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Año I - Nro. 31 - Uruguay, 20 de junio del 2003

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El Rincón de los Recuerdos

EL MEDICO DE LA BARCA"PUIG"

No fue poca suerte la deparada a los deportados de la barca "Puig", cuando el gobierno motinero de 1875 designó como médico del mal rebautizado "Transporte de guerra nacional", al Dr. José Campana.
Gracias a este nombramiento los ciudadanos en camino a La Habana, llevaron consigo no sólo un facultativo capaz sino un hombre honrado y comprensivo, de ideas liberales, que no tardó en ser amigo de los presos políticos, convirtiéndose - puede decirse - en el deportado Nº16.
Antes de que los forzados viajeros hubiesen podido descubrir a su médico, mirado con desconfianza desde el primer día de marcha, el Dr. Campana ya tenía mostrado su fondo moral en una comunicación enviada al gobierno desde el puerto de Maldonado el 1º de marzo, tres días después de levantar anclas de Montevideo.
Bien se guardó el Ministro de Guerra, coronel Lorenzo Latorre, de dar publicidad al oficio del Dr. Campana, considerado en la época y con justa razón "como una de las piezas más importantes del proceso criminal a que debe sujetarse un día a los autores del grande atentado".
Porque, a raíz del motín de 1875, los ciudadanos honestos abrigaban la esperanza de que la hora de la justicia llegaría y que a la condenación sin levante de la historia tendrían que unirse más tarde o más temprano las penas que marca la ley a los que atentan contra la Constitución y las libertades de la República.
Era lo que imaginó el Dr. Julio Herrera y Obes respecto al dictador Latorre: aprehenderlo, ponerlo a disposición de la justicia ordinaria y hacer cumplir derechamente la sentencia de los jueces.Obedeció a tan saludable propósito - y esto lo oí yo de boca del mismo ilustre ciudadano - el haber seguido el hilo de los conspiradores del 11 de octubre.
Pero Latorre, desconfiadísimo como era, no se movió de Buenos Aires, contra lo que esperaban sus compañeros de complot.
La nota prealudida del Dr. Campana, que el ministerio mantuvo en reserva, empezaba así: "En mi calidad de médico de a bordo del buque nacional Puig que conduce a los deportados políticos y piquete que les sirve de custodia, es de mi deber, antes de tomar definitivamente el mar, hacer presente al Gobierno a cuyo servicio estoy que, por lo que veo y experimento en los días de navegación que llevamos hasta el punto, no me es posible dejar de augurar una travesía expuesta a muy serios desagrados y accidentes en las gentes que están bajo mi cuidado médico.......Me refiero Sr. Ministro, a las condiciones de higiene en que la estrechez y ninguna comodidad del buque coloca a sus habitantes, destinados a realizar en insuficiente y malsano espacio una travesía larga, durante la cual se han de cruzar latitudes más peligrosas, propensas al desarrollo de enfermedades epidémicas y esporádicas, peligrosas aún para buques que reúnen todas las condiciones higiénicas necesarias, pero muy especialmente en casos como este en que nos vemos colocados".
En el caso "poco improbable" de que se desarrollara cualquier enfermedad contagiosa, las condiciones anteriores darían al evento un carácter muy serio.
Los deportados mal acomodados, continuaba diciendo, al menos estaban bajo techo y al abrigo en días y noches de malos tiempos aunque no para un desdichado caso de enfermedades.
"Pero la tropa - transcribo al Dr.- viene en peores condiciones y no es posible subsanar su situación. Esta gente está condenada a pasar su vida a bordo arriba de cubierta o hacinados en condiciones tales, llegado un caso de mal tiempo, que no trepido en afirmarlo será de peligrosas consecuencias, no sólo para las gentes como las que forman la tropa, sino por influencia que cualquier enfermedad desenvuelta en ésta, tenga sobre los demás tripulantes y pasajeros de este buque".
El Dr. Campana, que propugnaba con éstas palabras por las comodidades y el bien generales,no tenía a bordo de la barca Puig ni camarote ni techo alguno bajo el cual abrigarse.
Sus compatriotas y sus amigos admirábanse de la tranquilidad no exenta de vaga satisfacción con que recibió la órden de tomar sitio en la sucia barca del catalán Juan Puig.
Emigrado al Río de la Plata después de la derrota de Mentana, era el Dr. Campana el año 75 médico de sanidad en la Capitanía de Puerto , y embarcó con los deportados antes que por deber de su cargo por fuerza de su temperamento íntimo.
De no mediar ésta última circunstancia no hubiera carecido de amistades e influencias - era muy amigo del coronel Gaudencio - para hacerse sustituír por otro facultativo auténtico o titulado.
Hablando del médico que les deparó el destino, uno de los deportados lo retrató en esta semblanza: "El sello de su carácter es una impaciencia febril que tiende a renovar, tanto como puede, los horizontes y las escenas en que se desenvuelve su prodigiosa actividad.
"Su imaginación inquieta no se detiene mucho tiempo en un objeto, pero bástale generalmente poco tiempo para darse cuenta de lo que reclamaría estudio y meditación a la generalidad de los hombres. Así nos explicamos su profesión científica en la que ha acreditado idoneidad y competencia, y a cuyos recursos han tenido que apelar casi todos los deportados, el coronel Courtin y muchos de los individuos de la guarnición y de la tripulación de la barca".
El viaje de la Puig le proporcionó ocación de correr aventuras romancescas y al mismo tiempo hacer bien: Eso bastaba al alturista médico garibaldino.
Los deportados demoraron en tratarlo una buena porción de días.
Campana, refugiado en un estrecho compartimiento de popa, "parecía un ave en su jaula".
