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Año I - Nro. 32 - Uruguay, 27 de junio del 2003

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El Rincón de los Recuerdos

EL SECRETO DE LOS DEPORTADOS

Con dos pedazos de verdad que andaban por ahí, deshermanados, conseguí reconstruír, casualmente, este pequeño episodio curioso, acaecido en uno de los más sonados sucesos de nuestra historia.
Muy distantes de la cordialidad estuvieron las relaciones entre los desterrados y el coronel Ernesto Courtin, jefe del trensporte de guerra nacional "Puig", título pomposo que ostentó en el viaje el antiguo brick.
Courtin no era un hombre malo y los políticos confiados a su custodia - el mismo Agustín de Vedia lo confiesa en su libro - " no tuvieron, por lo general, motivos para sentirse personalmente agraviados por el trato del coronel Courtin".
Y luego añade:"Sea dicha la verdad en honor de ella misma.Entre los hombres capaces de hacerse cargo de una comisión tan inicua, era él quien menos recelos infundía a las víctimas de la barca Puig".
El coronel era un violento, cuyo genio ardía en bruscos arrebatos y entonces tronaba y amenazaba con escarmentar "al más pintado".
Los deportados, a su vez, hombres jóvenes casi todos y alguno de excelente humor, no desperdiciaban oportunidad de molestar a Courtin, con indirectas aluciones y lo que llamaríamos en argot corriente, "pequeñas butifarreadas".
Vedia dice en su "Historia de un atentado célebre". que Courtin - por ejemplo - estuvo enojadísimo "con motivo del sensible extravío de un monito que hacía las delicias del coronel".
No ignoraba el esclarecido redactor de "La Democracia", que lo del sensible extravío, eran meras palabras suyas.
Pero le constaba perfectamente al autor del libro,que el sensible extravío del monito, no había sido, para los deportados, ni sensible ni extravío.
Creo que lo compró en la escala de Cabadhelo, pero lo cierto es que el coronel aficionóse mucho al pequeño simio, mansito y gracioso, y por cuyo cuidado se preocupaba mucho.
Un día, fastidiados más de lo ordinario los deportados por alguna órden del coronel Courtin, que no les pareció ni justa ni adecuada, maquinaban en rueda sobre el modo de vengarse de él, mortificándolo.Alguien propuso emprenderla con el inocente mono y como los demás hallaron buena la idea, se acordó condenar a muerte al "tití" por unanimidad de votos.
Y para que la cosa resultara más, se convino que el ejecutor sería aquel de ellos que primero lo hallase a mano.
Como proposición complementaria y en medio de gran jarana, juraron todos, con el brazo extendido, eque ninguno,nunca y en ninguna circunstancia, revelaría el secreto de la ejecución.
Al que le tocara la suerte, ése cumpliría la cruel decisión, pero a nadie lo diría, ni nadie debía inquirir al respecto, ni directa ni indirectamente.
Dos días después, el mono desapareció de a bordo.
La furia de Courtin y el regocijo oculto de los deportados eran semejantes.
La sentencia estaba cumplida y en secreto, según el juramento.Concluyó el accidentado viaje, regresaron al país los compañeros de peregrinación, Carlos Gurméndez fue sacrificado, el mismo año peleando con la divisa tricolor en el kepí; Dupont falleció jóven en Salto, unos volvieron a los viejos partidos, haciéndose blancos o colorados, tal cual entró, con los años a servir a Santos; José Pedro Ramírez, presidió el Ministerio de la Conciliación; Fortunato Flores, Osvaldo Rodriguez y Cándido Robido, ascendieron a generales, Julio Herrera y Obes llegó a ser Presidente de la República.
Dispersados en diferentes campos de la política, al viento de la vida, el vínculo de la deportación a La Habana unió siempre a estos hombres.
Y cuando se tocaba el tema y se evocaban los episodios se solía preguntar sonriendo:
-¿Y del mono de Courtin, nunca llegaste a saber nada?
Con un sentimiento de orgullo, ante el honor con que se había conservado aquel juramento, hecho en broma, la respuesta era siempre la misma.
Ninguno había sido, ninguno tampoco sabía quien pudo haber hechado al agua al mono........
En los últimos tiempos, dos de los últimos sobrevivientes de los desterrados de la "Puig", el antepenúltimo y penúltimo, si no estoy equivocado, el coronel Ricardo Flores y el Dr. Aureliano Rodríguez Larreta, ambos viejos ya, comentaban aquel lejano sucedido y se admiraban del secreto conservado inviolable, entre 15 personas.
- De veras tú no fuiste, ni sabes quién pueda haber sido........
-De veras yo no fui, ni supe nunca quién fue.........
Flores y Rodriguez Larreta tomaron camino para el gran viaje, y después lo siguió Cándido Robidio, el último de los supervivientes del histórico atentado de 1875.
Con él debió irse el secreto del monito de Courtin........
Pero la otra mitad de la verdad andaba por su lado.
El secreto no existía ni existió nunca entre los deportados.
Cada uno, ante los ojos de los demás, era el depositario del misterio.
Pero, al fin, ninguno de ellos poseía tal secreto.
Cierta ocasión, a bordo del transporte "Río Branco", en amable rueda de oficiales de marina, estaba el malogrado amigo y compañero salteño Beleche y Carlos A. Olivieri, entre otros más, hablando del viaje a La Habana de la barca "Puig", de los que habían hecho la travesía, del teniente Ferreiro y del jóven entonces oficial Pedro Riva Zucchelli.
El comandante Carrasco Galeano se acordó de uno de los soldados que habían sido custodia de los deportados, y que todavía ambulaba por el puerto y la Comandancia de Marina, medio vago y dado a la bebida.......
-El me ha contado que una noche, enojado con Courtin no sé porqué causa, agarró un mono que Courtin mimaba mucho y lo mandó al agua.
Al otro día todos buscaban al monito, pero no hubo caso..........

Fácilmente nos explicamos de este modo que ninguno de los deportados diese, ni pudiera dar, razón del monito.............

José María Fernández Saldaña
Alvaro Kröger

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