo continente. Hacíamos adiós a las luces montevideanas preguntándonos si algún otro día volveríamos a reencontrarnos con ese cachito de tierra con el cuál nos tratamos de ché vos con suma frecuencia. De Argentina a Chile, cambio de avión, y un viejo Boeing 737 fue el nuevo mensajero qué, cuando levantó su nariz buscando la Cordillera de los Andes, nos indicó claramente que ya no había arrepentimiento, los dados habían comenzado a rodar.

En la actualidad, simplemente el hecho de tratar de llegar como turista se convierte en toda una odisea. Especialmente si se viene de países como el nuestro, afectados por una severa crisis económica. Los planes de reunión familiar y tantos otros, que nos permitían acercar a nuestros familiares más directos sufrieron cambios radicales.
Quizás valga la expresión en este punto, recordar que los glotones, luego de haber saciado su gula, comienzan a separar en el plato lo que menos le gusta. Hoy hace falta hablar correcto inglés, por supuesto gozar de buena salud, tener una ocupación estratégica necesaria, etc. etc. Lo más descabellado del caso es que se fijan mucho en una buena situación económica. También influye si se tiene una familia numerosa, si somos jóvenes, si tenemos familiares en este país y bla bla bla. El puntaje requerido para ser aceptado como residente es tanto o más difícil que llegar a nado a estas costas.

Por suerte, nosotros habíamos superado todos los trámites. Resultó bastante molesto pasar por tantas entrevistas, papeleos y todo lo demás, pero nada fue tan degradante como la revisación médica de rutina, donde se debe tolerar que lo examinen hasta en las partes más íntimas. Eso había quedado atrás. Ante nosostros se descubría un puntito en el Pacífico qué, a medida que nos acercamos, resultó ser la Isla de Pascua (o Rapa Nui). Destino inmediato de Nueva Zelanda, desde donde luego llegaríamos a Australia.

La Isla de Pascua está situada en el océano Pacífico y es la más oriental de las islas polinesias siendo anexionada a Chile en 1888. Se encuentra a unos 3.791 kilómetros del continente americano y constituye una provincia de Vª Región (Valparaíso). La isla es de origen volcánico y una de las particularidades más características son justamente sus volcanes y sus enigmáticos moais.
Lo que más llama la atención en Isla de Pascua son los cientos de estatuas (moais) enormes diseminadas a lo largo de la geografía de la isla e incluso el cómo decenas de ellas han quedado sin terminar. Se dice que teóricamente la antigua sociedad rapa nui desarrolló complejas y variadas metodologías para la fabricación, transporte y colocación de los moais: grandes bloques de piedra volcánica que semejan a una cabeza y torso humano, con un promedio de 10 toneladas de peso, aunque la más grande, nombrada " El Gigante " tiene una altura de 21,60 metros y pesa aproximadamente 145 toneladas.

En aquel entonces no pudimos disfrutar de todo esto. Cada vez estábamos más lejos y más asustados y, sobre todo, estos colosos de piedra nos acercaban más a lo infinito, haciéndonos dudar entre lo real o lo irreal. Estar allí es como estar en contacto con civilizaciones desaparecidas imaginando voces y tratando de descubrir los tremendos misterios de la humanidad. Fue necesaria otra visita para dimensionar el encanto de aquella cultura.
Pero a todo esto nos apasionamos de tal forma que olvidamos nuestro objetivo.

Les decía que esto de los refugiados no es el único problema. El Ministro de Migraciones Philip Ruddock no es una figura muy popular a los ojos de la población y sus encuentros en el senado traen frecuentemente aparejado consigo, temas de discusión. A todo esto la política del gobierno de John Howard ha discriminado consecuentemente, a cuanto refugiado ha tratado de llegar a territorio continental por mar. Como se recordará, el incidente de los náufragos rescatados por el carguero "Tampa" ocupó la portada de los tabloides del mundo entero. Y, a todo esto, nuestro ministro de migraciones ni fu ni fa. Lo que se dice, tiene cara de madera. Por lo menos no se le ha visto sonreír desde que asumió la cartera. Inclusive se esgrimieron falsas fotografías de refugiados lanzándose al océano con sus hijos, haciéndonos creer que intentaban suicidarse si no se les permitía la entrada a territorio australiano. Con este acto, pintando de villanos a los refugiados, se logró confundir a la ciudadanía y les posibilitó ser reelectos por un nuevo período electoral.

Las tácticas y teorías aplicadas en cuanto a los refugiados son muy discutibles. Mientras los ilegales que llegan a nuestras costas son detenidos y hacinados en verdaderos campos de concentración a la espera de una resolución, los defensores de los derechos humanos ha recurrido incluso a la violencia para tratar de agilizar una salida al problema. Se cometió inclusive la imprudencia de liberar a los refugiados por asalto, ignorando las leyes federales, cosa que honestamente tampoco compartimos. Por otra parte se permite el ingreso de refugiados que no reúnen los más básicos requisitos, amparados en acuerdos que en la mayoría lleva un claro tinte comercial.

Esta semana el Parlamento vuelve a debatir el tema de los refugiados y la tremenda injusticia de tener detenidos a los niños junto con sus padres. Los menores están en centros de detención ubicados en casos en pleno desierto australiano, donde las altas temperaturas sobrepasan frecuentemente los 45 grados. Otros refugiados detenidos en aguas internacionales, han sido trasladados a islas de la Polinesia, en una estrategia diseñada por el gobierno para no reconocer su llegada a territorio continental y cambiar el estatus de los refugiados.

Que triste, ¿no cree? emplear las islas para fines tan perversos cuando todo allí respira pureza. Los moais, con los que todo el mundo posa en sus fotos turísticas cuando viaja hasta ese rinconcito del Pacífico, están un poco más alejado de estas otras, pero son parte de esta arquitectura monumental religiosa con la que los polinesios rindieron culto a sus ancestros. Cuando los primeros europeos llegaron a la isla (en 1772), los moais estaban en pie. Cincuenta años más tarde, estaban todos desmoronados. Seguimos tropezando con la misma piedra, ¿no le parece?