Después de la comisión de Courtin le confió en Cabadelho aparecieron recién sus estimables calidades de hombre y de médico.
Juzgando por la constancia original que doy más abajo, copiada de los papeles del Ministerio de Guerra (mes de marzo de 1875. Archivo Gral de la Nación) el equipo sanitario del Dr. Campana debía ser poco abundante.
"A.A.Demarchi Hnos. y Cía $146.50. importe del botiquín de la corbeta oriental Puig, pedido por el cirujano mayor del Ejército Dr. D.Carlos Querencio, el 24 del ppdo. febrero"
En calidad de practicante llevaba a sus órdenes a José de la Rocha, andaluz con algunos estudios, que había prestado servicios en la armada española, y por esa época empleado en la sanidad portuaria.
Este José de la Rocha, hombre de excelente humor y guitarrero es el practicante D.José amablemente aludido por Agustín de Vedia en su clásico libro, aunque sin dar su apellido.
"Este importante funcionario tenía a su cargo -dice- la desinfección del buque, la que se verificaba dos veces a la semana. Armado de un balde de agua salada sobre la cual dejaba caer unas gotas de ácido fénico, penetraba en la bodega, y , sin respetar colchones ni almohadas, esparcía a manos llenas su líquido bienhechor!".
De la Rocha, chancero como buen andaluz, colaboró con los deportados en cierta broma a base de desinfectantes de que fue objeto la mujer de Juan Puig, aquella malhumorada Dña Agustina, que tanto había hecho por infernarles un poco más el maldito viaje.
El Dr. Campana había nacido en Italia, en Sabioncello, población del antiguo ducado de Ferrara, el 26 de julio de 1837, teniendo entonces 38 años cuando se embarcó para La Habana.
En la Universidad de Ferrara obtuvo sucesivamente los títulos de farmacéutico y médico. Alistado como voluntario a las órdenes de Garibaldi, hizo la campaña libertadora de los Cazadores de los Alpes, el año 1859.
En la expedición contra Rosina, trágicamente terminada en Mentana, también sirvió a las órdenes del Libertador, y distinguióse como oficial del 8º regimiento en la sangrienta jornada de Monte Rotondo. Campana se contó entre aquellos médicos y estudiantes de medicina que se negaban a ser tales por no salir de las filas de fuego y tener que ir a retaguardia a curar heridos, en lo más vigoroso del ataque, encarnizados como perros en forzar las posiciones enemigas.
Por tales servicios de armas llegó a tener el grado de teniente en el ejército de su país, y a ostentar en el pecho las condecoraciones italianas de la Independencia, y la francesa de la campaña de Italia. El año de 1869, el Dr. Campana arribó al Río de la Plata, y habiendo ejercido la carrera en Montevideo unos pocos meses, al año siguiente se trasladó a Rosario argentino.
Sin embargo, la corta permanencia en nuestra capital tuvo sobre su ánimo una influencia decisiva, y en 1872 retornó a la República, dónde sus relaciones lo acogieron de modo excelente, buscando que se pudiera arraigar en el país.
Obtuvo, merced a esos buenos oficios, un cargo de médico en la Capitanía de Puerto.
Tres años más tarde hizo la aventurada travesía de Montevideo a Charleston como médico de la barca Puig, y regresó de Norteamérica el mismo año de 1875, a tiempo para curar a los heridos gubernistas, destrozados por los fusiles Remington que los deportados habían comprado en Estados Unidos, y que emplearon luego en la Revolución Tricolor.
Se sabe el estrago que causó en las filas gubernistas la bala del Remington. En el combate de Perseverano, dónde los revolucionarios del bravo y caballeresco coronel Julio Arrué derrotaron a los batallones del coronel Gaudencio, el campo de la lucha- según un testigo presencial- quedó como arado.
La puntería un poco baja de los infantes de la Tricolor produjo en las extremidades inferiores de los pobres soldados - a la fuerza - del gobierno, impresionantes heridas, que aparejaban en notable porción de casos, la amputación y la muerte.
Luego de rendir buenos servicios a la Sociedad Filantrópica Masónica en días de epidemia, el Dr. Campana aparece de nuevo en el vecino país, acompañado del coronel Gaudencio en una etapa revolucionaria en Buenos Aires, en junio de 1880.
Gaudencio, antiguo compañero de los "candomberos del 75", corrido por Latorre, andaba metido en política en su provincia, pues como sabemos, Gaudencio era porteño.
Dueño un momento de cierta posición dominante, designó al Dr. Campana médico de la Comandancia Militar de la Boca del Riachuelo.............
Es la última y breve etapa del Dr. Campana movimentada de la existencia de nuestro médico. En 1880 el gobierno del Dr. Vidal extendió a su favor una patente de cónsul del Uruguay en Génova.
Allí permaneció el Dr. Campana un cuarto de siglo, casi día por día, viniendo a fallecer el 11 de marzo de 1905- decano del cuerpo consular- en una villa de Querto, frente a los gloriosos escollos de dónde había partido la expediciòn de los Mil.
Su adhesión y su amor a esta tierra que había querido como suya y dónde nació su único hijo, llamado Américo, lo demostró el Dr. Campana en toda ocasión en que fue preciso.
Inspirado por estos sentimientos, escribió un opúsculo "L´Uruguay, Appunti e note", dónde rebatía tendenciosas y equívocas afirmaciones hechas en Francia y publicó reiterados artículos de propaganda nacional en diarios y revistas.
Fue presidente de la Comisión Uruguaya de la Exposición Internacional de Génova en 1892.
El gobierno del general Tajes, en 1890, en mérito a sus servicios al país, designó al Dr. Campana teniente coronel honorario del ejército nacional, en el arma de infantería, dándole los correspondientes despachos.

José María Fernández Saldaña
Alvaro Kröger